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lunes, 9 de junio de 2014

X-MEN: DÍAS DEL FUTURO PASADO. ¿Hasta dónde se podrá exprimir esta franquicia?


X-MEN: DÍAS DEL FUTURO PASADO
X-Men: Days Of The Future Past

Bryan Singer, 2014

Antes que nada, debo aclarar que tras la mentada de madre que fue X-Men Orígenes: Wolverine (Hood, 2009), no había vuelto a ver una película de estos superhéroes. Según me cuentan por ahí, Días del futuro pasado sigue más o menos la cronología de Primera Generación (Vaughn, 2011)... que dicen que está decente, pero me la perdí. Sea como fuere, leí los cómics y los huecos que tengo los lleno con los que recuerdo de la serie de dibujos animados.
    De hecho, si la memoria no me falla, la serie de dibujos animados empezó a decaer por ahí de la temporada 4 cuando los X-Men viajaban en el tiempo casi cada fin de semana.
    En esta cinta se narra la historia de un posible futuro en el que los mutantes son cazados hasta la extinción por un ejército de androides conocidos como Centinelas. Los últimos sobrevivientes forman un grupo de resistencia que utiliza los poderes de Kitty Pryde “Sprite” (de nuevo interpretada por Ellen Page) para enviar al mutante Bishop (Omar Sy, quien francamente luce menos espectacular que el personaje los cómics) a advertirles del ataque de los Centinelas. Haciendo equipo, el profesor Charles Xavier (Patrick Stewart en el papel que paga sus rentas) y su antiguo rival Erik Lehnsherr “Magneto” (vuelve el genial Ian McKellen… aunque en esta ocasión no actúa mucho...) descubren que la tecnología utilizada para construir a los Centinelas, misma que les permite contrarrestar los superpoderes de sus objetivos, fue diseñada a partir de la mutación de Raven Darkholme “Mystique” (la bella Jennifer Lawrence).
    Con esta información, Xavier y Magneto irán a pedir la ayuda de Sprite para viajar al año 1973, en el que son activados los primeros prototipos de los Centinelas aprovechando el pánico causado por el asesinato del científico armamentista, el Dr. Bolivar Trask (Peter Dinklage, de la serie Game Of Thrones [2011]) a manos de Myistique. El único mutante capaz de sobrevivir al viaje en el tiempo es Wolverine (según parece porque si no sale Hugh Jackman nadie ve estas madres), cuyo mayor reto al retroceder 50 años en el tiempo será lograr que el joven Xavier (James McAvoy) y el joven Magneto (Michael Fassbender, a quien recuerdo con admiración por su papel en Prometeo [Scott, 2012]) logren trabajar juntos para salvar el futuro de mutantes y humanos.


    Lo primero que debo decir sobre esta película es que, ciertamente, parece que quisieron enfocarla más como una secuela de Primera Generación y, por lo tanto, no está tan apegada al cómic en el cual se supone que está basada. En realidad se concentra mucho más en la relación Xavier/ Magneto... que ha sido la columna vertebral de esta saga, pues, ahora que lo menciono, las dos pelis de X-Men que no se han basado en ella han sido un fiasco (las de Wolverine, pues).
     Supongo que está bien que las películas basadas en algún otro medio no lo sigan de una manera literal, pues se convertirían simplemente en ilustración del texto original; pero me parece que algo importante se perdió en este caso: el discurso.
    Si algo era muy característico de la saga de cómics Días del futuro pasado (publicada en The Uncanny X-Men #141 y #142, correspondientes a Enero y Febrero de 1981) era su mensaje social. En la película apenas si se menciona de refilón, pero en los cómics se supone que los humanos han perseguido a los mutantes hasta el borde de la extinción; pero además los han encerrado en guetos. Los Centinelas no atacan humanos, mientras que en la peli se supone que por eso se vuelven una amenaza: comienzan a cazar también a los humanos miembros de la guerrilla pro-mutante. En los cómics Charles Xavier está muerto y quien planea el viaje en el tiempo es un viejo y minusválido Magneto en el año 2013. Se supone que hay 3 clases de ciudadanos: los humanos normales sin genes mutantes; los humanos anormales, cuyos genes tienen potencial de mutar y por lo tanto les está prohibido reproducirse, y los mutantes “puros” digamos,  que deben ser exterminados.


