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lunes, 24 de febrero de 2014

EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVIENTES. A casi 30 años de distancia, los muertos me dan risa.



EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVIENTES
Return Of The Living Dead
Dan O’Bannon, 1985 

No digo que ésta sea la primera comedia con zombies, pues muy seguramente ese reconocimiento sea para alguna película de serie B de adolescentes bobalicones en los 50. Lo que sí puedo decir es que ésta es la cinta que creó toda una mitología al respecto y que equilibró el universo creado por la fundamental La noche de los muertos vivientes (Romero, 1968). Si alguien de ustedes, queridos lectores, sobre todo aquéllos que como yo fueron niños en los ochenta, recuerda que los zombies se alimentan específicamente de sesos, es por esta cinta.
    Según esta película, la anécdota narrada en la película de clásica de Romero está basada en un hecho real. Sin embargo, aunque en la mencionada cinta se encubrieron las causas del incidente, Frank (James Karen), el cuidador de un depósito de suministros médicos en las afueras del pequeño pueblo de Louisville, Kentucky (pueblo real donde fue filmada la cinta, quién lo creería), conoce la verdad. Y la conoce porque en el sótano del depósito hay todo un lote del químico experimental Tiroxina, que puede reanimar a los muertos, que fue entregado por error por la compañía fabricante.

    Así pues, debido a un error de Frank, la Tiroxina se fuga hacia el cementerio local reviviendo a los muertos, viejos y frescos, y generando una plaga que pone en peligro a toda la humanidad.
    Esta es una de esas películas que muy difícilmente hubieran existido fuera de su época. Y no me refiero únicamente a la banda de punks que parrandea en el cementerio y que es parte fundamental de la trama, sino que considero que hace falta un sentido de humor tan cínico como el nacido de la desesperanza y la falta de fe en el futuro que caracterizó a la década de los ochenta, para idear una comedia como ésta y para encontrarla tan hilarante. A pesar de lo cual, el espíritu de esta cinta trasciende las épocas.

    La bomba satírica que es el guión de esta película corrió por cuenta de su propio director, el genial Dan O’Bannon (1949-2009), cuyos créditos incluyen los guiones de Alien: el octavo pasajero (Scott, 1979), uno de los segmentos de la peli Heavy Metal (Potterton, 1981) y Vengador del futuro (Verhoeven, 1990). El primer intento de O’Bannon por acercase a la comedia se dio en 1974, con la cinta escrita y actuada por él mismo Dark Star (Carpenter), y es la opinión de un servidor que el humor francamente ramplón de aquella ópera prima se fue cocinando a fuego lento hasta dar como resultado El regreso de los muertos vivientes, que depende menos del pastelazo y recae más en el chiste negro.
    También muy característico de la época en que se hizo esta cinta es su genial soundtrack. Tanto las composiciones meramente instrumentales como la selección de temas cantados para esta peli son un gran ejemplo de la moda musical de aquellos ayeres, conjugando géneros como el Hard Rock, el Pop, el High Energy y el Punk. ¿Mi tema favorito de este álbum? Estaría entre el tema principal (Tiroxine theme) y la genial Tonight (We’ll Make Love Until We Die) de SSQ.

    Es interesante notar que, aunque la cinta es sin duda una comedia, al igual que su descendiente directa, El desesperar de los muertos (Wright, 2004), no se muestra precisamente jocosa con las escenas de muerte. De hecho, no tiene reparo alguno en mostrar chorros de sangre al por mayor y zombies dándose un festín con sesos frescos... Por cierto que se supone que los muertos vivientes deben comer sesos porque es lo único que mitiga el dolor de estar muerto. Supongo que estos cadáveres reanimados son conscientes de su propia descomposición o algo así.
    A diferencia de las pelis de Romero en las que los zombies son siempre muertos recientes, en este film prácticamente todos los organismos muertos, de cualquier antigüedad, vuelven a la vida. Lo cual lleva a una serie de situaciones chuscas  como la resurrección de un montón de animales cortados en canal y convertidos en modelos para clases de veterinaria, o el cadáver de una anciana, prácticamente momificado, que explica los motivos por los cuales los muertos hacen lo que hacen.

