Durante la década
pasada, Francia vivió una especie de enamoramiento con el cine de horror y el gore. Películas como El despertar del miedo (Aja, 2003), Cena con el diablo (Shapiron, 2006) y La frontera del miedo (Gens, 2007)
representan la créme de la créme de
la producción de dicha época. Mártires
llegó un poco tarde, pero lo que no se puede negar es que muchos críticos la
consideran la primera película de la Nueva Ola de Horror Francés —que no estoy
muy seguro de en qué consista, sinceramente— y que fue la primera película de
género en recibir una clasificación restrictiva para mayores de 18 años en el
País Galo. Sea simple publicidad o que a los censores de verdad les pareció muy
intensa, yo no estoy seguro de calificarla como buena o mala; lo único que me
queda claro es que es una película rara.
La cinta cuenta la historia de Lucie
(Mylène Jampanoï), quien siendo niña escapa de un edificio donde la tuvieron
secuestrada y la torturaron durante años. Quince años después, Lucie, en
compañía de su única amiga de la infancia y ahora algo así como pareja
sentimental, Anna (Morjana Alaoui), rastrea a sus captores y viaja hasta su
casa para vengarse. Luego de la masacre, Anna descubrirá que hay mucho más
detrás del secuestro y suplicio de Lucie de lo que parecía en un principio, y experimentará
de primera mano la más desquiciante y perversa serie de torturas jamás
concebida.
En la introducción a la edición sin censura
en DVD, Pascal Laugier, director de la película, dice que se odia a sí mismo
por haberla hecho; pero que al mismo tiempo se siente orgulloso de ella. Estoy
casi seguro de que lo dice sólo por llamar la atención, pero en un nivel más de
análisis, creo que el tipo tiene razón. Sí hay razones para odiar a quien hizo
esta película nihilista y depresiva, y no sólo por su mensaje, sino porque no
es tan buena. Y también hay razones para odiar la película en sí, pero también
tiene algunos logros bastante encomiables.
Por principio de cuentas está el hecho de
que es estúpida. Digo, empieza más o menos bien, como cualquier película de home invasion común y corriente. Luego
viene una vuelta de tuerca... y luego otra... después otra más y otra y otra...
y la trama da tantos giros y se vuelve tan rebuscada que cae en lo absurdo y
cuando la película apenas lleva poco menos de una hora, uno ya se está
preguntando si todo ese desmadre realmente lleva a algo.
Y lo peor es que en realidad no. Todo ese
desmadre no lleva a nada. El final es tan anticlimático y, a pesar del montón
de giros mareadores en la trama, tan predecible que uno no puede evitar
sentirse timado.
Sobre todo, está el asunto de la
revelación. Mientras veía la película de verdad sentí una poderosa curiosidad
por saber qué fin justificaba toda esa violencia. No me malinterpreten, siempre
he sido muy aficionado al gore; pero
hasta a mí me llega a aburrir una película que casi sólo se trata de ver cómo
torturan a una chava durante más de hora y media —además de las escenas
escatológicas, claro—, y cuando por fin van a revelar la clave de todo...
bueno, mejor no se los cuento. De todos modos, uno lo infiere.
Se trata de una película bastante
“visceral” en todo sentido. Desde que hay mucho grito (o jadeo o gruñido o
resuello) y poco contenido hasta que, literalmente, hay vísceras en pantalla...
bueno, no exactamente. Por cierto, esta cinta me trajo a la memoria una
pregunta que siempre me he hecho pero, puesto que mis conocimientos médicos son
prácticamente nulos y mis conocimientos anatómicos están más enfocados al arte,
nunca he podido responder: ¿Qué le pasa a una persona cuando la desuellan viva
en la vida real? Digo, porque mi idea es que moriría de una megainfección en
muy poco tiempo; pero la verdad no sé.
También me botó bastante la línea
argumental de la sociedad secreta. Digo, los giros de tuerca de la trama se
habían complicado hasta el punto de lo absurdo y uno ya hasta se hace de la
vista gorda con tal de enterarse bien del chisme; pero cuando de plano salió la
secta no pude sino pensar en la infumable La
masacre de Texas: La nueva generación (Henkel, 1994). ¡Válgame! Mártires comienza siendo una película
gore y termina siendo una cinta religiosa... como a la inversa de La Pasión de Cristo (Gibson, 2004).
Pero creo que lo que más me molestó de esta
cinta, más allá de que termina siendo una apología de la deshumanización y del
quebranto del espíritu, fue su actitud. ¡Es una película súper mamona! Se cree
mucho mejor de lo que en realidad es y no tiene reparos en restregárselo en la
cara al público. Parece que los realizadores de verdad creían que estaban
haciendo algo muy profundo cuando en realidad sólo estaban haciendo una pieza
medianona de torture porn... ¡Ah,
franceses!
Como sea, la cinta sí tiene un par de
puntos muy rescatables. El primero de ellos creo que es la fotografía. Sobre
todo, en la era en la que comenzaban a popularizarse el Blu-Ray y la Alta
Definición es raro ver una película tan bellamente fotografiada. Sí, a veces la
Alta Definición le da un poco al traste al maquillaje —sobre todo hace un
lustro, el maquillaje prostético y el HD no se mezclaban bien—; pero en general
la película se ve muy bien, tiene una fotografía bella y rica en claroscuros
que tiende hacia el expresionismo.
Precisamente, el siguiente acierto de la
película es el maquillaje. Hay un par de fallos en cuanto a que, de repente, la
sangre se ve demasiado aguada; pero el maquillaje durante toda la cinta es
bueno. De verdad uno cree que las marcas en los cuerpos de esas muchachas son
el resultado de una tortura constante y sistemática, y la ya mencionada escena
de la chica desollada es bastante impresionante. De hecho, me gustó esa escena
en particular. Creo que una gran fotografía y un maquillaje artísticamente
sorprendente se conjugan en esta escena para crear una experiencia estética
bastante interesante.
Pero no mucho más. No es una película para
todos, en realidad dudo que alguien que no esté familiarizado con el gore soporte más de la mitad y, aun así,
con una narrativa tan enredada y rebuscada, es difícil seguirla hasta el final.
Además, está el inconveniente de que, si uno de verdad es un fan del gore, entonces ya habrá visto mejores
películas del género que ésta. Aunque me gusta la forma en que ésta habla de la
culpa.
