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miércoles, 14 de mayo de 2014

ALIEN: EL OCTAVO PASAJERO. Especial del 35 Aniversario. Primera Parte


ALIEN: EL OCTAVO PASAJERO
Alien

Ridley Scott, 1979

Existen dos versiones oficiales de esta película: La edición original de cine de 1979 y la Edición del 25 Aniversario. La diferencia son cerca de cinco minutos de escenas extendidas y reinsertadas que habían quedado fuera del corte original, algunas de las cuales, como la toma extendida de la muerte de Brett (Harry Dean Stanton) o Ripley (Sigourney Weaver) bajando al compartimiento de carga donde el alien ha empezado a construir su nido,  se habían convertido prácticamente en leyenda urbana entre los fans.

¿Qué pasa cuando alguien se toma en serio una película de serie B y dice: “de acuerdo, vamos a hacer esto, pero lo vamos a hacer bien”? Pues surge un clásico como Star Wars (Lucas, 1977), Cazadoresdel Arca Perdida (Spielberg, 1981) o Alien: el octavo pasajero. Me atrevo a decir que desde que H.P. Lovecraft escribió, nadie había vuelto a integrar de forma tan armónica la Ciencia Ficción con el Terror Gótico.
    A título muy personal comentaré además que ésta debe ser una de las cinco películas más influyentes en mi vida. La vi por primera vez cuando tenía siete años, una tarde nublada en Canal Cinco… y de ahí pa’l real. Recuerdo que me asustó, al mismo tiempo que me fascinó e intrigó.
    La tripulación del carguero espacial Nostromo es despertada del hipersueño durante su viaje de regreso a la Tierra para responder una señal de auxilio en un planetoide desconocido. Al descender  en dicho lugar, Kane (el siempre genial John Hurt) es utilizado como huésped por un parásito extraterrestre que se gesta dentro del cuerpo humano y que aumenta su tamaño minuto a minuto. Uno a uno, los tripulantes de la Nostromo irán cayendo presas de la criatura que parece haber evolucionado con el único objetivo de aniquilar a la raza humana —y según nos revelaría más tarde Prometeo (Scott, 2012), así fue—.


    La génesis de esta película comienza cuando el guionista Dan O’Bannon, luego de producir y estelarizar su película Dark Star (Carpenter, 1975) una comedia ramplona de Ciencia Ficción, se hospedaba en casa de su amigo, el también guionista y director teatral Ronald Shusett. De hecho, O’Bannon se encontraba recuperándose después de su estadía en una clínica psiquiátrica a raíz del colapso nervioso que sufrió cuando su proyecto de adaptar el clásico de Ciencia Ficción, Dune, a la pantalla grande en una película dirigida por Alejandro Jodorowsky fracasara.  O’Bannon retomó un borrador que había comenzado a escribir en el sanatorio y comenzó a convertirlo en lo que sería su próxima película que, en aquel entonces, se titulaba Star Beast.
    La idea original del guión era la de una película de serie B, mezcla de Ciencia Ficción y horror, llena de escenas sangrientas y desnudos. O’Bannon llevaba varios meses trabajando en su texto, pero sentía que aún le faltaba “punch”, alguna característica única que le diera identidad a la película.
    Fue entonces cuando, cierta noche de insomnio, Shusett se encontraba viendo televisión y sintonizó casualmente un documental sobre cierta especie de avispa que utiliza su aguijón para inocular a las catarinas con los embriones de sus propias crías. Las crías van devorando a la catarina desde adentro hasta que destrozan el exoesqueleto de su huésped. Shusett quedó fascinado con la idea y le sugirió a O’Bannon que la incluyera en su guión.
    O’Bannon reescribió toda la película tomando como eje central la idea del parásito que se gesta dentro del cuerpo humano y después trató de vender su guión a las mayores casas productoras, quienes lo rechazaron. Únicamente el legendario productor de películas de bajo presupuesto, Roger Corman, mostró interés por el guión de Star Beast. Corman se apalabró con O’Bannon para comprar su guión, aunque los meses pasaron y no había adelantos en las negociaciones.


