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lunes, 15 de julio de 2013

GUERRA MUNDIAL Z. Con "Z" de "zoquete".




GUERRA MUNDIAL Z

World War Z


Marc Forster, 2013

Esta película en realidad merece más reconocimiento por la encarnecida batalla que por los derechos de la novela de Max Brooks libraron las compañías productoras de Brad Pitt (Plan B Entertainment) y Leo DiCaprio (Appian Way) que por la calidad del producto final. Luego de una verdadera batalla corporativa, la compañía de Pitt se hizo con la licencia de esta cinta, y produjo un guión muy levemente inspirado en el libro que le da título y que, dicho sea de paso, trata de colgarse del boom que los zombies han tenido en el mainstream gracias a la serie de TV The Walking Dead (basada, por cierto, en una serie de cómics).
    Gerry Lane (Brad Pitt) es un exempleado de la ONU que es reintegrado a la organización para que ayude a buscar una cura para la pandemia zombie que se ha desatado a nivel mundial. Así pues, Lane viaja a diferentes lugares del mundo tratando de encontrar el origen de la enfermedad y la clave para destruirla.
    Ahí les va un spoiler: Al final Brad Pitt se salva y salva al mundo… jajaja. Quiero decir, todos sabemos que así termina la peli, ¿no? En general es predecible, pero no tanto… o quizá es que a uno termina no importándole. Me refiero a que los personajes están apenas esbozados, nunca terminan de delinearse y son más simples que la fórmula química del agua. 
    A ese respecto, sobre todo el personaje de Lane queda a deber. Básicamente los guionistas se ahorraron escribirle un personaje a Brad Pitt porque todo el tiempo en pantalla es Brad Pitt. Ni siquiera es un personaje simple de melodrama que busca la simpatía del público, aquí tanto guionistas como director asumieron que el público se preocuparía por lo que le pasara a este personaje ¡sólo porque es Brad Pitt!
    En general las actuaciones son cumplidoras. No son malas, pero tampoco hay nada espectacular. Lo que sí, es que para poder lucir la no-actuación de Pitt durante más de 90 minutos en pantalla, tuvieron que rodearlo del elenco más gris que pudieron encontrar; no hay caras conocidas en el reparto y los actores interpretan adecuadamente a un montón de personajes increíblemente poco interesantes. Al no estar bien planteados, los personajes terminan valiendo sorbete y dejan de importarle a uno.
    En los ochenta, cuando se dio el apogeo de las cintas slasher, muchos críticos las llamaron en tono despectivo “Running meat flicks” (pelis de carne corriendo); refiriéndose a que más que personajes, las víctimas de los psicópatas de dichas cintas sólo eran carne corriendo y gritando en espera de ser descuartizada por una motosierra, machete, cuchillo de carnicero, guante con garras o similar. En esta película se da el mismo fenómeno, sólo que en vez de haber un asesino serial enmascarado, los infortunados humanos son perseguidos por hordas de zombies.
    La narrativa es bastante atropellada y llega a ser ineficiente. En más de una ocasión, uno se encuentra preguntando ¿Qué acaba de pasar? ¿Por qué fueron a “X” lugar? ¿Por qué le cortó la mano? Pues la película pasa muchos detalles por alto, supongo que el mismo guión compensa estas faltas siendo tan predecible como es. Además, ante la ausencia de verdadera acción en un guión que es más bien pobre, los realizadores trataron de volver muchas tomas dinámicas a la fuerza utilizando cámara en mano. Por cierto que la cámara en mano en 3D es algo desagradable.
    Ahora bien, esta deficiencia del guión no se debe sólo a la superficialidad y falta de pericia narrativa del mismo, sino que tiene que ver directamente con la producción de la peli. Cuando uno ve que una película de zombies obtuvo la clasificación PG-13 (para mayores de 13 años), inmediatamente debería sospechar que algo anda mal. Y ése es precisamente el meollo del asunto: Guerra Mundial Z es una película de zombies hecha pensando en el público que no ve películas de zombies.
    ¿Dónde están los desmembramientos, los destripamientos, las decapitaciones y los mordiscos que arrancan trozos de carne? Simplemente no están. Para que esta cinta atrajera a la mayor cantidad de público posible, la violencia normal en una peli de muertos vivientes fue drásticamente disminuida. De hecho, no puedo recordar una sola escena sangrienta en toda la película. ¿Recuerdan las mordidas de zombie que arrancaban músculos en medio de chorros de sangre en películas como El amanecer de los muertos (Romero, 1978), La cabaña sangrienta (Roth, 2002) o incluso Exterminio (Boyle, 2002)? Bueno, pues aquí no hay nada de eso. Es más, el cuidado por no mostrar demasiada sangre o violencia en pantalla llega a un punto tan absurdo que, por lo menos a mí me pasó, cuando un zombie mordía a algún humano yo me quedaba así de: ¡No mames! ¿A qué hora lo mordió?
    Así pues, esta película es entretenida a ratos; pero en general me pareció bastante mala. No sólo no aporta nada al género de zombies, sino que más bien pierde elementos. Esta cinta es la versión digerida y complaciente para el público tragapalomitas del cine de zombies, pero apenas si logra mantenerlo a uno entretenido durante las casi dos horas que dura. Además, según me han comentado amistades que sí leyeron la novela (yo no he tenido chance), esta peli coincide con la fuente literaria casi únicamente en el título.
     