    Del mismo modo, no es Wolverine quien regresa al pasado, sino Sprite…  supongo que el cambio en la película se debió a que le vieron poco atractivo comercial a Ellen Page en la actualidad; y, de hecho, no es ella quien logra transferir la mente de una persona su cuerpo pasado, sino una mutante telépata de gran poder llamada Rachel, quien es la esposa de Franklin Richards (el hijo de Sue y Reed).
    Así las cosas, la película opta por un enfoque mucho más superficial, centrado en una intriga política bastante mediana —vamos, que casi ni intriga parece— que está muy por debajo del nivel de aquélla presentada en las historietas o, incluso, en películas similares como Capitán América y el Soldado del Invierno (Russo y Russo, 2014).
    Además, en el espíritu de presentar mutantes nuevos en cada entrega de la saga, los realizadores están forzando la cronología y la cohesión de los argumentos y los personajes hasta llevarlos a límites peligrosos. Por principio de cuentas, en los cómics (en estos dos números en particular) no aparece el Dr. Trask, sino el senador Robert Kelly a quien Mystique intenta asesinar con la ayuda de su Hermandad de Mutantes Diabólicos... Y si recuerdan ¡ésta es la trama de la primera película de X-Men! De hecho, la escena en la que Kelly da un discurso en contra de los mutantes en el Congreso de EE.UU. apareció originalmente en los cómics de Días del futuro pasado.


    Y en cuanto a la selección de mutantes... Hombre, pues los miembros más destacados de la Hermandad de Mutantes Diabólicos son Mystique (que ya ha salido en 5 películas), Pyro (que apareció en la trilogía original de X-Men y, por lo tanto, en la cronología de las películas aún no nacía) y Blob (que ya tuvo sus cinco minutos de fama en X-Men Orígenes: Wolverine).
    Eso sí, la aparición del cínico Peter Maximoff “Quicksilver” (Peter Evans) es bastante refrescante, además de que el muchacho parece tener más personalidad que todos los demás personajes de la peli juntos... bueno, excepto Magneto y Xavier. Algo que es curioso es que, en los cómics, Quicksilver es hijo de Magneto (y hermano de la Bruja Escarlata) y en la película se hace una referencia bastante velada a este hecho; sin embargo, en el epílogo de Capitán América y el Soldado del Invierno aparecen quien después se convertirá en la Bruja Escarlata y su mencionado hermano, pero no es Quicksilver... ¿Quién será ese niño entonces?
    En el rubro de las actuaciones la película apenas cumple. Es decir, no propone nada nuevo sobre los personajes que ya habíamos visto: Hugh Jackman nació para interpretar a Wolverine y no para cantar, Ian McKellen de repente se ve demasiado cómodo como Magneto y cosas por el estilo. Los únicos que me parecieron sobresalientes fueron McAvoy como el joven Xavier y Nicholas Hault como una versión estudiantil del Dr. Hank McCoy “Beast”.


    La que sí queda a deber en algunas escenas es la Lawrence… aunque bueno, uno no va a ver sus películas para verla actuar. Pero, por otro lado, si uno recuerda a la hermosa Rebecca Romijn haciendo el papel de Myistique, la Lawrence también queda a deber. Y por si eso fuera poco... ¿Es eso un unitardo? ¡No mamen! Sólo maquillaron a Lawrence en los primeros planos —con maquillaje a base de aceite, en vez del maquillaje a base de agua que usaban siempre— y para las tomas abiertas usó un unitardo azul con aplicaciones; mientras que a la Romjin sí la maquillaban completamente pegándole aplique por aplique. Serán los gajes de grabar en HD.
    Mi última queja sobre esta película va en contra del departamento de diseño de arte. Los vestuarios están bien, sí se ven como de los setenta. Aparecen algunos aparatos y tecnologías que ni de chiste estarían disponibles en esa década; pero vamos a concederles eso, finalmente es una obra de Ciencia Ficción. Empero, el diseño de los Centinelas es horrible. Apenas si guarda alguna similitud con el diseño clásico de los cómics —que se adaptó bastante bien a la serie animada, las figuras de acción y hasta los videojuegos—  y, por si esto fuera poco, tampoco parece nada diseñado en los setenta. Digo, no se trata de que le pusieran paneles de chapa de madera (en aquella época parecía que todas las cosas los tenían, hasta los automóviles), pero en realidad parecen una mala copia del diseño de Iron Man (Favreau, 2008).
    Y en sentido completamente opuesto, pero igualmente fallido está la base subterránea de los X-Men. ¿Por qué se ve completamente idéntica a la de la primera peli? ¿En treinta años no hubo avances tecnológicos? Por lo menos se tomaron la molestia de diseñar un Cerebro con tecnología analógica; pero el resto de la base se ve como si el tiempo no pasara por ella ¡Por favor! ¡Hasta la Mansión Playboy ha sido remodelada varias veces desde los setenta!