    Finalmente, O’Bannon recibió una llamada de la oficina de Corman confirmándole que querían comprar su guión, pero que el pago se demoraría una quincena más y que preferían firmar el contrato con él hasta que tuvieran el dinero listo.
    Mientras tanto, la Twentieth Century Fox vivía una época de bonanza y gran esplendor económico gracias al inesperado éxito de Star Wars (Lucas, 1977). Los ejecutivos de la casa productora presionaban a los productores para que hicieran más películas de Ciencia Ficción y así aprovechar la racha; sin embargo, no había guiones del género disponibles y todos los guionistas de planta de la compañía estaban ocupados en otros proyectos. Fue entonces que los productores Gordon Caroll y Walter Hill desempolvaron un guión titulado Star Beast que habían rechazado con anterioridad. Al ser el único guión con una nave espacial en él, se convirtió en el proyecto de ambos productores para cumplir con las exigencias de la Fox.
    Así pues, la Fox contactó a O’Bannon días antes de que éste cerrara el trato con New Concorde Pictures (la compañía de Corman), ofreciéndole una cantidad muy superior de dinero por su guión, además de producirlo con un presupuesto de Serie A. Caroll y Hill reescribieron el guión de O’Bannon dándole un tratamiento más “maduro” y menos grandilocuente… menos de serie B, pues. Desde entonces ha habido muchas discusiones al respecto, pues O’Bannon aseguraba que los productores habían arruinado su guión, mientras que éstos alegaban que el guión original era pésimo, acartonado y lleno de lugares comunes. Sea como fuere, ambas facciones, lo mismo que los fans, podemos sentirnos más que satisfechos con el resultado final.
    Con el guión listo, el siguiente paso era conseguir un director que pudiera darle forma a un proyecto de semejantes dimensiones (en cuestión de un mes, el presupuesto de la película aumentó de 3.5 a 6 millones de dólares y posteriormente a 9… que era muchísimo dinero en 1976). Los productores entrevistaron a decenas de candidatos, siendo la pregunta decisiva “¿Cómo resolverías la escena del “abraza-rostros”?” Caroll comentó alguna vez en una entrevista que la peor de las respuestas fue la de un director (nunca quiso decir quién) que contestó: “Fácil. Le arrojamos un hígado crudo a la cara del actor y lo filmamos en contrapicado”.


    Después de un arduo proceso de selección, el ganador del puesto de director fue el británico Ridely Scott, quien sólo contaba con un largometraje en su curriculum (Los duelistas, 1977). Por cierto que a Scott no le gustaban las películas de Ciencia Ficción ni las de Horror, así que se fue a pasar un fin de semana con un amigo suyo que durante dos días le pasó proyecciones de cintas de dichos géneros. Al final de esta experiencia, Scott sólo encontró dos filmes que le gustaron: 2001: Una odisea del espacio (Kubrick) y La masacre deTexas (Hooper, 1974). Siendo estas cintas sus principales influencias, Scott fue quien decidió que el personaje de Ripley (la inmortal Sigourney Weaver) fuera una mujer, pues en el guión nunca se especificaba su sexo.
    Ahora que volví a ver la cinta, caí en cuenta de que es también un enorme logro en el diseño de arte. Originalmente, el diseño de toda la cinta iba a correr a cargo del artista Ron Cobb. Sin embargo, Cobb había dibujado alrededor de cincuenta bocetos para la criatura extraterrestre sin que uno solo convenciera a nadie de la producción o al director. Fue entonces que O’ Bannon recordó haber visto el libro Necronomicon, una colección de pinturas del artista surrealista suizo H. R. Giger inspiradas en la mitología de H.P. Lovecraft.
    O’Bannon había quedado impresionado con el trabajo del suizo pues le pareció perturbador. De hecho, tuvo que negociar arduamente con Caroll para contratar a Giger, pues el productor consideraba que “ese hombre estaba enfermo”. Finalmente, O’Bannon en persona fue a hablar con Giger en París, Francia, y se acordó que Ron Cobb diseñaría la nave espacial, mientras que Giger diseñaría a la criatura y todo su medio ambiente. De forma tardía, al proyecto se incorporó el artista francés de cómics Moebius quien, basándose en las armaduras de los guerreros samurái, diseñó los trajes espaciales de los tripulantes de la nave.


    Los escenarios diseñados por Cobb son simplemente espectaculares. Según lo declaró alguna vez, coincidió con Scott en querer alejarse de la estética de otras películas ambientadas en el espacio, como Star Wars o la citada obra maestra de Kubrick, pues les parecían tan prístinas que caían en lo inverosímil. Así pues, la nave diseñada por Cobb es grande, oscura, sucia y, como él mismo lo dijo alguna vez: combina una refinería de petróleo con una catedral gótica.
    Para crear en los actores un sentimiento real de claustrofobia, y porque quería hacer paneos largos, Scott pidió a la producción que todos los sets se construyeran en un solo módulo gigantesco. Así, todos los cuartos de la Nostromo quedaron interconectados formando un laberinto con una sola entrada y una salida. Si alguno de los actores (o quien fuera, en realidad) quería salir del set debía pasar por todo el laberinto.
    Empero, por supuesto que la estrella de la película es la criatura conocida como “alien” y gran parte de su éxito tiene que ver con el diseño. Nunca antes en pantalla se había mostrado un extraterrestre que se viera así, ni después se han mostrado extraterrestres que no estén influidos, al menos en cierta medida, por el de esta cinta.
    H.R. Giger diseñó a la criatura, pero también la esculpió desde cero utilizando los materiales más diversos, que incluyeron desde huesos humanos hasta piezas de automóviles  —los... no sé cómo llamarlas, digámosles “dígitos” que sobresalen de la espalda de la criatura son los mofles de un Rolls Royce, por ejemplo—. La producción puso a disposición del artista un cajón lleno de huesos de diferentes animales. Según cuentan las anécdotas, algunos de estos huesos aún estaban frescos, por lo que apestaban horriblemente; además, al tener a este tipo vestido de negro y con cara de loco trabajando en él, el taller que la producción le instaló a Giger era el lugar que todos querían evitar.