    ¿Y cómo olvidar al llamado Tar Man (Hombre Brea)? Se supone que él es uno de los zombies resultantes del incidente original con la Tiroxina en los 60. Quizá el maquillaje de esta criatura no es realista, sus ojos azules y saltones, y su lengua rosada están sin duda fuera de lugar en un cadáver que tiene veinte años descomponiéndose (a menos que el contenedor de tiroxina haya actuado como conservador, tipo aceite o salmuera); pero sin duda son chistosísimos… aun cuando Tar Man está mordiéndole el cráneo a algún punk.
    Si bien las primeras dos cintas de muertos vivientes dirigidas por Romero no presentaron muertos vivientes memorables (digo, más allá del zombie harekrishna de El amanecer de los muertos [Romero, 1978]), esta parodia sí que lo hace. Y es que ¿cómo olvidar a la muy sexy punk ninfómana conocida como Trash (Linnea Quigley)? Como en buena película de explotación, Quigley nos regala un buen número de escenas injustificadas de desnudos, y caray, hasta después de convertirse en un cadáver andante se ve sexy. Estas imágenes, por cierto, se usaron como póster de la cinta para el mercado europeo.
    Risas, irreverencia, sangre, desnudos, más sangre, música genial y chorros de sangre ¿qué más se puede pedir? De hecho, sucede un fenómeno en extremo curioso con esta película y creo que podría ser único de ella: ésta es una de las muy pocas parodias que he visto que a su vez han generado parodias. Los casos más notorios son el segmento Marca Z para Zombie del especial de Halloween de Los Simpson La casita del horror III, y las escenas de zombies en el videojuego Metal Slug 2. En este último incluso la música es una parodia del tema de la película de O’Bannon.

    El regreso de los muertos vivientes generó dos secuelas: El regreso de los muertos vivientes parte II (Wiederhorn, 1988), que no es tan genial como la primera pero no es mala… principalmente porque en realidad es más de lo mismo, pero situada en los suburbios en vez de en la zona industrial, incluso algunos actores de la primera parte regresaron a esta secuela haciendo papeles diferentes. Y La venganza de los muertos vivientes (El regreso de los muertos vivientes III, Yuzna, 1993) que pone en la silla de director al legendario Brian Yuzna, productor de Re-Animator (Gordon, 1982), para contar una retorcida historia llena de humor negro que termina siendo una especie de Romeo y Julieta a la zombie.
    En 2005 salieron al mercado dos secuelas más, producidas directamente para video, con desastrosos resultados: El regreso de los muertos vivientes: Necropolis (Elkayem, 2005) y El regreso de los muertos vivientes: Danza Macabra (Elkayem, 2005).
PARA LA TRIVIA: Los personajes de los cuidadores de la bodega de suministros médicos se llaman Bert y Ernie, lo que es una clara referencia al programa infantil Plaza Sésamo (conocidos en México como Beto y Enrique).


martes, 21 de enero de 2014

LOS CAZAFANTASMAS. ¿A quién vas a llamar... 30 años después?