    Puedo concluir que esta entrega de la saga de X-Men está en un nivel aceptable. No es la obra maestra que fue X-Men 2 (Singer, 2003); pero tampoco es la aberración que fue X-Men Orígenes: Wolverine. Disfrutable, pero quizá demasiado larga para el asunto del que trata y francamente creo que faltaron más escenas del futuro —una de las influencias más claras que legó el cómic fue, por supuesto, El exterminador (Cameron, 1984) —. Da gusto que Bryan Singer haya regresado a dirigir la serie que lo llevó a la fama; pero sí se nota que ésta se está estancando y comienza a pisar peligrosamente el terreno de la mediocridad.

PARA LA TRIVIA: Con la aparición de Anna Paquin, Famke Janssen, James Mardsen y Kelsey Grammer, ésta es la primera cinta desde el final de la primera trilogía en reunir de nuevo a todos los actores del elenco original que pertenecían a los X-Men.


SPOILER: Como pueden notar de mis críticas anteriores de películas de Marvel, disfruto de spoilear los epílogos de las mismas. Ese epílogo ya tradicional en las películas de esta compañía que nos muestra qué es lo que vendrá en futuras cintas. En el caso de ésta, al final de los créditos se puede ver una escena ambientada en el antiguo Egipto en la que aparece el villano Apocalipsis acompañado por sus cuatro jinetes.


domingo, 25 de mayo de 2014

STREET FIGHTER: LA BATALLA FINAL. También merece que le celebremos sus 20 años, ella no tiene la culpa de haber nacido así.


STREET FIGHTER: LA BATALLA FINAL
Street Fighter


Steven E. De Souza, 1994

¿Por qué sera que todas, pero absolutamente todas las películas basadas en videojuegos son malas? Bueno, bueno, Resident Evil 2: Apocalipsis (Witt, 2004) tiene sus momentos, está bien, y la verdad es que no he visto Hitman: Agente 47 (Gens, 2007); pero por regla general las películas de Live-Action (o como les llamo yo: Cosplay con presupuesto) basadas en videojuegos son malas como películas y como adaptaciones. De hecho, precisamente la saga de Resident Evil ha sido la única en romper la maldición: Nunca antes de ella se había completado una trilogía de películas basadas en un juego de video.
    Y aunque hoy día es algo más o menos común, a mediados de los noventa el adaptar historias del entretenimiento electrónico a la pantalla grande era un terreno apenas experimental. Para estos momentos sólo teníamos la infumable película de Double Dragon (Yukich, 1994) y la vomitiva cinta de Super Mario Bros. (Jankel y Morton, 1993). Bueno, y si quieren tomarla en cuenta, el especial de dibujos animados de Pac-Man (1982).