A
final de cuentas se reduce a una película rara con una pésima actitud pretenciosa
y un par de escenas impresionantes que se ve justo como debe verse: Como la
contrapropuesta europea y “de arte” al Hostal
de Eli Roth (2005). El mismo Pascal declaró en alguna entrevista que una de sus
principales influencias fue la película de Roth, pero que mientras aquélla
trataba sobre la tortura, él quería que la suya hablara sobre el dolor.
Por cierto, ¿alguien que haya visto esta
película puede decirme si las fotos de “mártires” que aparecen en el sótano de
la casa son reales?… Porque se ven bastante auténticas.
PARA LA TRIVIA: Desde 2008, Laugier comenzó las negociaciones
para la realización de un remake americano de la cinta que sería dirigido por
Daniel Stamm (El último exorcismo,
2010), escrito por Mark L. Smith (El renacido, 2015), producido por la gente detrás de Crepúsculo y protagonizado por Kristen Stewart. Después de un
prolongado estira y afloja, Stamm confirmó su salida del proyecto en 2014
debido al ínfimo presupuesto con el que querían que hiciera la película. Ésta
fue finalmente producida por dos pequeñas compañías independientes que
compraron el guión de rebote, se estrenó en febrero de 2015 y pasó sin pena ni
gloria por la cartelera estadounidense. De hecho, el tráiler del remake ostenta
la engañosa y poco dignificante frase “De un productor de El Conjuro y Annabelle”.
*Por favor, noten la utilización del soundtrack de La isla del Dr. Moreau (Frankenheimer, 1996) para musicalizar el trailer francés.
En
el momento de su estreno fue muy popular la nomenclatura T2: Judgment Day,
aunque su título oficial en inglés fue Terminator 2: Judgment Day
Las películas de Terminator
en realidad no se tratan sobre la raza
humana siendo asesinada por máquinas del futuro […] Son sobre nosotros perdiendo contacto con nuestra propia humanidad y
convirtiéndonos en máquinas. James Cameron
James Cameron, 1991
Nunca segundas partes fueron
buenas, dice el viejo adagio. Y por lo general es cierto. Pero también es
cierto que, si hubo un director en Hollywood que tenía un don para hacer
segundas partes, ése fue James Cameron. Es decir, en toda su carrera sólo filmó
tres secuelas ‒próximamente cuatro, con Avatar
2‒; por una (Pirañas 2[1981])
pidió que su nombre fuera retirado de los créditos y la otra (Aliens: El regreso [1986]) no era
secuela de una película suya... pero de que supo evolucionar el concepto, supo
hacerlo. De hecho, me atrevo a decir que junto con la citada Aliens... Terminator 2 es una de las diez mejores segundas partes que se
hayan filmado jamás.
Después de la recepción tibia tirándole a
pobre que tuvo El secreto del abismo
(1989), tanto por parte de la crítica como del público, Cameron se sentía algo
perdido y, aunque una segunda parte de El exterminador (1984) se estaba cocinando en su mente desde tiempo atrás y
Arnold Schwarzenegger insistía constantemente en que quería hacer una secuela,
eran más los obstáculos para que el proyecto se pusiera en marcha que las
razones para darle luz verde.
El
principal de ellos era que Jim Cameron no tenía los derechos de la primera
cinta a pesar de haberla producido. Éstos los había cedido a la compañía
productora Hemdale en 50% y el otro 50% era propiedad de Pacific Western
Company, la casa productora de Gale Anne Hurd, para ese entonces ya divorciada
de Cameron.[1]
Además, el cineasta había aprendido de la
forma difícil. Escribió el guión de Aliens…
tomando como eje el personaje de Ellen Ripley. Por desgracia, Sigourney Weaver
no estaba muy convencida de participar en la película, por lo que las
negociaciones con su agente se extendieron tanto que su participación se
confirmó de última hora poco antes de comenzar la producción.
En un giro del destino, Hemdale perdió
grandes cantidades de dinero, por lo que se vio obligada a vender los derechos
de Terminator. William Wisher, amigo
de Cameron y quien se dedicaba a mejorar sus guiones, se embarcó en arduas
negociaciones hasta que por fin consiguió comprarle su parte de los derechos a
Hurd. Ella puso como condición para vender que se le diera crédito como
productora ejecutiva en la secuela, aun cuando no se involucró en ningún
momento del proceso. La compañía productora Carolco, gracias a la gestión de
Wisher, ahora poseía los derechos de Terminator.
Una de las primeras ideas que planteó Cameron
para una posible secuela fue la de dos Terminators, uno bueno y uno malo, pero
que uno de ellos fuera mujer. La idea se rechazó por considerarla ridícula y
más apropiada para una parodia. Otra idea fue la de tener dos Terminators, uno
bueno y uno malo, ambos interpretados Arnold Shwarzenegger, pero fue descartada
por la poca disposición del actor a permanecer demasiado tiempo en la silla de
maquillaje. Una tercera propuesta era la de una película ambientada
completamente en la guerra contra las máquinas en el año 2029; pero que fue
abandonada debido a los inmensos costos de producción.[2] Finalmente, el director
canadiense retomó la idea de los Terminators malo y bueno, y la desarrolló en
una dirección diferente. Me llama la atención que las ideas rechazadas para
esta secuela terminaron convirtiéndose en Terminator
3: La rebelión de las máquinas (Mostow, 2003) y Terminator: La salvación (McG, 2009)... y eso es un poco triste
desde cierto punto de vista.
La historia como finalmente quedó toma
lugar once años después de la primera parte ‒o sea que estaría ubicada en
1995‒. John Connor (el debut en pantalla de Edward Furlong) es ya un
preadolescente y vive con padres adoptivos después de que Sarah Connor (regresa
Linda Hamilton) es recluida en una institución mental. John lleva una
despreocupada vida de delincuencia juvenil y fraudes cibernéticos cuando
comienza a ser perseguido por un Terminator enviado desde el futuro para
asesinarlo. Sin embargo, este Terminator es un nuevo modelo denominado T-1000
(Robert Patrick), que tiene la habilidad de cambiar de forma. Con lo que no
cuenta el T-1000 es con que el John Connor del año 2029 (Michael Edwards) enviaría
a 1995 un Terminator modelo T-101 (regresa Arnold Schwarzenegger) reprogramado
con la misión específica de proteger al John Connor niño. Después de un
arriesgado rescate del hospital psiquiátrico, Sarah Connor recibe información
que podría evitar que SkyNet, el sistema militar autoconsciente que intentará
extinguir a la humanidad el 29 de agosto de 1997 dando inicio al dominio de las
máquinas, lance su ataque nuclear. Sarah debe matar al creador de SkyNet, Miles
Dyson (Joe Morton), quien desarrolló el sistema basándose en tecnología
recuperada del Terminator destruido en 1984.