LOS CAZAFANTASMAS

Ghostbusters

Ivan Reitman, 1984

Si tuviera que escoger forzosamente una sola película como icono de los ochenta, creo que muy probablemente sería ésta (aunque sí se echa un téte a téte con Volver al futuro[Zemeckis, 1985]). Son pocas las historias de películas que han hecho tanto con tan poco y que se han vuelto, casi de inmediato, un referente de la cultura pop. El éxito de esta cinta generó una secuela, tres series de dibujos animados (la primera de ellas excelente), cinco videojuegos, tres series de cómics, un manga y una extensa colección de figuras de acción, además de otros elementos de merchandising relacionado.
    La peli cuenta la historia de tres profesores universitarios fracasados; el cínico Dr. Peter Venkman (el excelente Bill Murray), el soñador Dr. Ray Stanz (Dan Aykroyd, co-escritor de la cinta) y el cerebrito Dr. Egon Spengler (Harold Ramis, co-escritor junto con Aykroyd), cuyas teorías sobre Parapsicología son la burla de la academia, por lo que son expulsados de la Universidad de Nueva York. Para no morirse de hambre, estos profesores abren un negocio en el que capturan fantasmas a domicilio. La empresa marcha bien y hasta contratan a un cuarto integrante, el prosaico Winston Zeddmore (Ernie Hudson). Sin embargo, todo parece indicar que el éxito del negocio se debe a un inusual incremento de la actividad paranormal en Manhattan que sería el preludio de la llegada a nuestra dimensión del antiguo dios sumerio destructor, Gozer (Slavitza Jovan), y cuyo epicentro se localiza en el condominio donde vive una de las primeras clientas de los Cazafantasmas e interés romántico de Venkman, la concertista Dana Barrett (la legendaria Sigourney Weaver).

     La idea es tan descabellada que podría funcionar... Y vaya si lo hizo. A pesar de sus limitantes de presupuesto y de que la película se tuvo que filmar con prisas para no gastar demasiado dinero (incluso hay un par de escenas donde se ve que el boom entra a cuadro, pero no pudieron volver a filmarlas), resulta en una comedia con elementos de Ciencia Ficción (una embarrada nomás) bastante efectiva.
    Tras darle muchas vueltas al asunto y pensarlo y re-pensarlo he llegado a la conclusión de que el éxito de esta cinta, al igual que el de la ya mencionada Volver al futuro, puede muy bien deberse a la concepción que presenta de la sociedad. Me refiero, específicamente en el caso de Los Cazafantasmas, a la reivindicación de la figura de los nerds.
    Otras películas contemporáneas como Porky’s (Clark, 1982) y La venganza de los nerds (Kanew, 1984) ya habían mostrado a los cerebritos tomando retribución, pero siempre en un tono satírico que encumbraba a los ñoños al mismo tiempo que se burlaba de ellos. Cazafantasmas, por el contrario, iba un paso más allá y ponía a los nerds en el papel de héroes. Estos hombres no peleaban por su dignidad perdida o por recuperar la casa de su fraternidad en la Universidad, luchaban por impedir el Fin del Mundo, y para ello no contaban con súper poderes, habilidad militar alguna o grandes músculos… ¡Vamos ni siquiera podían pagar la renta! Estos tipos tenían sus mentes brillantes y a la Ciencia de su lado.


    Los efectos especiales de la peli son espectaculares (para 1984), a pesar de que fueron creados de formas más o menos baratas. Para lograrlo, los artistas de efectos especiales utilizaron todas las viejas técnicas que el cine había producido a lo largo de las décadas. Años antes de que los efectos por computadora impusieran su dominio y sin poder pagar costosos animatrónicos, Cazafantasmas se sirvió del Stop-Motion, el fotomontaje, las botargas, diversos trucos fotográficos e incluso trucos tan sencillos como la Perspectiva Forzada, la pintura mate o los títeres para dar vida a toda una legión de espectros y criaturas demoniacas... O no.
    Me refiero a que la película está tan bien armada (el guión y la edición son excelentes… excepto por el asunto de los boom) que apenas en este último visionado me percaté de que el tiempo en pantalla de los fantasmas es tan poco (Gozer y los zuuls no cuentan porque no son fantasmas). Hagan cuentas, en verdad hay pocos fantasmas en esta cinta; pero los que hay son ciertamente geniales. ¿Cómo olvidarnos del asqueroso pero carismático Pegajoso (Slimer)? ¿O quién no recuerda las escenas de un gigantesco Hombre de Malvavisco asolando las calles de Manhattan?
    Las actuaciones son bastante decentes. Además de los comediantes como Aykroyd, Ramis o el genial Rick Moranis (quien interpreta al francamente teto Louis Tully), el elenco cuenta con actores crecidos en las tablas del teatro, como el ya mencionado y posterior ganador del Oscar Bill Murray o el prototipo de la heroína de acción contemporánea, Sigourney Weaver. La química entre los actores es innegable y se ve en pantalla, realmente se ve el compañerismo entre los cuatro integrantes del equipo.