    Así pues, cuando la chaviza de aquellos años nos enteramos de que iban a sacar la película de Street Fighter, se nos cayeron los calzones de la emoción. Para aquellos años, no había nada más genial que Street Fighter II: The World Warrior (Capcom, 1991)… Bueno, sí, Mortal Kombat (Midway Games, 1992); pero por eso Capcom lanzó la actualización Super Street Fighter II: The New Challengers (Capcom, 1993) que fue en la que —dizque— se basaron para hacer la película.
    Entonces, la historia de la peli, que a veces de manera fortuita coincide con la del videojuego, va así: El dictador en ascenso general M. Bison (lo que quedaba del genial Raul Julia) ha tomado el poder del ficticio país de Shadaloo (fonetización del japonés del inglés Shadowlaw), una península en el sudeste asiático —en el videojuego es una isla, ya empezamos mal— y ha secuestrado a un grupo de visitadores de las Naciones Aliadas (ficcionalización que mezcla la ONU con la OTAN). Para detenerlo antes de que mate a los rehenes, las NA envían al Cnel. William Guile (Jean Claude Van Damme) y a un grupo de soldados a su cargo para detener a Bison. Guile tiene cuentas pendientes que saldar con Bison y en el camino se hará de poderosos aliados como la reportera (WTF?) Chun-Li Zang (Ming-Na Wen) o los peleadores callejeros y pseudotraficantes de armas Ryu Hoshi (cuyo nombre se empeñan en pronunciar “Raiu”, interpretado por Byron Mann) y Ken Masters (Damian Chapa), y enemigos temibles como Victor Sagat (Wes Studi) o el lerdo Zangief (quizá el único personaje más o menos bien caracterizado de la peli, interpretado por el genial Andrew Bryniarski, a quien la fama le llegó ya tarde gracias a su actuación como Leatherface en el remake de La masacre de Texas [Nispel, 2004]).
    Incluso cuando vi la película por primera vez, a mis tiernos nueve añitos, me di cuenta de que algo estaba mal. Por desgracia, conforme la he vuelto a ver a medida que he ido creciendo, me he dado cuenta de que todo en esta película está mal. Pero iré por partes.


    Por principio de cuentas, se tomaron tantas libertades con la historia que ésta dejó de parecerse a la original del videojuego. ¿Por qué Guile es el personaje principal? ¿Si Guile es gringo por qué tiene ese marcadísimo acento francés? ¿Por qué Vega (Jay Tavare) es feo? ¿Por qué E. Honda (Peter Navy Tuiasosopo) es hawaiano? ¿Por qué Chun-Li es reportera? ¿Por qué Balrog (Grand L. Bush) está en el equipo de los buenos? ¿Por qué dicen que esa madre que sale en la película es Blanka (Robert Mammone)? ¿Por qué Sagat está fláccido? ¿Por qué hay tantos balazos? ¿Por qué alguien hizo esta maldita película? ¿Por qué?
    Las actuaciones de todos, de absolutamente todos, son pésimas. Es... no sé qué epíteto usar, “sobrecogedor” supongo, ver la interpretación de Raul Julia en ésta, su última película. El pobre se ve muy enfermo, cansado y por momentos no puede evitar soltar una mirada de “¿Qué carajos estoy haciendo aquí?”; pero sobre todo, se ve mucho muy lejos de aquel Julia que se hiciera legendario gracias a su interpretación de Homero Addams, apenas cuatro años atrás. Y, aun con todo eso es la mejor (o quizá la única) actuación de toda la cinta.
    Y hablando de las actuaciones, quizá el único punto bueno de esta película fue que dio a conocer a la hermosa, aunque diminuta, Kylie Minogue fuera de su natal Australia. Interpretando a la británica Cammy (y eso me hizo recordar el chiste que hace Dr. House sobre los australianos y los británicos), y aunque en Australia ya había aparecido en varias telenovelas, me alegra que la Minogue sea toda una diva del pop, porque como actriz apesta. ¿Por qué tiene que jadear para decir todos sus parlamentos? ¿Está en una película porno? ¿Acaso es Stevie, el amigo de Malcolm?


    Al final de cuentas, el guión de la cinta termina siendo un desmadre que mordió más de lo que podía masticar. Hay demasiadas líneas argumentales, demasiados personajes y demasiados elementos, y nada logra cuajar al final. Personajes como T.Hawk (Gregg Rainwater) —que por cierto, aunque peleaba en nombre de México en el videojuego, no era mexicano; sino un nativo americano despojado de sus tierras— o Dhalsim (Roshan Seth) están completamente de más... ¡Y todavía se ponen a introducir personajes inventados como el Cp. Sawada. Por cierto, Fei Long, el peleador de Hong Kong, no aparece en esta película por cuestiones de derechos de autor, pues era un tributo a/ fusil de Bruce Lee. De hecho, según dice un rumor, el personaje de Sawada originalmente iba a ser Fei Long, pero los realizadores tuvieron que cambiarlo de última hora por cuestiones de derechos de autor.
    Entre los aciertos de la peli, que sí tiene unos cuantos, debo mencionar que en las coreografías sí se preocuparon porque más o menos los actores imitaran los estilos de pelea y algunos agarres y movimientos especiales del videojuego (vamos, Cammy hace ese agarre con las piernas tan suyo y Honda sí hace el hand slap). Por desgracia, no sé qué pasó que los realizadores también terminan viéndose tímidos con esto y algunos poderes como el Hadoken de Ryu o el Shoryuken de Ken se ven de lo más chafa. Y lo peor: ¡Le dan una explicación científica a los poderes de Bison! ¿Para qué? ¡En el juego el tipo tiene poderes psíquicos, no un traje que manipula los campos electromagnéticos!