PARA LA TRIVIA: En el guión original, la película terminaba con el avión aterrizando exitosamente en Rusia en vez de estrellarse. Ahí, Lane descubre que los zombies son poco resistentes al frío y se dedica a exterminarlos para después reunir un ejército de humanos sobrevivientes que invadirían Estados Unidos para recuperarlo de las manos de los no-muertos. Aun cuando la producción ya había iniciado, se decidió cambiar este final por considerarlo demasiado brutal y poco esperanzador.


jueves, 11 de julio de 2013

ROBOCOP, EL DEFENSOR DEL FUTURO. Un icono de los ochenta a punto de ser refriteado.


ROBOCOP, EL DEFENSOR DEL FUTURO
RoboCop

Paul Verhoeven, 1987

Existen alrededor de cinco cortes diferentes de esta cinta. Dadas las altas dosis de violencia gráfica que muestra, prácticamente cada distribuidor que le ponía las manos encima se dedicaba a quitar escenas a discreción. Oficialmente, existen sólo dos cortes: El estreno original en cines de 103 minutos y la Edición del Director, con duración de 104 minutos. La diferencia de un minuto son tres o cuatro escenas extendidas, incluyendo el mal funcionamiento del robot Ed 209 (la escena era más larga pues el robot prácticamente despedazaba  su víctima a tiros), el asesinato de Alex Murphy (la escena original es bastante más larga) y la muerte de Clarence Boddicker luego de que RoboCop le perfora la yugular (se retiró una toma frontal en la que pueden verse chisguetes de sangre manando del cuello de Boddicker).Estas escenas fueron removidas del corte final de la película para evitar la temida clasificación X (para mayores de 21 años), y reinsertadas en 1993.

Recuerdo que mi primer acercamiento con el personaje de RoboCop sucedió cuando estaba en el kínder, y fue por medio de la serie de dibujos animados que pasaban en la tele (la cual fue considerada demasiado violenta para los niños y salió del aire luego de tan sólo 12 episodios) y que básicamente era un vehículo de promoción de las figuras de acción producidas por Kenner. También recuerdo que jugaba a RoboCop con un primo; a mí siempre me tocaba ser los malos y a él, RoboCop… me divertía fastidiándolo al llamarlo “Bobocop” (jajaja). La película la habré visto hasta un par de años después, cuando tenía cinco o seis, y desde entonces ha sido una de mis favoritas.
    Esta película no sólo es considerada una de las más violentas de la historia, sino que casi de inmediato se convirtió en todo un clásico del cine de acción y ciencia ficción. Producida por una especie de “Dream Team” que incluía al posterior director de Vengador del Futuro (1990), al artista de efectos especiales de El Imperio contraataca (Kershner, 1980), al maquillista de La mosca (Croneneberg, 1986) y al inmortal compositor de Conan, el bárbaro (Milius, 1982).