    Cinco años después, con prácticamente idéntico reparto, Columbia Pictures produciría una secuela no muy afortunada. En ella (bueno y en la vida real también), han pasado cinco años desde que los Cazafantasmas salvaran a la Ciudad de Nueva York, y quizá al mundo, pero ahora se han quedado sin trabajo y se han desintegrado. Sin embargo, se reúnen para atender un nuevo caso en el que la energía negativa de la Ciudad parece alimentar lo que será la reencarnación de un antiguo guerrero, llamado Vigo el caboverdiano (Wilhelm von Homburg, y según me enteré, ése es el gentilicio para los habitantes de los Cárpatos), en el cuerpo del bebé de Dana Barrett. Y sí, apenas si salen fantasmas.
    A pesar de no haberle llegado ni a los talones a su predecesora, ni en recepción de taquilla ni en calidad, esta peli generó un spin-off de la serie de dibujos animados titulada Pegajoso y los verdaderos Cazafantasmas (1989), con un corte más infantil.
    A mediados de la década de los noventa comenzó a correr el rumor de una tercera entrega de la saga, pero el proyecto nunca se concretó. En cambio, se produjo la serie de dibujos animados Extreme Ghostbusters (1997), que a pesar de tener buenos guiones, argumentos interesantes y seguir la cronología de las películas (Egon Spengler regresa a dar clases en la Universidad y recluta a un grupo de estudiantes marginados e inadaptados para formar un nuevo equipo de Cazafantasmas), gozó de muy poca popularidad, tanto que fue cancelada después de cuarenta episodios.

    Finalmente, durante la década pasada el rumor de Cazafantasmas III volvió a rondar Hollywood y hasta se escribió un guión en el que el equipo se enfrentaría al mismísimo Diablo. Sin embargo, el proyecto se canceló cuando Bill Murray se negó rotundamente a participar argumentando que odiaba las secuelas; el guión fue adaptado y utilizado en el videojuego Ghostbusters: The Game (Atari, 2009). Aún ahora, el proyecto de la tercera parte, ya sin Murray en el elenco, sigue en pie, pero sin una fecha de estreno. 

PARA LA TRIVIA: En 1975, la productora infantil para TV Filmation creó una serie de televisión de acción en vivo titulada The Ghost Busters, cuyo argumento iba sobre un equipo formado por dos viejos y un gorila que viajaban en una carcacha y  se dedicaban a cazar fantasmas con un humor por demás ramplón. Cuando apareció la película de Aykroyd y Ramis, no pudieron registrar el título por las complicaciones legales que hubiera generado con Filmation. Empero, tras el éxito de la cinta, Filmation produjo una versión actualizada de su show televisivo, esta vez en dibujos animados, para colgarse de la fama. Para evitar que la competencia usufructuara el título, Columbia Pictures produjo, meses después, la excelente serie de dibujos animados Los verdaderos Cazafantasmas (1986-1991).

lunes, 13 de enero de 2014

MIS REFRITOS FAVORITOS. No todos los "remakes" son malos.