    El  otro acierto de la película, hay que reconocérselos, tiene dos, es que sí hay muchos guiños al videojuego en los escenarios que se ven en pantalla. Claro, lo ideal hubiera sido que intentaran recrear los escenarios del videojuego; pero bueno, por lo menos sí podemos ver el enrejado del escenario Vega, la estatua de Buda en el escenario de Sagat, la campana en el escenario de Bison,  el mural del tsunami en el escenario de E. Honda y… y… y, bueno, creo que eso sería todo. ¡Ah, sí! Y el tablero de la arcadia de Super Street Fighter II: The New Challengers en la consola de mando de Bison.
    Claro que también pudieron esforzarse un poco porque no se notara que las paredes de roca de la guarida de Bison estaban hechas de cartón. Por cierto, en los aposentos privados de Bison se pueden ver muchos muebles hechos con huesos humanos, que aunque están padres, botan un poco; esto es porque la mayoría de ese mobiliario (incluido ese impresionante candelabro de huesos humanos) se construyó para La masacre de Texas 2 (Hooper, 1986).


    Así pues, quizá ésta sea la peor película basada en videojuegos... Bueno, no, se echa un tête-a-tête con Super Mario Bros. (Yankel y Morton, 1993)… o con Mortal Kombat:La aniquilación (Leonetti, 1997) … Y la verdad es que las de Resident Evil son horrendas después de la tercera... Y las de Tomb Raider... ¿A quién engaño? ¡Las películas de live action basadas en videojuegos son todas espantosas! Street Fighter: La batalla final sobresale de entre las demás porque es aún peor que el promedio y porque en su época no eran tan comunes; pero la situación no parece haber mejorado en veinte años. ¿Quieren ver una buena película de videojuegos? Vean Ralph: El demoledor (Moore, 2012)... es más o menos lo mismo que Monsters, Inc, (Docter et al, 2001) pero con personajes de videojuego en vez de monstruos...
    Por si todo lo anterior fuera poco, ésta no sólo es una de las peores películas basadas en videojuegos; ¡sino uno de los peores videojuegos basados en películas! Y es que para promocionar la cinta, Campcom decidió lanzar el videojuego para arcadia Street Fighter: The Movie (1995). Este juego utilizaba fotogramas digitalizados de los actores de la película (como Mortal Kombat) en vestuarios ridículos y tenía uno de los peores gameplay que se recuerde en la historia de los videojuegos. A la plantilla de peleadores del videojuego original se restaron Blanka, fei Long y Dhalsim, y se agregó al Cp. Sawada y a  Blade (un soldado de las tropas de Bison) de la peli, y una cosa chistosísima que decía ahí que era Akuma… Todo de pena ajena.


PARA LA TRIVIA: Como reacción ante el bodrio que fue esta cinta, Capcom de Japón decidió producir un largometraje de animación (anime, para los entendidos) basado en Super Street Fighter II. Esta película es infinitamente superior a su contraparte norteamericana —y no sólo porque muestra un desnudo de Chun-Li—, pero ninguna distribuidora quiso exhibirla en cines en América. Durante las negociaciones por traer la cinta a nuestro continente, mucho se rumoró que el anime de Street Fighter sí aparecería en cines en México; pero a la hora de la hora, Videovisa se echó para atrás. ¿El resultado? Hasta el año 2000, Street Fighter: The Animated Movie fue la película más pirateada en la historia de nuestro país.