    Las actuaciones son de primer nivel y eso es importante por una razón crucial para la película: Casi no se ve al alien. Una astuta estrategia de Scott fue casi no mostrar a la criatura en pantalla, dejando más a la imaginación del público. A final de cuentas, sabemos que este monstruo es horrendo y gigantesco por las reacciones de quienes lo ven y no tanto por lo que realmente se muestra de él.
    De hecho, Scott quiso apelar a los instintos primarios del ser humano y por eso muchas de las escenas en las que la criatura ataca a sus víctimas incluyen primeros planos de su boca: Si uno muere devorado, lo último que verá son las fauces de su depredador.
    A pesar de ello, otro de los factores que causan el terror en esta película es que, por lo menos en esta primera entrega, no se sabía a ciencia cierta qué fin tenían las víctimas de la criatura. Digo, algunos como Parker (Yaphet Koto) era evidente que le servían de botana, pero ¿y los otros? Me refiero a que en la escena de la muerte de Lambert (Veronica Cartwright, quien se hizo famosa como actriz infantil por su participación en la obra maestra de Hitchcock, Los pájaros [1963]) realmente nunca se ve cómo la mata, sólo se escuchan una serie de gruñidos y jadeos extraños en el corredor y, en la siguiente escena en que aparece, Lambert está desnuda colgando del techo.


    Siempre me ha parecido que la película tiene un subtexto claramente sexual e, incluso, que algunas partes de ella pueden entenderse como una metáfora de la violación. Scott siempre consideró a su criatura como hermafrodita y capaz de reproducirse por sí sola (el concepto de una hembra reproductora fue introducido por James Cameron en la segunda cinta).
    Además, en la Edición del 25 Aniversario, en la mítica escena reinsertada de Ripley en el compartimiento de carga, se muestra a Dallas (Tom Skerritt) vivo y encerrado en un capullo ¿con qué propósito? En el final original del guión, que nunca se filmó, la cápsula de escape que transporta a Ripley transporta también el abraza-rostros que impregnó a Kane y se muestra cómo éste comienza a encerrarse en una especie de crisálida.
    Aunque la Edición del 25 Aniversario es bastante completa y amplía mucho del background de los personajes (en dicha edición se aprecia perfectamente que Ripley y Lambert se llevan del carajo), hubo aún un par de escenas que quedaron fuera.


    La más interesante de ellas sea quizá una de las escenas favoritas de O’Bannon cuando escribió el guión: Como su idea original era que ésta fuera una película de explotación, el elemento sexual estaba mucho más marcado. De hecho, en algún tratamiento del guión se sugería que todos los personajes estarían desnudos todo el tiempo. Sea como fuere, se llegó a filmar una escena en la que Lambert y Ripley se cuentan sus intimidades, dejando ver que son más bien facilonas y que se han acostado con toda la tripulación; mencionan entonces que Ash (Ian Holm, a quien las nuevas generaciones quizá ubiquen más como Bilbo Bolsón en la Trilogía de El Señor de los Anillos [Jackson, 2001-2003]), el oficial científico, es bastante malo en la cama. Este elemento podría parecer intrascendente, excepto porque en ese corte de la película, ésta era la primera pista que se daba al público de que Ash era en realidad un androide.
    Otras escenas que quedaron fuera, y que en realidad nunca se filmaron, fueron el final alternativo que mencioné arriba (el libreto termina en la secuencia 218 y tiene una nota final que dice: “escenas 219 a 228 suprimidas”); otro final alternativo en el que se escuchaba la narración de Ripley a manera de epílogo, sólo para descubrir después que el alien hablaba a través de ella insertando su segundo par de mandíbulas en su cráneo,  la escena en la que se aprecia que los huevos de alien en realidad estaban dentro de un templo con forma de pirámide en el que se realizaban sacrificios (el diseño de este templo fue utilizado en el videojuego de PC Aliens vs Predator [Fox Interactive, 1999]) y la escena de sexo entre Dallas y Ripley, quienes en el guión original tenían una relación romántica.
    La película tuvo un excelente recibimiento en EE.UU. y causó furor en Europa (particularmente en Alemania e Italia) y Japón. De hecho, durante toda la década de los ochenta, hubo secuelas apócrifas de Alien producidas en Italia —donde casi ni les gusta eso de piratearse las cosas— y un par de imitaciones provenientes de tierras germanas. Irónicamente, casi toda la primera hora de la película está fuertemente influida (por no decir que se la fusilaron vilmente) por la cinta italiana El planeta de los vampiros (Bava, 1965).