MIS REFRITOS FAVORITOS 

Algunos teóricos de la Literatura han argumentado que no hay nada nuevo bajo el sol, que todo está escrito y que en toda la historia de la humanidad sólo hay cien argumentos originales; otros estudiosos de la materia rebaten a los primeros diciendo que en realidad sólo hay treinta y seis argumentos originales y que todo lo que se ha escrito son variaciones sobre los mismos temas.
    Muy aparte de la terrible crisis por la que atraviesa la industria estadounidense del entretenimiento ‒no es un fenómeno exclusivo del cine pues la televisión, la literatura “comercial”, el teatro musical y hasta los videojuegos se hallan en el mismo predicamento‒ es un hecho que los remakes, despectivamente llamados “refritos” han existido siempre. Incluso en los albores del cine, cuando éste se volvió sonoro, nuevas versiones de las películas silentes fueron producidas para adaptarlas a las nuevas tecnologías.
    Más tarde, el “refritear” una peli se volvió una forma de asegurar un éxito. Es decir, en vez de arriesgarse produciendo algo original, los empresarios dedicados a hacer películas usan algo ya probado; quienes no conozcan la peli original, la verán como algo nuevo, y quienes sí la vieron igual irán a verla aunque sea por puro morbo.
    Generalmente, las nuevas versiones de los clásicos suelen palidecer cuando se les compara con los originales. Sin embargo, hay casos, excepcionales y más bien atípicos, en los que las nuevas versiones de los clásicos encuentran un subtexto adecuado para su discurso y llegan a ser tan buenas o a veces, sólo a veces, incluso mejores que las originales.
    A continuación presento una lista de los remakes que considero son tan buenos como sus versiones originales, o incluso meores... Y la mayoría son de Horror y Ciencia Ficción.

1.- LA INVASIÓN DE LOS USURPADORES DE CUERPOS (Invasion of the Body Snatchers)

Don Siegel, 1956 / Phillip Kauffman, 1978

Basada en la novela de Jack Finney, Los ladrones de cuerpos, estas cintas narran la historia de una invasión extraterrestre en la que los alienígenas clonan a los habitantes de nuestro planeta y los suplantan. En la primera versión, la acción se desarrolla en el ficticio pueblo californiano de Santa Mira, mientras que el remake, cuyo reparto incluye a los geniales Donald Sutherland, Veronica Cartwright, Leonard Nimoy (sí, el Mr. Spock original) y a un jovencísimo Jeff Goldbum, ocurre en San Francisco.
    La segunda versión prácticamente manda a pasear a la novela y se enfoca en expandir los elementos planteados en la primera cinta, tanto como que muchos críticos consideran que está en un punto intermedio entre el remake y la secuela.

    Y creo que precisamente el punto fuerte de este par de cintas es que encontraron un subtexto muy sólido y saberlo manejar de forma exquisita para crear en el público una sensación de terror que pocas películas han alcanzado. Mientras la peli de 1956 trata de ser una crítica al McCarthismo, la de 1978 es una sátira de la sociedad consumista de su época.
    Esta misma historia sería refriteada dos veces más con Los usurpadores de cuerpos (1994), realizada por el director underground Abel Ferrara y en la que la acción se desarrolla en una base militar, y la verdaderamente terrible Invasores (2007), dirigida por Oliver Hirschbiegel y protagonizada por Nicole Kidman y Daniel Craig. Ninguna de estas cintas roza siquiera el nivel de genialidad de las primeras dos versiones y la de 2007, siendo amable, es bastante mala.
                                                            
    En el caso de la cinta de 1978, no sé si habrá influido el hecho de que la primera vez que la vi fue en un maratón de Halloween a la una de la mañana, pero me resultó una experiencia aterradora que se ha repetido con cada visionado posterior. Las excelentes actuaciones, la fotografía sombría, los excelentes efectos especiales y un par de escenas muy bien construidas hacen de esta cinta una excelente propuesta. Aterradores resultan tres elementos que se me quedaron muy grabados en la memoria: el chillido de los alienígenas para delatar a los humanos, la escena de un clon fallido indigente-perro y el hecho de que los extraterrestres suplantan a las personas mientras duermen, por lo que los protagonistas deben mantenerse despiertos constantemente, lo que afecta su percepción e incrementa su paranoia.
    El final, por cierto, también es aterrador.
 