Cameron sabe cómo hacer secuelas. Entiende
cómo expandir universos y cómo desarrollar conceptos ya establecidos. Y, sobre
todo en esta película, se nota que la filosofía con la que filma sus películas
es la de “Más grande es mejor”. Por eso me gusta llamar a esta cinta “el Leviatán
de las películas de acción”. Es poco probable que antes de ella se hubiera
hecho una cinta tan grande... antes o después de ella. No pensemos en números o
en presupuestos, sino en cómo se invirtió el dinero.
Quizá después de Lucasfilm, Carolco, la
compañía que produjo hitazos de taquilla como las primeras dos cintas de
Terminator, las primeras tres de Rambo o Vengador
del futuro (Verhoeven, 1990), sea la casa productora independiente más
exitosa de todos los tiempos. Logró posicionar tantas franquicias exitosas en
tan sólo una década... antes de irse a la bancarrota debido a los mayúsculos
fracasos de Showgirls (Verhoeven,
1995) y La pirata (Harlin, 1995).
Para dar una idea de lo que fue este
proyecto, puedo mencionar que la producción, iniciada en julio de 1990, desvió
el cauce del río que pasa por el acueducto de Los Ángeles, estrelló un
helicóptero de verdad contra un camión en vivo frente a cámara, construyó un
set dentro de una fundidora de acero, hizo explotar un edificio de cuatro pisos
de verdad ‒el edificio conseguido para la filmación sólo tenía dos pisos de
alto, así que los productores mandaron construir otros dos‒ ¡y contrató a cinco
compañías, dos de ellas ganadoras de Óscares, y artistas freelance diferentes para que hicieran los efectos especiales![3] Piénsenlo, ya no se hacen
películas así, es una locura. Ahora lo harían todo en CGI.
Apenas inicia la cinta, nos asalta un
espectáculo de efectos especiales tan magnífico como jamás antes se había
creado. El prólogo de la guerra en el futuro fue la magistral combinación de
escenas de acción en vivo con secuencias de modelos creados por la compañía
Fantasy II, con un ejército de endoesqueletos que avanzaban amenazadoramente
gracias a la magia de la animación Stop-Motion de Peter Kleinow con los
endoesqueletos de tamaño natural creados por el Zeus de los animatrónicos, el
maestro Stan Winston... Y eso sólo para el prólogo, ni siquiera han pasado tres
minutos de película.
Quizás hayan envejecido un poco, pero mención
aparte merecen los efectos digitales creados por Industrial Light & Magic,
la otrora compañía de George Lucas. Y sí, actualmente estos efectos digitales
podrán parecernos burdos o acartonados, e incluso algunos de ellos pueden
hacerse con un teléfono celular sin demasiada complicación; pero en aquella
época nos quitaron el aliento. Dennis Muren, director de efectos especiales de
la cinta, pudo ver su potencial y atinadamente augurar el reemplazo de los
efectos tradicionales por la animación digital.
Claro que también se usaron técnicas mucho más sencillas como usar a la
hermana melliza de Linda Hamilton en la escena en la que es duplicada por el
T-1000.
Por
supuesto, el personaje que recordamos como el epítome de los efectos especiales
digitales de la película es el malvado T-1000. Si bien la idea de que el
Terminator cambiara de forma estaba en la mente de Cameron desde que filmó la
primera película, la tecnología para crear a un personaje tal no existía aún.
Sin embargo, después del trabajo de efectos digitales realizado en El secreto del abismo, el cineasta se
animó a seguir experimentando con la animación digital.
Cameron
conversó sobre su idea con Winston y, después de que terminó de contarle lo que
sería la anécdota de la película, el maestro de los efectos especiales le
comentó que se sentía inseguro sobre este personaje de metal líquido. Winston observó
que el canadiense le había platicado que el T-1000 se convertía en esto y en
aquello, pero que no tenía una “forma neutral” que uno pudiera identificar como
“el villano”. Cameron se fue a su casa y a media noche llamó por teléfono a
Winston gritando: “¡Lo tengo! ¡Es un policía!”[4]
Originalmente se contempló a Billy Idol
para interpretar al personaje; sin embargo, la elección final fue Robert
Patrick. El director quería jugar con los elementos planteados en la primera
película y por eso escogió a un actor que físicamente se pareciera a Michael
Biehn. Además, quería que fuera poco conocido, que se viera como una persona
común y corriente, pero que aun así se notara que no es uno de nosotros. Así,
este Terminator sería aún más imparable que el primero, y su físico heroico y
su uniforme de agente de la Ley lo harían mucho más peligroso. Por no mencionar
que está hecho de lo que Cameron llamó “polialeación mimética” que le da la
habilidad de tomar la forma de prácticamente cualquier persona y convertir sus
miembros en armas punzocortantes. Lo que me lleva a preguntar... ¿Cómo pudo el
T-1000 viajar por el tiempo usando el Generador de Campo Intrínseco, si en la
primera película plantean que sólo podía transportar materia orgánica?
Recuerdo que desde niño la idea del T-1000
me pareció un tanto absurda. Quiero decir, en pantalla se ve genial, es un buen
villano y la película está tan bien hecha que lo mantiene a uno inmerso en su
historia durante las dos horas y diez minutos que dura; pero ¿cómo harían para
meter los componentes electrónicos o semiconductores o lo que fuera en un
cuerpo de metal líquido? Eso o yo soy más bien corto de visión y James Cameron
estaba prediciendo la nanotecnología, que finalmente fue la forma como
resolvieron el asunto del Terminator metamorfo en Terminator: Génesis (Taylor, 2015).