    Lo que sí es un hecho, es que después de esta cinta, las películas de monstruos jamás volverían a ser lo mismo y prácticamente todas tomarían su influencia en un aspecto u otro. Sin duda, un clásico inmortal que apenas si ha envejecido después de 35 años y una de las películas más influyentes en la historia del cine. Bastante bien para ser la segunda obra de un director con formación teatral a quien no le gustaban ni el Horror ni la Ciencia Ficción.

PARA LA TRIVIA: Sería casi aberrante negar que Sigourney Weaver con su interpretación de Ripley definió el arquetipo de la heroína de acción contemporánea (Nancy Thompson, Lara Croft, Jill Valentine y prácticamente cualquier personaje interpretado por Milla Jovovich no existirían sin Ripley); empero, la actriz estuvo a punto de perder el papel. Durante las pruebas de cámara, la Weaver mostró una violenta reacción alérgica al gato usado en la cinta; por desgracia, como había sido muy difícil conseguir un gato justo del color que quería Scott y que estuviera entrenado para hacer exactamente lo que el director necesitaba, sería más fácil cambiar a la actriz que al felino. Afortunadamente, en pruebas posteriores se descubrió que a lo que era alérgica la actriz era a la combinación del pelo de gato con la glicerina que el equipo de maquillaje utilizaba para hacerla sudar en cámara.
    Y hablando de Ripley, una anécdota interesante cuenta que Veronica Cartwright originalmente audicionó para dicho papel. La gente de Fox le dio call-back y la contrataron para la película, pero olvidaron decirle que le habían dado el papel de Lambert (y ella no preguntó). No fue sino hasta la primera prueba de cámara, cuando la vestuarista le entregó su uniforme (y después de tamaña discusión, según cuentan), que la Cartwright se enteró del papel que interpretaría en la cinta.



BIBLIOGRAFÍA
·         -GIGER, Hans Ruedi, Giger’s Alien, Estados Unidos, Morpheus International, 1989, 76p.

·          -GIGER, Hans Ruedi, www.HR Giger. Com, Alemania, Taschen, 1997, 241p.

·         -NATHAN, Ian Alien Vault, Estados Unidos, Voyageur Press, 2011, 175p.

·         -RIEIRA, Jorge, Alien: Terror en el espacio, Cult Movies 2, España, Midons Editorial, 1997, 95p.

·        - WESTWOOD, Emma Monster Movies, Reino Unido, Pocket Essentials, 2008, 192p.

OTRAS FUENTES
-The Beast Within: the Making of ‘Alien’, Charles de Lauizirika, Twentiwth Century Fox Home Entertainment, 2003, 178 min. aprox.   
  

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domingo, 11 de mayo de 2014

LA MASACRE DE TEXAS. A 40 años del Slasher Flick original.


LA MASACRE DE TEXAS
Conocida en España y en la literatura especializada como Masacre en cadena, pero que originalmente se llamó
The Texas Chainsaw Massacre


Tobe Hooper, 1974


¿Recuerdan que dije de Los cazafantasmas (Reitman, 1984) que pocas películas habían logrado tanto con tan poco? Bueno, pues esta cinta es una de esas pocas. De hecho, presupuestos aparte, creo que son pocas las películas que pueden jactarse de haber cambiado la Historia del Cine como lo hizo ésta; pues transformaría el cine de horror en las décadas por venir, definiendo su lenguaje.
    En un tono tan realista como jamás antes se había mostrado (para nuestros días puede resultar risible, pero en esa época esto era realismo), la película cuenta la historia de cinco jóvenes que viajan al condado de Newt, en Texas, después de escuchar las noticias sobre la reciente profanación de tumbas en el cementerio local. Al comprobar que la tumba de su abuelo no sufrió daño alguno, los hermanos Sally (Marilyn Burns) y Franklin (Paul A. Partain) Hardesty llevan a sus amigos a pasar el día en la antigua finca familiar. Poco saben ellos que en las inmediaciones habita una extraña familia de asesinos psicópatas con gusto por la carne humana. Uno a uno, los hermanos Hardesty y sus amigos caerán presas de Leatherface (Gunnar Hansen), el asesino que descuartiza sus víctimas con una motosierra y usa máscaras de piel humana, y sus hermanos caníbales.