    A lo largo de casi tres décadas esta cinta generó dos secuelas estrenadas en cine, una película para televisión, dos series de dibujos animados y una de Live Action, cuatro series de figuras de acción producidas por cuatro compañías diferentes, cómics, videojuegos y un nutrido etcétera, además de un remake a estrenarse el próximo año en el que los productores querían que el músico y actor británico Hugh Laurie (mejor conocido como Dr. House) interpretara al villano y éste los mandó a volar argumentando que refritear RoboCop era una de las peores ideas que había escuchado jamás.
    La película cuenta la historia de Alex Murphy (Peter Weller), un oficial de policía recién transferido al Viejo Detroit, quien muere en una misión asesinado por Clarence Boddicker (Kurtwood Smith… ¡Sí! El papá de Eric Forman [Topher Grace] en That 70´s Show), asaltante de bancos y capo de la droga, y su banda de criminales. La compañía OCP (Omni Consume Products) acaba de obtener la concesión para la seguridad pública en la ciudad, y parte de su proyecto incluye utilizar al difunto Murphy para crear al policía perfecto: Un cyborg denominado RoboCop. Pero la misión de justicia de RoboCop y su sed por vengar su propia muerte podrían llevarlo hasta el mismísimo corazón de OCP.
    Esta película es una de ésas que no tienen puntos medios. O la amas o la odias. Y he conocido partidarios de ambas opiniones; tengo amigos que coinciden conmigo en que es una de las más grandes películas de acción de todos los tiempos, así como también tengo amistades que opinan que no vale ni el celuloide en el que fue filmada.

    Las actuaciones de la mayoría de los involucrados son bastante convincentes. En especial, como en todo buen melodrama de acción, sobresalen las interpretaciones de los villanos. Kurtwood Smith está increíble como el aspirante a jefe de la mafia, el cruel Clarence Boddicker. Creo que ésa fue la principal razón de que no me gustara That 70’s Show (además de Ashton Kutcher y a pesar de Mila Kunis): la imagen de Smith como este criminal sádico y sanguinario que le voló la mano a Alex Murphy con una escopeta se quedó muy grabada en mi mente infantil.
    También es sobresaliente el trabajo de Ronny Cox, a quien recuerdo como el oficinista nerd en el magistral duelo de banjos de Amarga pesadilla (Boorman, 1972), como Dick Jones, vicepresidente de OCP. Jones representa además un arquetipo de su época (los 80): el ejecutivo empresarial que ha visto pasar sus mejores días, pero que logró llegar hasta donde está gracias a su ingenio, y que ahora ve amenazada su posición por algún yupee con más suerte y contactos que talento.

    Finalmente, no puedo dejar fuera a Emyl Antonowsky, interpretado por Paul McCrane. Siempre me ha parecido que este personaje es un pez fuera del agua, en el sentido de que se trata de un raterillo de poca monta que está en ascenso en el mundo criminal. Nunca cuentan su historia dentro de la película, pero tanto el guión como la caracterización de McCrane dejan entrever esto. Emyl parece no estar preparado para el reto de convertirse en uno de los criminales más buscados de la ciudad de Detroit. Además de que la escena de su desfiguración, provocada por un baño de desperdicios tóxicos, es de antología.
    La historia no va a ganarse ningún premio, pues es básicamente una actualización del mito de Frankenstein/El Golem; sólo que ambientado en un futuro no muy lejano. Hablando de lo cual, he de decir que me encanta el look de las películas ochenteras de ciencia ficción; es fascinante cómo la gente de aquella época no creía que sus peinados pasarían de moda.
    Los efectos especiales son de primera categoría, por lo menos para 1987. Esta película tiene de todo: efectos con puppets y prostéticos, como la muerte de Murphy; animación stop-motion, como las escenas del Ed 209 (que se lograron intercalando las escenas animadas con las de un modeloo de escala real); fotomontaje con impresora óptica, como la muerte de  Jones y, sin duda mi favorito, pintura mate. Es simplemente impresionante cómo los artistas de efectos especiales lograron crear edificios montando pinturas encima de fotogramas de construcciones reales. Prácticamente dos terceras partes del edificio de OCP, tanto en su exterior como en su interior, nunca existieron y, sin embargo, en la película se ve que están ahí.