PARA LA TRIVIA: En la versión de 1978 el actor Kevin McCarthy, protagonista de la versión de 1956, hace un cameo; mientras que en la peli de 2007, Veronica Cartwright, quien interpreta a Nancy en la cinta de 1978, hace un papel secundario.

2.- LA COSA DE OTRO MUNDO (The Thing From Another World / The Thing)

Christian Nyby, 1951 / John Carpenter, 1982

Basada en la historia corta de John W. Campbell Jr. titulada ¿Quién anda ahí?, este par de películas narra la historia de un grupo de científicos aislados en una base de investigación polar (ubicada en Groenlandia en la primera versión y en la Antártida en la segunda) que entran en contacto con un organismo extraterrestre, prácticamente indestructible, que amenaza con destruir a la humanidad. En la versión de 1951 se trata de un ser proveniente de un planeta en el que las plantas evolucionaron en seres inteligentes, mientras que en la de 1982 es una criatura amorfa (que es un montón de carne, viscosidad, dientes y tentáculos)  que replica a otras para pasar inadvertida y propagarse en este planeta.
    Mientras que la peli original es un clásico de la Ciencia Ficción, la versión de John Carpenter es una obra maestra que, en la tradición de Alien: el octavo pasajero (Scott, 1979), incorpora elementos del cine de horror e incluso del gore para crear una historia de paranoia absoluta; el final, inspirado en un episodio de la serie de TV Dimensión desconocida (1959-1964), es uno de los más geniales en las películas del género.

    Los efectos especiales creados por Rob Bottin (con una pequeña ayuda de su amigo, el gran Stan Winston), artista cuyos créditos comprenden efectos de maquillaje en cintas como Aullido (Landis, 1984), Roocop:el defensor del futuro (Verhoeven, 1987), El vengador del futuro (Verhoeven, 1990) o Seven: Los siete pecados capitales (Fincher, 1995);  son, convenientemente, fuera de este mundo y constituyen secuencias no aptas para los débiles de estómago cuya crudeza y realismo, de hecho, fueron en parte los causantes de su fracaso en la taquilla y los múltiples ataques por parte de la crítica. A su favor diré que ésta es una del puñado de películas que, en veintiocho años, me han podido revolver la panza. Atención aparte merecen la criatura perro, el cráneo “mandibulado” de Fuchs (Joel Polis) y la escena del desfibrilador (por mencionar sólo algunas)... Y todo antes de que el CGI echara a perder los efectos especiales.
    Mientras que la versión de 1951 utilizaba a la criatura extraterrestre como una especie de metáfora del Comunismo; en la de 1982, y a pesar de que Carpenter lo ha negado varias veces, se entiende que la criatura es una metáfora del SIDA. La paranoia y el terror nacen entonces de que todos los personajes en la cinta se ven sanos y completamente normales, pero sabemos que por lo menos uno de ellos está infectado con una forma de vida extraterrestre. El final alternativo de la cinta (que no se utilizó, afortunadamente) mostraba una escena en la que R.J. MacReady (Kurt Russell), sobreviviente de la base antártica, se hace una prueba de sangre y confirma que no está infectado.

    Por cierto, esta cinta fue la primera de Carpenter en no ser musicalizada por él mismo. Originalmente se había pensado en Jerry Goldsmith (El planeta de los simios, Alien: El octavo pasajero) para componer el score de la peli; pero tras declinar la oferta fue sustituido por Ennio Morricone, (cuyas partituras incluyen la muy memorable El bueno, el malo y el feo, y La misión) quien creó un soundtrack minimalista y aterrador, muy al estilo de lo compuesto por Carpenter para Halloween. 
    En la cinta, se supone que los primeros en descubrir a La Cosa fueron científicos noruegos y que su campamento fue diezmado por el alienígena. En 2011 se estrenó una precuela / remake, dirigida por Matthijs van Heijningen, que cuenta la historia de estos científicos; por desgracia, su paso por las salas de cine fue tan imperceptible como la criatura del título. De hecho, no he podido ver esta versión; pero, siendo justos, la de 1982 fue un fracaso de taquilla y más bien construyó su muy nutrida legión de fans (entre los que me cuento) gracias a ese mercado tan fértil en los 80 que fueron los videoclubes.
 