    Al respecto de la génesis de esta cinta, puedo mencionar la historia del joven Tobe Hooper, recién egresado de la escuela de cine de la Universidad de Austin, quien en compañía de su amigo Kim Henkel (co-productor y co-escritor de la cinta), realizó una investigación para averiguar qué género cinematográfico era el más popular. Los resultados que arrojó dicho estudio demostraron a Hooper y a Henkel que las películas que más se consumían en aquel entonces (y creo que aún hoy día) eran las de horror y las comedias. Así pues, ambos compañeros decidieron que su primera película sería una de horror… Aunque de todos modos, como para sacarse el gusanito, cuando Tobe Hooper dirigió Masacre de Texas 2 (1986) la hizo una comedia.
    Según lo contó él mismo en una entrevista, a Tobe Hooper se le ocurrió la idea de un asesino que utilizara una motosierra como arma preferida cuando se encontraba en la inauguración de una tienda departamental en Austin. Sin darse cuenta, el tumulto atrapó a Hooper en el departamento de herramientas para jardín, justo frente a un anaquel con motosierras, y como lo único que el joven director quería era salir de ahí, ambas ideas hicieron clic en su cabeza.
    Al respecto de los actores, ninguno de ellos era profesional. La mayoría del elenco fue casteado del mismo club de teatro de la Universidad de Austin. También, dicho sea de paso por cruel que parezca, pocos de ellos realmente tuvieron una carrera actoral después. Marilyn Burns, protagonista de la cinta, fue mesera mientras esperaba su gran oportunidad en Hollywood... que nunca llegó; Gunnar Hansen, quien participó con un pequeño papel en la infantiloide La gente que el tiempo olvidó (Connor, 1977) al lado del legendario Doug McClure, se retiró de la actuación para escribir novelas costumbristas; y Jim Siedow, quien interpretó a Old Man, se empecinó en que no quería volver a salir en una película si el guión no le parecía tan bueno como el de La masacre de Texas, así que la única otra cinta en la que participó fue en La masacre de Texas 2.


    Muchos críticos y estudiosos del cine han analizado esta cinta desde muy diversos enfoques a lo largo de la Historia, la mayoría de ellos tratando de desentrañar el enigma de su inesperado éxito. Si bien un servidor no se atrevería a llamarla la Primera Película Moderna de Horror por considerar que dicho título le pertenece a Psicosis (Hitchcock, 1960), sí estoy plenamente convencido de que la ópera prima de Hooper es consecuencia del magistral thriller de Hitchcock y de que marcó la tendencia que seguirían las películas de miedo hasta nuestros días.
    De hecho, como dato no tan curioso, puedo mencionar que tanto La masacre de Texas como Psicosis se basaron en el mismo asesino serial de la vida real: el siniestro Ed Gein. Hombre sumiso reprimido por su padre alcohólico y su madre fanática religiosa, con quien vivió hasta la edad adulta, Gein no pudo superar la muerte de ésta y, dando rienda a un Complejo de Edipo mal resuelto, se dedicó a profanar tumbas de mujeres cuyos cadáveres consumía y con los cuales fabricaba muebles y vestidos. Después de un par de años, Gein no se sintió satisfecho con la profanación de tumbas del cementerio de la comunidad rural en la que vivía (Plainfield Wisconsin, en el centro Norte de Estados Unidos) y comenzó a asesinar mujeres que se parecían a su madre. Por cierto que también en Ed Gein se basó el personaje de Buffalo Bill de la película El silencio de los inocentes (Demme, 1991).
    Con tan macabra inspiración, la casa de la familia de Leatherface (bautizada con el humor más ácido posible como la familia Sawyer en Masacre de Texas 2) está decorada con muebles hechos de huesos diversos, restos de las incontables víctimas que sirvieron de cena para el macabro clan y de los “souvenirs” que éstos tomaron de algunas tumbas. Sofás de fémures, lámparas de cráneos y una gallina misteriosamente encerrada en una jaula demasiado chica para ella son sólo algunos de los adornos fúnebres que las jóvenes víctimas encuentran en la tétrica casa de los caníbales.


    Y hablando del clan de caníbales... ¿Qué hay con ellos? Me refiero a que mucho se ha discutido sobre qué relación guardan Leatherface y los otros tres miembros de su familia, conocidos sólo con los sobrenombres de Hitchhiker (Edwin Neal), Old Man (Jim Seadow) y Grandfather (John Dugan). Aunque aparentemente los tres primeros son hermanos, con frecuencia Old Man asume el rol de padre y líder del clan.
    Sobre este mismo rubro, los estudiosos del Séptimo Arte que se han dedicado al análisis de La masacre de Texas suelen preguntarse ¿por qué no hay mujeres en la familia? El único vestigio de alguna presencia femenina es la abuela momificada que los tres hermanos guardan en el ático. Eso o el hecho de que en dos escenas Leatherface usa máscaras de mujer (de hecho en la cuarta entrega de la saga, los realizadores decidieron volver a este asesino una especie de travesti).      
    Siempre me ha gustado el subtexto de esta cinta. Creo que, de hecho, la peli no narra la historia de los jóvenes asesinados, sino de Leatherface y sus hermanos, quienes representan a una familia estadounidense rural promedio cuyos valores son confrontados por las nuevas generaciones. La vuelta de tuerca en este discurso viene con el cuestionamiento sobre exactamente ¿cuáles son estos valores? Es decir, no cabe duda de que los posteriormente bautizados Sawyer son una familia más que unida, pero ¿con qué fin? ¿Queda justificado uno o varios crímenes en aras del amor fraternal?