PARA EL CHISME: Según lo reveló años más tarde en una entrevista, Van Damme se encontraba completamente drogado durante la mayor parte del tiempo de la filmación en Tailandia, además de que sostuvo una relación extramarital con la Minogue.


lunes, 19 de mayo de 2014

GODZILLA. ¡Larga vida al Rey... de los Monstruos!



GODZILLA

Gareth Edwards, 2014

¿Se acuerdan de aquel desastre ocurrido en Nueva York en 1998? Sí, me refiero a la versión del nerdo profesional de altos presupuestos Roland Emmerich del clásico japonés Godzilla (Honda, 1953). En aquel entonces todo salió mal: el diseño de Godzilla, los efectos especiales, las actuaciones, una película larguísima que no llevaba a ningún lado; vamos, hasta la línea de figuras de acción se quedó en los anaqueles y la canción Deeper Underground de Jamiroquai, que sirvió como tema para la cinta, es de lo peorcito que ha hecho el artista.
    Así pues, éste sería el segundo intento de Hollywood por reinventar la épica historia de un dinosaurio descomunal que arrasa ciudades a su paso. Eso sí, pidieron ayuda a la productora japonesa Toho, hogar del Rey de los Monstruos y, afortunadamente, esta vez sí les salió bien. Esta cinta no alcanza el tono metafórico y hasta sublime de la original de 1954; pero tampoco es vomitiva como la de 1998. Incluso me atrevo a decir que esta nueva versión estadounidense es mejor que algunas de las entregas más flojas de la saga nipona —Godzilla vs King Kong (Honda, 1962) y Godzilla vs el Monstruo de Humo (Banno, 1971), las estoy viendo a ustedes—.



    En esta película se narra que hace 15 años la planta nuclear de una ciudad japonesa fue destruida debido a un desastre natural. Desde entonces, Joe Brody (el tardíamente famoso “papá de Malcolm”, Bryan Cranston), quien trabajaba en el lugar y cuya esposa pereció en el siniestro, se ha dedicado a investigar los hechos, pues todo el incidente fue encubierto por el gobierno japonés.
    En la actualidad, la verdad sale a la luz: El desastre fue ocasionado por una especie de artrópodo gigante prehistórico que consume radioactividad y que ataca utilizando un pulso electromagnético, inutilizando todo tipo de aparatos eléctricos. Joe Brody y su hijo, Ford (Aaron Taylor-Johnson) deberán ayudar al Dr. Ichiro Serizawa (Ken Watanabe, el japonés que siempre sale de japonés en las películas gringas... bueno, menos en Batman inicia [Nolan, 2005]) a detener a este monstruo. Sin embargo, pronto descubren que la criatura es prácticamente indestructible, por lo que su última esperanza para acabar con ella es atraer a su enemigo natural: Un reptil descomunal, anterior a los dinosaurios, al que los científicos nipones nombraron simplemente Gojira.


    Siendo Titanes del Pacífico (Del Toro, 2013) la más reciente película de kaijus, e incluso creo que la responsable de revitalizar el género, será el punto de comparación más obvio para esta nueva adaptación de Godzilla. Lo que me pareció más curioso es que se nota claramente que las influencias de ambas películas son las mismas. Y, al igual que en la cinta de Del Toro, hay algunas escenas que casi son una copia al carbón de películas como Parque Jurásico (Spielberg, 1993), Aliens:El regreso (Cameron, 1986) e inclusive 2001: Una Odisea del espacio (Kubrick, 2001).
    Además de eso, la película quizá abusa de los clichés del melodrama hollywoodense. Quiero decir, realmente en ningún momento sentí que Ford Brady o su familia estuvieran en peligro, uno sabe que tienen que sobrevivir... Pero, ¿es esto un fracaso o un acierto? Porque por quien sí sentí empatía fue, por supuesto, por Godzilla y finalmente creo que ése es parte del punto de la película, muy en el espíritu de las producciones niponas del personaje.
    De hecho, la forma en la que se va desarrollando la historia es muy similar a la de la película de 1954. Las apariciones del kaiju son más bien pocas y la historia se centra más en la movilización humana que éstas ocasionan. A final de cuentas, al igual que en la cinta original, es la historia de un hombre que va siguiendo el rastro de destrucción ocasionado por el monstruo (en la versión americana de la peli de 1956, al menos).