PARA LA TRIVIA: Aunque la película está ambientada en la Antártida, las escenas en exteriores fueron filmadas en los glaciares de Canadá y Alaska; mientras que los interiores se filmaron en un estudio en Los Ángeles. Para recrear el ambiente gélido del Polo, logrando que los actores exhalaran vaho y sus mejillas se sonrosaran, los constructores del set lo refrigeraban mediante una tubería de nitrógeno líquido mientras se rodaba la película ¡En pleno Julio californiano!  


3.- LA MOSCA (The Fly. La versión original se conoció en nuestro país como La mosca de la cabeza blanca.)

Kurt Neumann, 1958 / David Cronenberg, 1986

El Mito de Prometeo (o Fausto o Frankenstein, para el caso) es traído a la vida una vez más con estas cintas. La primera de ellas está basada en la historia corta de Ciencia Ficción escrita por el autor británico George Langelaan (1908-1969) y que fuera publicada en 1957 en la icónica revista Playboy.
    En esta primera versión, el inventor André Delambre (David Hedison) trabaja en su sótano en el nuevo invento que revolucionará al mundo: una máquina teletransportadora. Gracias a un infortunado accidente al experimentar la máquina consigo mismo, Delambre mezcla su cuerpo con el de una mosca, resultando un hombre con cabeza de insecto y un díptero con cabeza de humano.

    En la versión de 1986, el científico ermitaño Seth Brundle (Jeff Goldblum en el papel que lo inmortalizó), subcontratado por las Industrias Bartok, crea en su laboratorio (el ático mugroso de un edificio industrial en Toronto) una máquina teletransportadora. Pero su vida cambia cuando conoce a la reportera Ronnie Quaife (Geena Davis, quien de hecho era novia de Goldblum en aquellos tiempos) y se enamora perdidamente de ella. Y como hormona mata neurona, en un arranque de celos, Brundle experimenta el teletransportador en sí mismo, sin percatarse de que con él entró una mosca. El resultado será una mutación en Brundle que, a diferencia de la película original, se da de manera progresiva mientras el otrora científico va transformándose en un grotesco insecto gigante.
    Durante muchos años esta película ostentó el título de la cinta con los efectos especiales más asquerosos de la Historia, pues mientras Seth Brundle se va transformando en el monstruo que él cariñosamente apoda “Brundlefly” (Brundlemosca) su cuerpo se llena de tumores, pierde el cabello, los dientes, las uñas, las orejas y el pene. Y, por si todo esto no bastara, Brundlefly también desarrolla un sistema digestivo de mosca, por lo que vomita jugos gástricos sobre su comida para poder digerirla fácilmente (sí, las moscas de verdad hacen eso).
    Más allá de la metáfora o el simbolismo que pueda manejar esta cinta, el elemento por el que la considero una obra maestra es la sensibilidad de su creador, el legendario David Cronenberg, para crear un protagonista complejo y completamente patético: Sí, Brundle se convierte en un monstruo y su mente se va trastornando de manera directamente proporcional a la forma en que su cuerpo se degrada; pero es imposible no sentir lástima por el pobre tipo. Así pues, una mezcla de horror, asco y lástima elevan a este científico del celuloide al nivel de un héroe de tragedia clásica.
    Ésta es mi segunda película favorita del Cronenberg clásico (la primera es Crash: Extraños placeres [1996], aquél de su etapa del “horror corporal”, en la que sentía cierta obsesión por las deformidades físicas y se regodeaba mostrándolas. Sin embargo, es loable la maestría del autor canadiense para utilizar elementos propios del más crudo cine gore como herramientas narrativas que trascienden el morbo y que realmente apoyan a las acciones dramáticas de la película.
    Algunos críticos consideran que éste es precisamente el mejor remake en la historia del cine. Durante la década pasada sonó muy fuerte el rumor de una tercera versión de esta historia que sería protagonizada por Adrien Brody, pero la idea nunca se concretó.