    Finalmente, se trata sólo de una familia que hace lo que se supone que deben hacer todas: proteger a los suyos. En una de las primeras escenas, cuando los jóvenes recogen al Hitchhiker, Franklin y él dialogan sobre un matadero que ven en la carretera. Hitchhiker menciona que su familia solía trabajar en ese lugar, pero que se quedaron sin empleo tras la industrialización de los rastros. Se trata pues del desplazamiento del hombre por la máquina y la crisis laboral que esto genera desde el siglo XIX.
     La confrontación entre los valores decadentes de las entidades rurales y los nuevos valores de la sociedad de consumo nacida de la posguerra estadounidense fue en esta época el discurso de varias otras películas como el clásico churro del legendario H.G. Lewis 2000 maniáticos (1964), la aterradora Las colinas tienen ojos (Craven, 1977) o la muy perturbadora y controvertida Amarga pesadilla (Boorman, 1972).
    Ése, por cierto, es otro de los elementos que, según los teóricos, volvieron tan exitosa a esta película y que, por cierto, es uno que heredó de la ya mencionada obra maestra de Hitchcock (¿dirigió algo que no lo sea?). Volviendo a los terrores creados por el folklore, plantea el medio rural como un lugar peligroso. Es decir, sería obvio pensar (por lo menos antes de esta cinta) en la ciudad como el hogar de los lunáticos, pero ¿y el campo? Donde no hay dónde esconderse ni un alma en kilómetros a la redonda...


    Aunque la película fue muy escandalosa en su momento, y de hecho fue prohibida en varios países, las escenas de horror que presenta pueden resultar bastante tibias para nuestros tiempos. He de admitir que, no estoy seguro por qué, pero esta última vez que vi la cinta me causó más miedo que otras; pero estoy convencido de que el efecto que produce proviene más de la atmósfera creada con esmero que de algún otro recurso efectista. De hecho, según lo declaró Tobe Hooper en alguna entrevista, en toda la realización de la película se utilizó apenas medio litro de sangre artificial.
    Sin embargo, las actuaciones en esta película son tan deliciosamente grotescas, el tono tan grandguiñolesco y el ritmo tan medido que le dan un sabor único. Y es este sabor lo que la convierte, sin lugar a dudas, en el antecedente directo de todo el cine slasher de la década siguiente. Así es, esta película es la madre de todos los Michael Myers, Freddys, Jasons, Ghostfaces y demás asesinos enmascarados del cine.
    Curiosamente, a diferencia de la nutrida descendencia que mencioné arriba, la de Masacre de Texas es quizá la franquicia slasher menos afortunada de todas, y también la más corta. Con sólo siete películas (son pocas en comparación con las diez de Halloween o las trece de Viernes 13), debe reconocerse que la premisa se agotó en la primera cinta. Todas las demás han tenido que recurrir a piratearse escenas completas de la primera parte bajo el pretexto de rendirle homenaje o hacer guiños a los fans. ¡Nada! Pura falta de creatividad. El mismo Hooper pudo anticiparlo y por eso decidió que la segunda parte fuera una parodia de la primera.


    El legado de La masacre de Texas incluye tres secuelas de la original, un remake con su respectiva precuela, una secuela spin/off (del que ya hablé en un post anterior) en 3D, un videojuego para Atari 2600, tres series de cómics (la primera de las cuales incluyó el crossover Leatherface vs Jason) y una enorme cantidad de figuras de acción y merchandising relacionado.