Aunque la idea general sobre esta cinta es
que fue uno de los parteaguas de los efectos digitales y, de hecho, para ella
se utilizaron técnicas de lo que después se convertiría en el Motion Capture, la realidad es que éstos conforman
apenas un pequeño porcentaje de las escenas de efectos la película ‒43 tomas
digitales contra las 300 en las que se utilizaron efectos físicos‒. Dice Stan
Winston: “Todos los que ven Terminator 2 ahora
creen que fue hecha toda con CG... Y eso está bien por mí, mientras vean la
película y la disfruten. Pero casi todas esas tomas del Hombre de Metal Líquido
fueron hechas usando nuestros títeres. Creamos 300 efectos separados para Terminator 2.”[5]
Temprano en el desarrollo del proyecto se
llegó a una determinación: Sólo los efectos de los impactos de bala cerrándose
en el T-1000 serían digitales. El resto se haría con animatrónicos y maquillaje
prostético, pues Cameron quería hacer la mayor cantidad posible de efectos en
vivo frente a cámara. Así, ésta sería la primera película en la que se
emplearan efectos físicos y digitales de manera conjunta logrando un resultado
que fuera convincente en pantalla ‒y como tal, representa el antecedente
directo de Parque Jurásico(Spielberg, 1993), película en que ILM y SWS unirían fuerzas nuevamente‒. La
cantidad de trabajo para el Stan Winston Studio fue tal que tuvo que contratar
personal extra.
En la primera película, la mayor dificultad
que el equipo de Winston había tenido que superar fue la de construir y
manipular al endoesqueleto del T-800 de tamaño natural que, al estar fabricado
en plástico debía tener un armazón interno de varillas de acero que lo hacían
muy pesado. Además, puesto que el acabado cromado se aplicó por electrólisis,
se caía y se raspaba fácilmente. Para esta segunda película, los artistas de
efectos especiales crearon cuatro endoesqueletos, dos totalmente articulados y
dos fijos, fabricados en cromo con una técnica de moldeado al vacío a partir
del molde original de 1983. Los endoesqueletos finales fueron mucho más
livianos y duraderos que el original[6], por lo que eso no sería
problema en esta producción. El reto sería todo lo demás.
Por cierto, me parece curioso que el robot
que aparece al inicio de la cinta sea, de hecho, interpretado por un robot.
No sólo se diseñaron ingeniosos prostéticos
de maquillaje hechos de espuma de látex vacumetalizada[7] y activados por resortes
para crear los efectos de disparos en el cuerpo de Patrick; sino que el Stan
Winston Studio creó varios puppets de tamaño real como el legendario “Cabeza de
Dona” ‒el T-1000 recibe un disparo en el lado derecho de la cara que le deja un
agujero de lado a lado‒ y el famoso “Hombre Pretzel” ‒una granada explota en el
interior del T-1000 lo que lo deja doblado y retorcido sobre sí mismo‒. Ambos
efectos fueron conseguidos gracias a animatrónicos del SWS; pero se ven tan
reales que el público rara vez los nota y cree que se trata de tomas del actor
modificadas de manera digital. Por cierto, los brazos del T-1000 convertidos en
ganchos y cuchillas en su mayoría eran también prostéticos fabricados en fibra
de vidrio o plástico ABS.
Al respecto de “Cabeza de Dona”, Stan
Winston dice: “Nadie se da cuenta de que es un puppet […]. Todos asumen que
realmente era Robert Patrick y que el hoyo en su cabeza fue hecho con CG. Pero
ése fue un puppet que construimos. Se voltea y mira directo a la cámara.”[8]
Asimismo, el equipo de Winston construyó un
puppet de tamaño real de Arnold Schwarzenegger para la escena del asalto a
CyberDyne. ¿Recuerdan esa toma cuando el equipo de SWAT abre fuego contra el
T-101 y éste camina hacia ellos como si nada? Bueno, pues en esa escena el
Terminator no es interpretado por el fisicoculturista austriaco, sino por su
doble de espuma de látex.
Del mismo modo, el equipo tuvo la tarea de
crear un maquillaje prostético que mostrara diferentes grados de deterioro en
el Terminator a medida que éste iba sufriendo daño. En total, Arnold pasó seis
días enteros en la silla de maquillaje en sesiones que iban desde las dos y
media hasta las cuatro horas.
Quizá una de las escenas más impactantes de
la película es la secuencia en la que Sarah Connor sueña con el Día del Juicio.
En ella, la ola expansiva del ataque nuclear arrasa con un campo en el que
juegan niños ‒según lo declaró Stan Winston en una entrevista, ésta ha sido la
única secuencia en toda su carrera que le ha resultado perturbador filmar[9]‒ para después calcinar a
Sarah.
Esta
secuencia se logró utilizando tres puppets diferentes. Primero, se escaneó con
un scanner 3D a Linda Hamilton haciendo mueca de terror. El scan fue tallado
por una computadora en espuma de poliuretano. Esta primera escultura fue la
base para las esculturas de los artistas del SWS. De estas esculturas se
fabricaron 3 puppets. El primero era un puppet cuyos brazos eran operados por
cables, el cuello era flexible para que pudiera sacudirse y su mandíbula estaba
articulada para abrirse en un grito. El segundo puppet era una versión ya
calcinada de Connor y tenía un mecanismo interior que le permitía sacudir el
cuello más violentamente, estaba embarrado de rubber cement y se le prendió fuego. Finalmente, los artistas del
SWS se las ingeniaron para sacar una figura de papel maché del molde de Linda
Hamilton, colocar en su interior un esqueleto de plástico para demostraciones
médicas, y rellenarla con servilletas negras y grises picadas; frente a cámara,
la figura, precortada, se hizo estallar con morteros de aire[10]. Todo esto se combinó con
tomas de las maquetas creadas por 4-Ward Studios siendo arrasadas por la ola
expansiva nuclear. Gracias a una hábil edición, el resultado final en pantalla
es una de las secuencias más impresionantes en la historia del cine de Ciencia
Ficción.
Hablando de Sarah Connor, creo que la
evolución de su personaje es una de las más interesantes en una secuela. Si
bien Connor nunca fue una “damisela en peligro” como tal, su personaje sí era
un poco más pasivo y mucho más inocente en la primera parte. Cómo esta mesera
de cafetería se convierte en una feroz guerrillera es un proceso que no vemos
en pantalla; pero que dejó secuelas devastadoras en Sarah. En este sentido, se pueden notar
características similares en los personajes de Sarah Connor en esta cinta y de
Ellen Ripley en Aliens: El regreso.
La propuesta de que Sarah Connor estuviera perturbada psicológicamente fue de
Linda Hamilton, quien de hecho la puso como condición para regresar a
interpretar al personaje[11].
En la película, Cameron decidió jugar con
la ambigüedad sobre si Sarah Connor estaba o no loca. Es decir, el público
sabía que el Terminator que la atacó en 1984 era real; pero ¿qué secuelas
habría dejado en ella dicha experiencia? ¿Habrían sido suficientes como para
hacerle perder la razón? Según el mismo James Cameron, en esta película Sarah
se convierte ella misma en un Terminator. Y, personalmente, opino que sí está
bastante trastornada.