 

PARA LA TRIVIA: Originalmente se había escrito un epílogo para la cinta en el que Ronnie sueña con estar embarazada del bebé de Seth, y éste nace de una crisálida con alas de mariposa en la espalda. La escena se filmó varias veces, pero al final decidieron dejarla fuera de la película pues nunca lograron que el bebé (un muñeco animado con Stop-motion) se viera real. De hecho, el final de la cinta siempre me ha parecido demasiado abrupto, y es que la última secuencia debía encadenarse con este epílogo. 


4.-LA MANCHA VORAZ (The Blob. El remake fue conocido en un principio en México como La mancha voraz 2)

Yeaworth, Jr, 1958/ Russell, 1988 

La versión original de 1958 fue un clásico de las películas de serie B. Fue el primer rol protagónico del legendario Steve McQueen (de hecho, en el poster de esta cinta aparece aún como “Steven” McQueen), con malísimos efectos especiales (aun para la época), un guión que pecaba de naïve y un tema musical hilarante (de veras, búsquenlo en YouTube… “Beware of the Blob,/ it creeps and leaps/ and glides and slides/ across the floor/ right through the door…”). Sea como fuere, le cinta se convirtió en un clásico y en un referente obligado para los aficionados al cine de Horror y Ciencia Ficción.
    El argumento de ambas versiones es prácticamente el mismo y, de hecho, muchas escenas de la original fueron repetidas en el remake. En uno de esos pueblitos impopulares y aburridos que abundan en las películas gringas, cae un meteorito a bordo del cual viaja un organismo del espacio exterior. Dicho organismo es una especie de ameba gigante que absorbe prácticamente a todo ser vivo que se le cruce por enfrente, y cada que lo hace va aumentando de tamaño. Pronto, la indestructible “Mancha” se convierte en una amenaza que podría acabar con el pueblo y quizá con el mundo entero si Brian Flagg (Kevin Dillon), el adolescente motociclista paria del pueblo, no logra detenerla.

    Ahora que lo pienso, creo que escogí puras películas asquerosas para este artículo, jajaja… debe ser coincidencia. Y es que esta película también tiene algunos efectos especiales muy influidos por el gore que afectarán a los espectadores de temperamento más sensible.
    Y es que en la primera versión, a pesar de todo, los efectos especiales sí quedaban a deber durante la mayor parte de la película. La Mancha no, por cierto (que de hecho era una vil bolsa de polietileno rellena con espesante para malteadas), pero sí todo lo demás. Escenas en las que es más que obvia la Perspectiva Forzada, otras en las que se nota que la Mancha sólo está siendo rodada por una maqueta u otras en las que se nota que los escenarios son de cartón.
    Así pues, en esta segunda versión (en la que, por cierto, se da una pequeña vuelta de tuerca en una subtrama sobre el origen de la Mancha) los más sofisticados efectos especiales de su época se combinan con la historia clásica para crear una nueva interpretación que por momentos llega a superar a la original. Y, al igual que en la versión de Carpenter de La cosa, babas, tentáculos, y masas amorfas, sanguinolentas y viscosas están a la orden del día. 

PARA LA TRIVIA: El personaje del reverendo Meeker (Del Close) y su infortunado final (me encanta el epílogo de esta peli) bien podrían ser una sátira al director de la versión original, Irvin S. Yeaworth Jr., cuya propuesta cinematográfica era la de un “cine de horror con mensaje cristiano” (WTF???).

 

A esta lista deberían agregarse el refrito de La noche de los muertos vivientes (Romero, 1969/ Savini, 1990) y el de su respectiva secuela El amanecer de los muertos (Romero, 1978/ Snyder, 2004), así como el de La masacre de Texas (Hooper, 1974/ Nispel, 2003); pero he decidido dejarlos para mejor ocasión.