    La creación del mismo personaje de RoboCop resulta bastante afortunada. No sólo se trata de un tipo metido en un traje incómodo, sino en una verdadera interpretación de un cyborg por parte de Weller. El traje de usado por el actor fue fabricado principalmente en fibra de vidrio, con algunas piezas de aluminio, hule y spandex, y lo dejaba prácticamente desprovisto de medios de expresión. Todas las emociones (sí, Robocop tiene emociones) que Weller debía transmitir las tenía que proyectar a través de la única parte del cuerpo de RoboCop que era completamente humana aún: su boca. La interpretación de Weller es exponenciada por la kinésica que creó para el personaje y por el departamento de efectos de sonido: RoboCop se vuelve verosímil en gran medida por la enorme cantidad de efectos de sonido que emite; prácticamente no mueve un solo dedo sin que haya un click, un zumbido o algún ruido mecánico que apoye la acción.
    Finalmente, la dirección es muy buena. Es una lástima que la propuesta del holandés Paul Verhoeven se malentendiera tan terriblemente una década después con la cinta Invasión (1997), tanto como que prácticamente acabó con su carrera. Sin embargo, ésta fue la primera cinta de ciencia ficción de Verhoeven y marcó la tendencia que seguirían sucesoras como Vengador del futuro (1990): Mezclar acción súper violenta y ciencia ficción para crear el envoltorio más atractivo de una ácida crítica social, cargada de humor negro e ironía.
    En el caso de RoboCop, se trata de una sátira en contra de la privatización de los servicios públicos. Finalmente, el meollo de todo el asunto es que la compañía OCP ha obtenido la concesión para manejar la seguridad pública en el viejo Detroit. Ante los inminentes cambios administrativos en la institución, los agentes de policía amenazan con irse a huelga. ¿La respuesta de OCP? RoboCop, un policía que es altamente eficiente y que puede sustituir sin problemas a varios miembros del cuerpo policial en caso de que fuera necesario despedirlos. De eso se trata la película.

    Así pues, esta cinta ha causado polémica desde su estreno; cosechando detractores y adeptos por igual. Lo que es innegable es que es una película que genera una reacción en el espectador, no lo deja indiferente. Es además, una obra que refleja completamente a la sociedad de su época y un clásico de la ciencia ficción. Y, para concluir, con tantos efectos por computadora y censura… ¡Ya no se hacen películas como ésta, caray!

PARA LA TRIVIA: En el guión original la acción de la cinta tomaría lugar en Delta City, una metrópoli ficticia más futurista al estilo de Blade Runner (Scott, 1982). Sin embargo, la construcción del complejo traje de RoboCop se salió de presupuesto y obligó a la producción a modificar la historia, situándola en un Detroit del futuro cercano en el que Delta City es apenas un proyecto en ciernes.


martes, 9 de julio de 2013

JOHN CARTER ENTRE DOS MUNDOS. El mayor fracaso taquillero de Disney desde TRON se halla entre dos mundos: El del olvido y el del repudio.