El director sintió que se adentraba en un
terreno peligroso moralmente cuando el personaje que en su película anterior
era un asesino a sangre fría en ésta se convertía en héroe. Quizá sintió lo
mismo de que la heroína de la cinta anterior en la secuela se convirtiera
prácticamente en una sociópata y de que el villano fuera un policía. Cameron entendió
entonces que, para que la cinta no pareciera una alabanza a la violencia, la
clave era el niño.
“¿Cómo era Julio César cuando tenía trece
años?”[12] Fue la pregunta
detonadora que llevó al cineasta a desarrollar al personaje de John. Para el
papel, el director canadiense quería a un actor desconocido y que no se viera
como un “típico niño de película” de Hollywood. Justo cuando estaban por darse
por vencidos y castear a algún chavito tipo New Kids on the Block, la
producción encontró a Edward Furlong. Coincidencias de la vida, al igual que su
personaje en pantalla, Furlong nunca conoció a su padre y no vivía con su
madre. De hecho, Furlong y Arnold
desarrollaron una profunda amistad en el set de filmación, pasando casi todos
sus ratos libres juntos. Supongo que el muchacho encontraba en Arnold una
especie de figura paterna.
Al igual que todos los miembros del elenco,
Furlong fue entrenado en el manejo de armas ‒según la anécdota, Linda Hamilton
tenía un talento natural para ello, lo cual hizo a su personaje aún más
creíble‒; pero también recibió entrenamiento físico, clases de motocross y de
actuación ‒sí, de verdad, lo juro‒. Tanto Cameron como los productores tenían
cierta incomodidad en mostrar en pantalla a este púber utilizando armas con
tanta naturalidad. La solución a esta inquietud fue la actitud del personaje.
John Connor utiliza las armas, pero ni lo disfruta ni lo desprecia; simplemente
comprende que son herramientas y las usa como tales.
Y hablando del manejo de armas, ¿recuerdan
la secuencia en el acueducto de Los Angeles en la que el T-101 dispara una escopeta
Smith & Wesson y la recarga sólo con un giro de la muñeca? Bueno, pues
también ése fue un truco que aprendió a hacer Arnold y lo ejecuta en vivo
frente a la cámara. Digo, supongo que una escopeta de verdad debe ser mucho más
pesada porque los cartuchos pesan más que las salvas, pero recuerdo que todos
nos burlábamos de esa escena y resultó que el actor realizó la acción de verdad
sin ayuda de efectos especiales ni trucos de cámara.
Al día de hoy los stunts de la película
siguen luciendo muy bien... digo, ya sabemos que las leyes de la Física no
aplican en las películas, así que qué más da. Lo que vemos en pantalla es el
resultado de una planeación tan meticulosa y metódica como cabría esperar de
James Cameron. Las persecuciones de autos se planearon dibujando carreteras
sobre pliegos de papel que se colocaban en el piso y sobre los cuales Cameron y
sus asistentes se ponían a rodar Hot Wheels mientras todo era grabado con una
mini-cámara de video del tamaño de un bolígrafo que era la punta de la tecnología
en 1991. De este mismo modo se planificaron las escenas de la fundidora de
acero y del asalto a CyberDyne, de cuyos sets Cameron mandó construir complejas
e impresionantes maquetas para grabar en video los planos que quería en la
película final.
Mención aparte merecen las acrobacias
realizadas por el piloto veterano Chuck Tamburro, quien piloteó el helicóptero
que persigue al camión en el que viajan los Connor a través de una autopista...
¡Y pasa por debajo de un puente! De hecho, esta toma no estaba planeada
originalmente, pero fue propuesta de Tamburro[13] y en la película final se
ve increíble.
¡Ah! La escena en la que choca el camión
cisterna lleno de nitrógeno líquido. Haciendo la concesión de que realmente
haya camiones cargados de nitrógeno líquido circulando por las autopistas
‒¡Bah! De seguro los hay, el material tiene muchas aplicaciones industriales‒
¡Qué escena! Fue conseguida remolcando un camión real sobre el cual hizo
acrobacias el doble de riesgo Peter Kent para los planos generales y el propio
Schwarzenegger para tomas más cerradas. El camión que choca y desparrama su
contenido era un modelo a escala que, de hecho, fue llenado con nitrógeno
líquido de verdad[14]. Uno entiende por qué la
prensa de la época criticaba esta producción por sus excesos.
El clímax en la fundidora de acero es una
de mis partes favoritas de todas las películas que he visto. No sólo el set
está bien decorado y se ve padre con todas esas chispitas volando por ahí y
cadenas colgando del techo; sino que en sí mismo es una analogía del
enfrentamiento que está sucediendo. La secuencia está iluminada en dos colores,
azul y naranja, que se pueden corresponder con el T-101 y el T-1000, respectivamente. De hecho, ¿han notado que las películas de James Cameron son casi siempre azules? Del mismo modo, podemos percibir el contraste entre el frío metal sólido del
que están hechos el piso y las paredes de la planta con el cálido y fulgurante
acero fundido ‒que fue creado espesando agua con fécula de maíz e iluminándola
desde abajo, en realidad la temperatura dentro del set de la fundidora era de
alrededor de 5°C‒. La idea de toda la confrontación, creo, es que el T-101 es
obsoleto, pero triunfa por ser más “humano”.
Muchas veces me pasa que recuerdo que una
película era genial en mi infancia, pero cuando la vuelvo a ver me doy cuenta
de que no es tan buena o de plano es pura basura ‒Todos los perros van al Cielo (Bluth y Oldman, 1989), Día de la Independencia (Emmerich, 1996)
y Sonja, la guerrera (Fleischer,
1985), las estoy viendo a ustedes... ya les dije que era niño, ¿no?‒ Pero no
con Terminator 2. A 25 años de su
estreno, la película se sigue manteniendo en pie con toda su fuerza e incluso
se ve mejor que muchas películas actuales de acción.
Los efectos digitales han envejecido un
tanto, no así los efectos de maquillaje. Lo que sí bota de inmediato son las
“actuaciones” de Schwarzenegger y Furlong. Según James Cameron, estaba
perfectamente consciente de la inexperiencia de Furlong y trató de compensarla
con su carisma en pantalla... y creo que lo logra; quiero decir, uno sí se
interesa por el chavito y lo que le pase, y quiere verlo salir victorioso al
final a pesar de su voz de uñas arañando una pizarra ‒de hecho, la producción
se alargó demasiado y tuvo problemas al intentar filmar tomas adicionales de
Furlong, quien había crecido ya un par de centímetros y le había cambiado la
voz‒. En el caso de Arnold, el tipo aún actúa como máquina, siguiendo con la
premisa de la primera cinta. La película la sostienen entre Linda Hamilton y
Robert Patrick, cuyas actuaciones son increíbles. Sobre todo, me impresiona
Patrick, que es escalofriante con los dos o tres parlamentos que dice en toda
la cinta.