    Al respecto de eso surge, de hecho, mi única queja real sobre la película. La historia está bien contada, las peleas de kaijus son bastante buenas y está padre que quisieran profundizar el melodrama humano; pero ¿por qué tienen que perder tanto tiempo con la maldita logística del Ejército? ¿A quién le importa? Queremos ver monstruos gigantes dándose de catorrazos, por favor. Entiendo que la segunda industria más importante de EE.UU. (el entretenimiento) debía publicitar a la primera (el ejército), sobre todo ahora que andan tan de capa caída, pero hay momentos en los que sí se siente que esas escenas de militares hablando y dando instrucciones estorban, particularmente cuando van insertas en medio de una lucha de monstruos gigantes.
    Las actuaciones son cumplidoras y en el caso de Cranston y Watanabe son bastante agradables. El resto del reparto, que comparte más escenas con los monstruos, actúa de forma eficiente y da soporte a la acción de éstos, que es la verdadera estrella de este show.
    Por cierto, no he revisado ningún detrás de cámaras de esta cinta ni cómo se hicieron los efectos especiales; pero debo decir que son geniales. El quid del asunto, es decir, los kaijus, son espectaculares y es mi sospecha que los crearon a partir de capturar los movimientos de actores dentro de botargas. Por eso, aunque se ven en alta definición y gozan de todos los detalles que la animación CGI puede brindar, conservan la corporalidad de las películas de antaño.
    Asimismo, el diseño del monstruo está completamente basado en el original; a diferencia del de 1998 que parecía... que parecía... bueno, nunca le hallé forma a esa madre, siempre se me figuró un velocirraptor vigoréxico. En esta nueva versión, Godzilla es muy similar al diseño que durante sesenta décadas ha tenido en Japón, sólo las escamas son más grandes, la cara menos felina (aunque no demasiado), el color más oscuro y las placas en su lomo se ven más malotas… y se ven geniales cuando está cargando su aliento de fuego atómico.


    Al igual que en lapelícula de 1998, en esta cinta se hace una breve referencia al cambio del nombre original japonés “Gojira” por su americanización “Godzilla”. Durante décadas se ha culpado de dicho cambio a los encargados de distribuir la película en Estados Unidos; empero, esta adaptación la hizo la productora japonesa Toho, pues “Godzilla” es una pronunciación mucho más cercana a la original nipona. El nombre original de este monstruo es una palabra compuesta por los nombres en japonés de otros dos animales: “Gorira (gorila)” y “kujira” (ballena).
    En los 50, Gojira era una metáfora que representaba el miedo latente a la era atómica; vamos, finalmente los japoneses sí vivieron un ataque con armas nucleares. En la versión americana de 1956, este subtexto se diluyó. Aunque parten de una misma base, ambas películas son totalmente distintas, no sólo se insertaron escenas en la versión americana, sino que se cambió todo el montaje de la cinta para acentuar más las parte espectacular de los ataques del monstruo y minimizar la parte crítica.
    En esta versión de 2014 vuelve a haber un subtexto para el monstruo sólo que, por supuesto, viviendo en una sociedad donde el miedo a la guerra nuclear se considera una cosa del pasado, dicho subtexto tenía que cambiar. De tal suerte, ahora Godzilla representa más bien las fuerzas naturales. Ya no se trata de una mutación creada por la radioactividad, sino de un fósil viviente, una especie de campeón de la Tierra que acude a restaurar el balance de los ecosistemas cuando éste se ve afectado. Finalmente, resulta el recordatorio, tan persistente en los últimos años, de que por muchos adelantos científicos y tecnológicos que tenga el ser humano, siempre será un juguete en manos de las fuerzas de la Naturaleza.



    Una película bastante decente que sí logra transmitir el espíritu de las viejas cintas del personaje. Diré solamente que quizá faltaron más peleas de kaijus y que, de verdad, a veces siento que sobran las escenas de soldados; pero de ahí en fuera es bastante disfrutable. Dicho sea de paso, la secuela ya está confirmada.

PARA LA TRIVIA: El inconfundible chillido de Godzilla fue creado en 1954 por el músico japonés Akira Ifukube, quien logró dicho efecto al frotar las cuerdas de un bajo eléctrico con un guante de cuero untado de resina para después agregar un efecto de eco.