JOHN CARTER ENTRE DOS MUNDOS
John Carter

Andrew Stanton, 2012

Para celebrar el centenario de la publicación de la primera novela de la saga de Barsoom, escrita por el posterior creador de Tarzán, Edgar Rice Burroughs, Walt Disney Pictures se lanzó a la tarea de adaptar al cine la primera aventura de John Carter en el planeta Marte, Barsoom para los nativos marcianos. La trilogía original de Burroughs se compone de las novelas Una princesa de Marte, Dioses de Marte y El Señor de la Guerra de Marte. A pesar de su espíritu completamente nacido de la literatura pulp y de su imaginario bastante naïve, se trata de una de las obras más influyentes de la literatura fantástica y muchos de sus conceptos fueron posteriormente retomados por sagas literarias de ciencia ficción como Dune de Frank Herbert, o de space operas fílmicas, como Star Wars de George Lucas.
    En 1886, Edgar Rice Burroughs (Daryl Sabara) es notificado de la repentina y sorpresiva muerte de su tío, el capitán John Carter (Taylor Kitsch), veterano de la Guerra Civil Estadounidense, bajo extrañas circunstancias. Burroughs encuentra entre las pertenencias del finado, conocido por ser un arqueólogo aficionado muy excéntrico, un diario en el que relata el viaje que realizó veinte años atrás. En dicho viaje, Carter fue transportado al salvaje planeta de Barsoom, conocido por nosotros como Marte. En Barsoom, Carter encuentra un planeta moribundo sumido en la guerra por la sobreexplotación del reino de Zodanga; mismo que está a punto de someter a Helium, el último reino libre del planeta. Adoptado por los gigantescos marcianos verdes de cuatro brazos, los belicosos tharks, Carter se aliará con los heliumitas y vivirá un romance con su princesa, la hermosa Dejah Thoris (Lynn Collins), antes de caer en cuenta de que el destino de todo el planeta podría estar en sus manos.   
    Antes que cualquier otra cosa, he de admitir que me gustó esta película; sin embargo, no creo que sea buena y, lo que es peor, reconozco que es bastante fallida y mal lograda tomando en cuenta el potencial de la fuente original en que está basada.

    El principal acierto de la película, sin duda, viene en el rubro del diseño. Tanto los escenarios como los vestuarios y los vehículos de la película proponen imágenes y diseños creativos e imaginativos, que realmente evocan las imágenes propuestas por el pulp de Burroughs. Una especie de mezcla entre Espadas y Hechizos y Space Opera (vamos, como lo que posteriormente sería He-Man).
    Tanto la arquitectura como la moda de las diferentes razas de Barsoom son plenamente identificables y reconocibles. Los misteriosos therns, sacerdotes de la diosa Issus, llevan hábitos que recuerdan a los monjes medievales europeos; los palacios y la indumentaria de los hombres rojos, habitantes de Zodanga y Helium, están basados en la opulencia del Imperio Romano, mezclada en el caso de Zodanga con la estética medieval del Lejano Oriente; mientras que todas las manifestaciones cultuales de los salvajes tharks se asemeja a las de las tribus indígenas guerreras de las planicies de Norteamérica.
    El diseño de  las naves y vehículos retoma un poco de la estética Steampunk, logrando crear aparatos creíbles, pero lo suficientemente exóticos como para que parezcan obra de la ingeniería de otro planeta.
    Las criaturas que pueblan Barsoom fueron diseñadas apegándose de forma bastante fiel a lo descrito por Burroughs en sus novelas. Ahora bien, el diseño de la fauna es bastante atinado, y me parece que tanto los monos blancos (gigantescos gorilas de cuatro brazos y sin pelo) como los thoats (especie de mezcla octópoda entre búfalos de guerra e hipopótamos que sirven de montura a los tharks) son de las criaturas más interesantes que propone la película.