Aun cuando Schwarzenegger refiere que
Cameron era un director mucho más enfocado en la actuación en 1991 que en 1984[15]; se nota que lo suyo no
es la dirección de actores. De otro modo, me parece que hubiera logrado una
actuación más uniforme entre todos los miembros del elenco.
¡Cómo no hablar del soundtrack! La
partitura original nuevamente estuvo a cargo de Brad Fiedel, quien logra crear
una atmósfera rica con sonidos metálicos e industriales que inmediatamente nos
sumergen en el mood de Ciencia
Ficción... que es un poco escalofriante. Y claro, está la inclusión del tema Bad to the Bone de George Thorogood and
the Destroyers, sólo porque hace que el Terminator se vea más malote y, por
supuesto, el tema original You Could Be
Mine, compuesto e interpretado por Guns n’ Roses... ¿Recuerdan el videoclip
de esa canción, con Terminator entrando a un toquín de Guns n’ Roses y que
decide no matar a Axl Rose porque es un desperdicio de municiones? Ya dije que
la película es de 1991, ¿verdad?
El teaser de Terminator 2: Judgment Day fue producido por James Cameron con
dinero de su bolsillo y contó con la participación de Stan Winston. En él se ve
al endoesqueleto del Terminator siendo recubierto de músculos y piel en una
especie de prensa. También se aclara que el endoesqueleto es un Terminator de
la serie T-800 y la piel de Schwarzenegger específicamente es el modelo T-101.
Ni un segundo del teaser apareció finalmente en la película, pero fue integrado
casi en su totalidad en el videoclip de You
Could Be Mine. ¿Recuerdan que en 1998 había gente que entraba a las
funciones del cine sólo a ver el teaser de Star Wars Episodio I: La amenaza fantasma (Lucas, 1999)? Bueno, pues lo mismo
pasaba con el teaser de Terminator 2...
¡Changos! Los 90 fueron una década extraña… y algo triste.
La producción fue tan grande que Cameron se
atrasó casi un mes en sus fechas de entrega. Los ejecutivos de Carolco estaban
tan preocupados por el proyecto que estuvieron a punto de cancelarlo. Y lo
habrían hecho si Arnold no hubiera mediado entre el director y el estudio
ofreciéndose incluso aportar un millón de dólares de su propio bolsillo para
que Cameron pudiera terminar la película. Finalmente, Terminator 2: El juicio final costó 88 millones de dólares ‒sólo
para hacer la comparación con otras dos películas caras y taquilleras de la
época, Parque Jurásico costó 65MDD y Día de la Independencia, 60‒, muchas
escenas tuvieron que ser filmadas de manera simultánea y tres editores
diferentes trabajaron codo a codo para reducir el corte duro de cuatro horas en
la cinta de dos horas y diez que conocemos actualmente.
De hecho, los primeros quince minutos de
película sucedían en la guerra de 2029; pero toda esa línea argumental tuvo que
ser eliminada en aras de reducir la duración de la cinta.
La
verdad es que todavía me emociona esta película y no recordaba que me gustaba
tanto hasta ahora que volví a verla. Casi me dan ganas de llamarla la película
más grande de la historia… ¡Hey, tranquilos, fans de Cleopatra (Mankiewicz, 1963) ‒sí, los dos‒! Por eso dije “casi” y
las malas actuaciones sí le restan muchos puntos. Quizá no sea la más grande de
la historia, pero sí tiene un lugar VIP en el Olimpo del Cine. Ni Arnold
Schwarzenegger ni James Cameron volverían jamás a ser tan grandes como lo
fueron con esta cinta ‒Titanic (1997)
no cuenta porque tuvo que ceder mucho control creativo sobre ella‒. Y es tan
grande y tan fuerte que por eso todas las secuelas y spin-offs que se han hecho
de la serie han resultado ridículos (Terminator
3: La rebelión de las máquinas),
aburridos (Terminator: La salvación),
ilógicos (Terminator: The Sarah Connor
Chronicles [2008-2009]) o tan rebuscados que caen en lo absurdo (Terminator: Génesis). En el Making Of de
esta película la llaman “la conclusión de la saga de Terminator” y por una
buena razón: el argumento de verdad se agota con el final de esta cinta y es
tan majestuosa que ninguna secuela pudo superarla nunca.
Incluso el final tuvo que ser modificado.
Originalmente, Cameron había filmado un “final feliz” en el que se ve a Sarah
Connor anciana jugando con sus nietos en un parque en compañía de John. Cuando el
director hizo la proyección de prueba para los ejecutivos de Carolco, todos
ellos coincidieron en que este final cerraba demasiado bien el argumento y que
debía quitarlo. Y creo que Cameron hizo bien en hacerles caso. El final cursi
fue sustituido por el final “abierto” en el que sólo se escucha la voz en off
de Sarah Connor, haciéndonos pensar que su enfrentamiento con el T-1000 fue
sólo el principio de una guerra mucho más grande.
PARA
LA TRIVIA: Las primeras animaciones digitales del T-1000 no
funcionaban. Los animadores no podían extender o transformar los miembros del
Terminator sin que las articulaciones se separasen en polígonos (supongo que se
habrán visto como un personaje de Nintendo 64). El animador John Knoll le pidió
ayuda a su hermano programador Thomas, quien ni siquiera trabajaba en ILM.
Thomas había creado años antes un software de edición de imagen llamado
Display, que le vendió a Adobe Systems y, con sugerencias hechas por John, lo
modificó y lo utilizó para digitalmente retocar los fotogramas de la animación
del T-1000 uno por uno. El software modificado por Thomas se convertiría en la
primera versión de PhotoShop.
[1]
NATHAN, Ian, Terminator Vault: The
Complete Story Behind the Making of Terminator and Terminator 2: Judgment Day, Voyager Press, USA, 2013.