PARA LA TRIVIA: He aquí varios hechos curiosos sobre la cinta.
·         John Dugan, el actor que interpretaba a Grampa, tenía sólo 19 años cuando hizo la película.
·         La casa de la familia caníbal fue filmada en una casa real en la que habitaba gente. El equipo de producción estaba vuelto loco con la logística para poder filmar al mismo tiempo que permitir a la familia que habitaba en la casa seguir con sus actividades cotidianas.
·         En los primeros borradores del guión la película se titulaba Braincheese (queso de sesos) haciendo alusión a un diálogo del personaje de Franklin.
·         Bill Moseley, quien interpretó a Hitchhiker (rebautizado como Top-Chop) en La masacre de Texas 2, fue convocado por la producción de la cinta cuando Edwin Neal, el actor original que hiciera el papel en 1974, se rehusara a aparecer en la secuela. Moseley había interpretado el papel en una parodia para televisión titulada The Texas Chainsaw Manicure.
·         Para simular la apariencia de piel humana mal curtida, la máscara de Leatherface fue moldeada con una mezcla de látex y fibra de vidrio.
·         En Italia (donde son famosos por sus extrañas traducciones para los títulos de las películas) la cinta se llamó No abras esa puerta.
·         La escena más difícil y tardada de filmar fue la de la cena. Para dicha secuencia, el equipo de producción trabajó durante 23 horas continuas. La iluminación era tan intensa y la ventilación tan escasa (para mantener la oscuridad dentro de la habitación las ventanas fueron cubiertas con bolsas de basura) que la comida en los platos (pollo hervido) comenzó a pudrirse, originando un terrible hedor que hizo que más de uno de los miembros del staff volviera el estómago. De hecho, en la versión de la cinta en Blu-Ray puede verse el vapor de la descomposición emanando de los platos.
·         A pesar de que la cinta se promocionó como “Basada en hechos reales” para atraer al público, en toda la historia del estado de Texas no existe un solo reporte de un asesinato cometido con una motosierra.
·         La secuela de la película tardó casi 13 años en estrenarse por el montón de líos legales que se desataron por los derechos de autor. La compañía que la había distribuido originalmente, White River Productions, resultó ser un frente para lavar dinero de la mafia italiana que se esfumó con las ganancias y los derechos de distribución. Hubo mucha gente involucrada en la realización de La masacre de Texas, incluidos algunos de los actores, que nunca vieron un solo centavo por concepto de pago de regalías.
·         La actriz Marilyn Burns sufrió sendas heridas en la escena en la que corre por un zarzal, por lo que muchos de los arañazos y cortadas que se le ven en cámara eran reales.


lunes, 5 de mayo de 2014

CAPITÁN AMÉRICA Y EL SOLDADO DEL INVIERNO. El nuevo producto del monopolio Disney/Marvel.


CAPITÁN AMÉRICA Y EL SOLDADO DEL INVIERNO
Captain America: The Winter Soldier


Anthony Russo y Joe Russo, 2014


Recuerdo que durante mucho tiempo estuve renuente a ver la primera película basada en este personaje, pues nunca ha sido uno de mis superhéroes favoritos; aunque sí me muestro parcial hacia el villano Red Skull como uno de los mejores. Además,  los créditos anunciaban que la había dirigido el inepto profesional Joe Johnston, autor de churros insoportables como Jumanji (1995), Jurassic Park III (2001) o El hombre lobo (2010). Sin embargo, cuando por fin le di la oportunidad, quedé gratamente complacido por cómo manejaron toda la historia y los elementos del universo del Capitán América.
    Para esta secuela, mi escepticismo renació; pero después de escuchar varios comentarios favorables sobre la cinta, me decidí a verla y, aunque me parece que es bastante diferente a la primera, he de decir que tampoco decepciona. En general, la opinión que he escuchado es que esta segunda entrega supera a la anterior, aunque no concuerdo.


    Esta secuela, cuyos hechos acontecen después de los sucedidos en The Avengers: Los vengadores (Whedon, 2012; me re-patean las traducciones redundantes de títulos, pero siempre pongo el título oficial para México en el blog), narra la historia de una conspiración para desaparecer a la agencia S.H.I.E.L.D. que incluye un atentado en contra de su director, Nick Fury (Samuel L. Jackson, que a pesar de que me cae tan bien, no me pareció que le cambiaran la raza al personaje) y todo un complot para acusar a Steve Rogers/ Capitán America (Chris Evans) por sedición. Al volverse un proscrito, Rogers es perseguido por un escuadrón de mercenarios liderados por el misterioso sicario conocido como Winter Soldier (Sebastian Stan) y sólo podrá recurrir a Natasha Romanoff/ Black Widow (Scarlett Johansson con un bronceado que se ve terrible en HD) y Sam Wilson/ Falcon (Anthony Mackie); pero… ¿En quién puede confiar realmente Rogers cuando parece que las más altas esferas del gobierno estadounidense están involucradas en la conspiración?
    Al igual que la cinta anterior, ésta me agradó bastante. Por supuesto, tiene sus fallas, pero en general se deja ver con un cubo grande de palomitas y otro de refresco. Las actuaciones son decentes, nada del otro mundo y, la piedra angular de todo el numerito, los efectos especiales, son bastante impresionantes. Algo que sí se agradece en ese rubro es el hecho de que los directores hayan tratado de hacer todo lo posible con efectos tradicionales y stunts, tratando de reducir al mínimo el uso del CGI.
    La trama de esta cinta es complicada y el guión es complejo; creo que más de lo usual en películas de este tipo, lo cual la vuelve muy interesante. Por desgracia, éste es también uno de los puntos débiles pues el resultado final es una película dispareja. Me refiero a que toda la primera mitad es una especie de thriller político aderezado con algunas muy bien logradas escenas de acción.