    Por otro lado, el elemento que sí creo que falló fue el diseño de los tharks. A pesar de que se respetó la apariencia física descrita por Burroughs en las novelas casi hasta en todo detalle, los rostros de estos gigantes verdosos fueron levemente modificados para parecer más humanos (un poco como los depredadores en Alien vs Depredador [Anderson, 2004]) y esto, señores, le da en la torre a todo el diseño. Los tharks, fieros guerreros que viven bajo la ley del más fuerte y un cruel código de honor, terminan pareciendo botargas de Disneylandia y ni siquiera la interpretación del excelente Willem Dafoe como Tars Tarkas (al menos como su voz), jefe de la tribu, logra salvarlos.
    Asimismo, Woola, especie de mastín mortalmente fiel a Carter, es disminuido en un diseño infantilizado y una animación CGI bastante chafona.
    Ahora bien, esta película representó el año pasado el más estrepitoso fracaso de taquilla de los estudios Disney desde TRON (Lisberger, 1982). Sí, así de grave, pero ¿por qué? Aparte del diseño poco atractivo de las criaturas que ya he mencionado, según un servidor la caída en desgracia de esta película se debió principalmente a tres factores.
    Por principio de cuentas tenemos las actuaciones. Es la primera vez que veo “actuar” a Taylor Kitsch, y la verdad es que no me gustó nada. Lo suyo, lo suyo, son las escenas de acción, porque básicamente sólo tiene que correr, brincar y hacer caras; pero en cuanto abre la boca pierde el encanto. El primer cuarto de la película, ambientado en el siglo XIX, es más discursivo y se llega a hacer pesado por lo soso de Kitsch. Del mismo modo, Lynn Collins, quien tuvo entrenamiento en teatro shakespeariano y llegó a interpretar a personajes de la talla de Porcia y Ofelia, se ve sobreactuada y fuera de lugar.
    El segundo factor, debo decirlo, es la misma Lynn Collins. ¿De verdad no pudieron conseguir a una actriz más guapa y más joven para interpretar a Dejah Thoris? Digo, la Collins no es fea y está buenona… pero no tiene mucha más gracia; además de que viendo la película en Blu-Ray se le ven sus treinta y cinco años muy bien puestos. Y no es que esté mal, sólo que cuando uno lee a Burroughs se imagina que la mujer por la que un planeta entero entrará en guerra sería más bella… y unos diez años menor.

    El tercer factor es algo tan curioso que resulta paradójico, pues precisamente la mayor fortaleza de la película se vuelve su mayor desventaja. Y es que, aunque sí se toma algunas licencias e incluye varios pasajes del segundo libro, en general el guión es bastante apegado a la novela… a una novela escrita hace cien años y que ya en su época era anacrónica. Quiero decir, en la época de Burroughs ya se sabía que no había vida en Marte (curiosamente, en la actualidad sabemos que sí la hubo), que la gravedad de dicho planeta era similar a la de la Tierra (no tan drásticamente inferior como lo plantea el escritor) y que sus satélites no se ven por las noches sino como un par de estrellas brillantes en el cielo pues son demasiado pequeños. A final de cuentas, la historia de la película resulta inverosímil y requiere que el público ponga demasiado de su parte para aceptarla.
    Finalmente, aunque en cuanto a la parte anecdótica la película se apega al texto original, muchos elementos que lo caracterizaban quedaron fuera. No es de sorprender que Disney, acusada desde siempre de retrógrada y conservadora, haya decidido hacer una película muy políticamente correcta y no cargar con las ideologías reaccionarias de Burroughs. Así pues, elementos tan presentes en las novelas de la saga de Barsoom, y comunes en la literatura pulp, como el erotismo, el machismo, el racismo y el colonialismo fueron borrados casi por completo de la peli.
    En ese mismo tenor está el asunto de la violencia. Al igual que otras sagas nacidas del pulp como Conan, el bárbaro, la saga de John Carter está llena de violencia explícita. En la película, redujeron sólo un poco de esta violencia. Para evitar tanto recato, la solución que hallaron fue dejar las escenas violentas pero ¡ponerle sangre azul a los marcianos para reducir el impacto! Así, todas las especies animales en Barsoom tienen sangre de un intenso color azul rey (sí, como muchos crustáceos). De tal suerte, en las escenas en las que Carter descuartiza enemigos a diestra y siniestra con su espada y queda empapado en sangre más bien parece que se hubiera metido a un excusado.

    En conclusión, la película no me desagradó tanto como esperaba que lo hiciera y he de admitir que sí la disfruté en partes. Tiene sendas fallas que derivaron en que se convirtiera en un estrepitoso fracaso, sin embargo, Disney planea desquitar lo que pagó por los derechos de las novelas y ya anunció que sí producirá la segunda parte: John Carter: Gods Of Mars; a ver qué tal sale.
    En general, mientras veía esta película, no pude quitarme la sensación de que se trataba de una oportunidad desperdiciada. De que el planteamiento y muchas cosas de la peli estaban bien, pero que hubieran podido explotarse mucho más si Disney no fuera la productora.