[7] La
vacumetalización es un proceso industrial que consiste en ingresar un objeto en
una cámara de vacío dentro de la cual se subliman metales (siendo los más
utilizados el aluminio y el cromo) cuyas partículas se adhieren a la superficie
de dicho objeto. Fuente: www.muellercorp.com
Debo empezar esta
crítica diciendo que sólo fui fan de los superhéroes cuando muy niño. Nunca fui
muy afecto a ellos y prefería otro tipo de cómics; incluso en cómics de
superhéroes, siempre preferí cosas más alternativas ¿Qué puedo decir? Fui púber
en los 90, crecí con los comics de Image. Aun así, siempre he sentido cierta
predilección por Batman, supongo que tiene que ver con que no tiene
superpoderes, jaja. Y siempre me cayó mal Superman… siempre tan buenito y con
su peinado de ñoño… Creo que los únicos cómics que llegué a comprar de Superman
fueron La Muerte de Superman
(obviamente) y Superman vs Aliens
‒porque salían aliens, por cierto, creo que es el primer cómic publicado en
México donde aparecen los xenomorfos‒ y ya. Además, las películas crossover de
fulanito contra sultanito siempre me han dejado hondas decepciones, así que no
esperaba mucho de esta cinta y la vi con ojos más o menos inocentes porque no
estoy muy enterado de la mitología de Superman.
También he de aclarar que no vi El hombre de acero (Snyder, 2013) ... y
que hubiera sido amable que alguien mencionara que Batman v Superman guarda continuidad con dicha cinta, porque los
primeros veinte minutos de película me sentí perdido. Vi Superman regresa (Singer, 2013), pero ésa ya no cuenta… y qué
bueno, porque me dormí.
¡Ah! Y por cierto, todo este artículo tiene
spoilers.
Aclarado lo anterior, pasemos al argumento.
¿De qué se trata Batman v Superman?
Bien, pues ahí tienen que en las últimas misiones en las que se ha involucrado
Superman (Henry Cavill) sus acciones han resultado en terribles daños
colaterales que llevan al público a preguntarse si el Último Hijo de Krypton representa
un riesgo para la seguridad. Entre este público, particularmente el
multimillonario Bruce Wayne (Ben Affleck), SPOILER
que es la identidad secreta del vigilante conocido como Batman TERMINA SPOILER determina que debe
acabar con Superman. Para lograrlo, decide robar el más grande fragmento de
kryptonita, recuperado por el otro multimillonario, sólo que éste malvado, Lex
Luthor (Jesse Eisenberg). Sin embargo, a media confrontación son Superman, el
Caballero Oscuro desiste y une fuerzas con éste para enfrentar a un enemigo
mucho más peligroso, creado a partir del cadáver del general Zod: Doomsday.
Bien, pues mucho revuelo se ha armado
alrededor de esta película. Hay quienes la llaman la mejor película de
superhéroes de la historia, mientras que por otro lado hay quienes la acusan de
ser la peor. Creo que ambas posturas tienen razón en que sirven para hacerle
mayor publicidad a la peli; peo estoy en desacuerdo con las dos. La película
tiene muchos fallos, sí; pero también muchos aciertos. A continuación, repasaré
cada uno de ellos.
En los aciertos puedo mencionar el
desarrollo de los personajes. Siempre me han gustado las películas de
personajes y aquí agradezco que Snyder se haya tomado el tiempo para
desarrollar la psicología de los contendientes antes de aventarlos al ring...
aunque, quizá de pronto puede llegar a ser demasiado. Es decir, sí está padre
que nos enteremos de que los gladiadores son humanos ‒bueno, Superman
técnicamente, no‒ y tienen emociones y sentimientos, y demonios del pasado
acechándolos; pero sí llegó un momento en el que me desesperé y sólo quería
verlos agarrarse a madrazos. Porque las pesadillas de Bruce Wayne están padres,
pero llegan a volverse redundantes. Y todo el asunto justifica el polémico
“Recurso Martha”, pero no te la jales, Snyder, esto no es Watchmen (2009).
Otra cosa que me gustó fue que, aunque la
pelea entre Batman y Superman desde niño me pareció un tanto imposible,
supieron adaptarla. Sobre todo, me pareció acertado que como principal fuente
tomaran la novela gráfica de Frank Miller Elregreso del Caballero de la Noche ‒de hecho, Miller fue incluido en los
agradecimientos de la peli‒, en la que Batman, ya viejo, crea una armadura y
una flecha con punta de kryptonita para enfrentarse al Hombre de Acero cuando el
Gobierno envía a éste a detenerlo.
La música está padre. Es un trabajo
diferente a lo que Hans Zimmer nos tiene acostumbrados, sobre todo porque se
aleja diametralmente de su propuesta para la trilogía de Batman de Nolan
‒quien, de hecho, funge como productor ejecutivo en esta cinta‒, en la que casi
sólo usa música atmosférica. En el caso de Batman
v Superman puede advertirse una composición más orientada hacia los leit motivs... y si han seguido mi blog,
sabrán que me gustan los leit motivs.
El tema de Wonder Woman ‒les apuesto lo que quieran a que mientras leían esta
frase la cancioncita de la serie de TV de los 70 sonó en sus mentes‒ es más que
memorable.
Ahora, enlistemos las debilidades de esta
película.
Por principio de cuentas está el verdadero
desmadre que hicieron con el casting. Las actuaciones y el reparto se sienten
realmente disparejos. Cavill está bien como Superman y su actuación es bastante
decente, pero tampoco me parece nada fuera de este mundo. Ahora, había
escuchado que Ben Affleck estaba bien[1]… y sí, actúa bien a secas.
Quiero decir, no está tan mal como en Daredevil
(Johnson, 2003) ni es el peor Batman de la historia ‒ese honor le sigue
correspondiendo a George Clooney y él mismo se jacta de ello‒; pero tampoco es
bueno, sólo digamos que cumple y se queda en el Batman más anodino... no,
esperen… creo que ése es Val Kilmer… ¡Hombre! Pues Affleck es un Batman y ya.
La que sí está del carajo es Gal Gadot; pero nadie iba a verla por la
actuación, ¿cierto? Me parece que como Wonder Woman funciona bastante bien
‒aunque, si somos muy puristas, sus facciones semíticas se ven improbables en
un personaje helénico‒, pero la verdad no esperaba nada de ella porque Lynda
Carter dejó estándares prácticamente inalcanzables.