    Sin embargo, durante la segunda mitad de la peli, mandan a volar la trama y la llenan de esas escenas de acción que son espectaculares; pero que terminan por no llevar a ningún lado. Quizá no sobran del todo, pero después de la parte verborreica y llena de suspenso del principio, simplemente se ven fuera de lugar. Incluso parece que uno está viendo una película diferente.  Eso sí, la pelea del Capitán América contra el villano cuyo nombre da título a la película está muy bien lograda y es emocionante.  
    Sin embargo, el héroe que se lleva la película es sin duda Falcon. Creado por el legendario Stan Lee y el artista Gene Colan, Falcon fue el primer superhéroe afroamericano de Marvel Cómics y apareció por primera vez en Septiembre de 1969 en Capitán América #117. Originalmente se trataba de Samuel Thomas Wilson, un cetrero que vivía en Manhattan y entrenaba a su halcón llamado Redwing, y que después era reclutado por un grupo de supuestos cazadores que, según se revelaría más tarde, eran nazis bajo las órdenes de Red Skull. Rogers lo hace ver su error y Wilson toma la identidad de Falcon para reivindicarse. El mayor logro de esta cinta en el aspecto del diseño, a gusto de un servidor, fue cambiar el colorido traje de Falcon y lograr que no se viera ridículo en pantalla.



    En el caso de Winter Soldier, su identidad secreta, James Buchanan Barnes, apareció desde el primer número de la serie original del Capitán América en 1941, creado por Joe Simon y el legendario Jack Kirby. “Bucky” se convirtió en el compinche del Capitán América (una especie de Robin, de hecho) y se creyó que había muerto en 1945, tratando de desactivar una bomba plantada por el Barón Zemo. Sin embargo, Bucky sobrevivió. Perdiendo un brazo, y sufriendo daño cerebral y amnesia, Bucky cae en las aguas congeladas del Mar del Norte y es rescatado por el Ejército Soviético, quienes lo lleva a Moscú, donde se le implanta un brazo biónico y se le programa como un asesino encubierto al servicio de la U.R.S.S. además de que tiene un amorío con Black Widow (¿Y quién no en el universo Marvel, por favor? Creo que es requisito para sacar una membresía de Blockbuster).
    La historia de ambos personajes (particularmente de Winter Soldier) fue más o menos adaptada fielmente al filme. Sería interesante ver cómo la seguirán desarrollando en posteriores entregas, pues en los cómics, Bucky toma el lugar de Steve Rogers cuando este muere (o eso creímos todos) al final de la saga Civil War.


    Algo que me ha gustado de ambas películas de Capitán América, es el tratamiento que le dan a su tema central: El patriotismo. Dejando muy aparte el que esta cinta sea un producto más del monopolio del entretenimiento Disney/ Marvel —¿Han notado que estos tipos tienen al menos dos películas en cartelera al mes?— me gusta cómo manejan este valor.
    Mucha gente con la que he hablado me ha señalado que se negó a ver la primera película porque “es pura propaganda gringa”. La verdad, cuando yo la vi me pareció que el tema era mucho más profundo (vamos, tan profundo como una película de éstas puede llegar a ser, tampoco es Cassavetes): precisamente se trata de un hombre que descubre la diferencia entre la mera propaganda y el verdadero patriotismo, y encuentra dicho valor dentro de él.


    El discurso en esta segunda parte va más o menos por el mismo tenor y es que ¿a quién puede acudir Rogers cuando las instituciones del estado al que juró proteger lo traicionan? Precisamente: al hombre común y corriente, representado en este caso por Wilson —Y si alguien está pensando que un tipo con alas mecánicas no es un hombre común y corriente, recuerden que estamos hablando del universo Marvel—. Así, el mensaje termina siendo que una Nación no es sus instituciones, sino su gente y que es precisamente la gente el único agente de cambio verdadero para un país (nada mal para Disney, ¿no?). Se incluye por ahí el dilema moral sobre si se debe sacrificar la libertad en aras de la paz, además.
    Así pues, se trata de una película palomera pero eficiente. No es la octava maravilla, pero resulta muy entretenida y la parte de thriller político está bien lograda. Quizá es demasiado larga, ya que la segunda parte no tiene prácticamente ningún sustento y son sólo peleas y balazos, se vuelve un tanto monótona después de lo denso del guión de la primera mitad. Esta película tiene un tono más “serio” que la original y deja atrás bastantes elementos “camp”. No es la mejor peli de superhéroes, pero es muy recomendable.



PARA LA TRIVIA: Según lo declaró en una entrevista, Robert Redford aceptó aparecer en esta cinta porque sus nietos son fans de los superhéroes de Marvel y quería que lo vieran en una de sus películas (hay que ver lo que hace la vejez).

SPOILER: En el epílogo de la cinta, ése que ya se volvió tradición en las pelis de Marvel y que es siempre una jugosa carnada para los fans, se presenta a los hijos de Magneto: La Bruja Escarlata y Quicksilver.