Ahora, para compensar este desequilibrio en
la triada principal, quien hizo el casting se aseguró de tener un reparto de
buenos actores de soporte. Holly Hunter, Lawrence Fishbourne y Jeremy Irons...
quien no me gustó para nada como Alfred Pennyworth. No sé... simplemente siento
que no le quedó el papel. Además, como Bruce Wayne está viejo y Jeremy Irons no
está tan acabado para su edad, parece como si sólo se llevaran un par de años. Y
la caracterización del mayordomo es más bien pobre... ¿o soy el único que cree
que se parece más a Tony Stark? Y Amy Adams es muy buena actriz y la teníamos
en ese papel desde la película anterior, pero no la siento como Lois Lane.
Personalmente, el personaje que me encantó
y quien creo que se llevó la película fue Lex Luthor. Es una gran
interpretación de un gran villano; porque tradicionalmente, el actor que
interpreta a un súper villano debe ser un verdadero as... o al menos tener
renombre ‒y esto Marvel lo ha entendido muy bien‒. Para los entendidos del tema
¿Este Lex Luthor es el original o es un clon… o por qué está chavo?
Otra cosa que tampoco me acabó de convencer
fue el diseño. El traje de Batman se ve tan raro con esas arrugas falsas y toda
esa textura. Se ve como cuando haces tu cosplay sumergiendo hulespuma en látex
para que parezca piel. Interesante. ¿Qué onda con su Batimóvil? Como que lo
llevaron a Count’s Customs y le pusieron la parte delantera del Batimovil de
las películas de Tim Burton y la parte trasera del de las películas de Nolan...
y al final termina pareciendo algo que saldría en Los autos locos.
Pero sobre todo ¿Neta ése es Doomsday?
¿Saben qué hubiera estado padre? ¡Que se pareciera a Doomsday! Durante todo el
show no pude dejar de pensar que estaba viendo al troll de las cavernas de El Señor de los Anillos: La Comunidad delAnillo(Jackson, 2001). Digo, Doomsday debería verse rudo e impresionante,
debería dar miedo, debería dejarnos claro que a cada paso que da la tierra se
estremece. En cambio, lo que vemos en pantalla parece más bien un gorila
afeitado sacado de alguna feria de fenómenos decimonónica. Y no, no da miedo. Por
eso el final de la película me pareció bastante decepcionante. SPOILER Sí, está bien que me caiga mal
Superman; pero no se merecía eso TERMINA
SPOILER.
Por otro lado, está la fotografía. Éste es
un mal que he detectado en la gran mayoría de las películas de acción de los
últimos años y que incluso se ha transportado al terreno de los videojuegos: La
cámara en mano. La odio. Por supuesto, existen películas en las que el uso de
cámara en mano para filmar ayuda a su discurso y a darnos una perspectiva
subjetiva de los eventos. Pero en la mayoría de las películas actuales la
cámara en mano se utiliza para dar una sensación de dinamismo a escenas en las
que los realizadores se sienten inseguros sobre lo que están haciendo. Es como
“La productora dice que esta escena debe tener mucha acción y no estoy muy
seguro de que tenga suficiente, así que pongamos la cámara temblorosa para que
se vea ‘realista’ como filmación de campo de batalla”. Señores directores, lo
único que logran es que uno odie el 3D.
Y finalmente, aunque éste es más un
comentario de ruptura generacional, odié los efectos especiales. Creo que se ha
llegado al verdadero abuso de los efectos por computadora. Se suponía que los
efectos digitales lograrían que las escenas se vieran más reales, no que la
realidad se viera más falsa. Tomémonos un minuto para reflexionar al respecto,
por favor. Piensen en El Hobbit: Un viajeinesperado (Jackson, 2012), Los
vengadores (Whedon, 2012) o Batman v
Superman... ¿se dan cuenta como todas se ven iguales? Cómo hay escenas en
la pantalla sólo está llena de cositas grises y doradas volando por el aire y
todos los personajes tienen un aspecto artificial, casi como una pátina… a
veces casi parece que estoy viendo un videojuego de última generación.
Del mismo modo, y esto quizá tenga que ver
con que crecí viendo las películas de Batman de Tim Burton, algo que me gustaba
de las pelis de superhéroes de antes es que, debido a las limitantes de los
efectos especiales de aquellos tiempos, los superhéroes se veían más “reales”.
En cierto modo, el trasladar a un personaje del cómic a la pantalla grande lo
volvía más “maduro” ‒por favor, nadie piense en Superman III (Lester, 1983) y IV
(Furie, 1987) ni en Los 4 Fantásticos
de 1994 (Sassone)‒. Ahora, con la magia del CGI, los personajes de historietas
pueden hacer lo que sea y esto les quita realismo. Pero, nuevamente, quizá sólo
sea la nostalgia hablando.
Así pues, Batman v Superman no es la mejor
película de superhéroes, ni tampoco la peor. Es una de las confrontaciones
fílmicas más esperadas de la historia y, en ese sentido, cumple y cumple de
forma completamente satisfactoria. Agradezco enormemente que le hayan puesto una
estructura más cerebral y que no sólo hayan sido dos fortachones dándose de
catorrazos durante dos horas de películas; pero de repente el desarrollo de
personajes sí es redundante y la peli pudo fácilmente durar media hora menos.
La inclusión de Wonder Woman es atinada, lo mismo que los cameos de otros
superhéroes que nos revelan que esta cinta será el preludio de La Liga de la Justicia ‒¿Dónde están Zan
y Jayna? ¿Dónde están Krypto el Superperro y el Batiduende?‒. Por lo demás, es
una película mediana en todo sentido, entretenida, divertida y cumplidora,
llena de ese racismo apto para toda la familia que tanto se extraña y que tan
bien les va a los superhéroes. Pero no mucho más.
Aunque durante sus casi dos horas y media
de duración, no pude dejar de preguntarme ¿Por qué alguien en 2016 usaría una
cámara fotográfica análoga? Yo tuve que dar de baja mi réflex Pentax porque dejaron
de fabricar la pila que usaba...
PARA LA TRIVIA: Semanas antes de
comenzar la filmación, Ben Affleck se encontró de manera fortuita con Christian
Bale en una tienda de disfraces mientras ambos compraban trajes de Batman para
sus hijos. Affleck le pidió consejo a Bale sobre cómo interpretar a Batman, a
lo que el galés contestó: “Asegúrate de que puedes orinar con ese traje
puesto”.
[1] Un
equipo especializado dentro Warner Bros incluso preparó a Affleck para los
comentarios negativos cuando se diera el anuncio de su elección para el papel.
Este mismo equipo le recomendó que se abstuviera de navegar por la red durante la
semana en que se hizo el anuncio.