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martes, 26 de abril de 2016

TERROR PROFUNDO. ¡Tres hurras por las películas chafonas de monstruos!


TERROR PROFUNDO
Deep Rising

Stepehn Sommers, 1998

¿Qué tienen las películas malas que las vuelve tan encantadoras? Bueno, no a todas. Hay muchas que son apenas soportables y algunas, ni siquiera eso. Cuando una película es muy mala, pero al menos logra arrancarle a uno por lo menos una carcajada, entonces creo que merece que se le reconozca cierto mérito. Y esta película sí que me hizo reír en algunos momentos, por eso fue que decidí hablar sobre ella a pesar de que originalmente pensé obviarla.
    La trama va sobre un grupo de mercenarios, liderados por Hanover (Wes Studi, a quien quizá recuerden como Sagat en la infame película de Street Fighter [de Souza, 1994]… ¡Bah! Seguro no), que se encuentra en una misión en el Oceáno Pacífico para secuestrar el lujoso crucero Argonautica ‒¡Chale! ¡Hasta el nombre del barco es malo! ‒. El comando secuestra al capitán del barco que alquilaron para interceptar el crucero, el cínico John Finnegan (Treat Williams, quien ha hecho toda una carrera de películas espantosas; pero lo recordamos particularmente como villano en El Fantasma [Wincer, 1996]), y su mecánico, Joey Pantucci (Kevin J. O’Connor en uno de los personajes más odiosos que puedo recordar en una película). Sin embargo, al subir a bordo del inmenso crucero, los secuestradores encuentran un barco fantasma lleno de sangre, pero sin un alma a bordo. ¿Cuál fue el terrible destino de la tripulación y los pasajeros del Argonautica?... Bueno, ya, la voy a espoilear, al fin que salen en el tráiler: se los comieron unos moluscos gigantes carnívoros parecidos a gusanos.


    Me pasó algo muy curioso con esta película. La primera vez que la vi debe haber sido poco después de que se estrenó y seguro que fue en un camión. También estoy bastante seguro de haber visto el episodio de La magia del cine (1994-1997) en el que hablaban de ella. Y la cosa es que durante mucho tiempo creí que solo había visto la primera mitad de esta cinta; pero ahora que volví a verla, esta vez poniéndole atención para poder escribir este artículo, me di cuenta de que no, de que sí la vi completa desde la primera vez sólo que había olvidado más de la mitad. Así de sustanciosa es.



    Al comando de mercenarios se unen el dueño del crucero, el empresario ambicioso Simon Canton (Anthony Heald, a quien seguro no recuerdan por sus papeles secundarios en películas como El silencio de los inocentes [Demme, 1991], El cliente [Schummacher, 1994], Tiempo de matar [Schummacher, 1996], X-Men 3 [Ratner, 2006] y episodios de Los expedientes X y La Ley y el Orden) y la ladrona de alto perfil Trillian St.James (la guapa holandesa Famke Jansen, a quien quizá recuerden como Jean Grey en la trilogía original de X-Men)... sólo por si no hubiera suficientes clichés ya en la película. Creo que sólo les faltaron el Profesor y Mary Ann.


    Lo que es sorprendente es que de tantos personajes que aparecen en pantalla… ¡Ninguno funcione! De verdad, no sé quién da más ternura, si Treat Williams tratando de hacerla de pastiche de Han Solo o Kevin O’Connor tratando de ser gracioso y fracasando en cada intento, de forma más miserable cada vez. Pero quizá estoy siendo demasiado duro con ellos, la verdad es que el chiste sobre La chica de Ipanema sí es gracioso… y los reto a que se saquen esa canción de la cabeza una vez que haya terminado la película.


    Por lo general, como ya hemos analizado antes, en una película metes por lo menos uno o dos actores buenos en papeles secundarios para que soporten la carga dramática de todo el numerito. Por eso se les llama “actores de soporte”. El problema viene cuando, como en el caso de Terror profundo, ninguno de tus actores es bueno. Digo, la función de actor de soporte debería desempeñarla Heald y sí tiene un par de secuencias brillantes, pero la verdad es  que durante la mayor parte de la película echa la flojera. Por lo menos en Alerta en lo profundo (Harlin, 1999) tenían a Samuel L. Jackson... lo matan casi al principio, pero ahí estaba. Por desgracia, en esta película tenemos sólo un montón de actores malos, y uno bueno que tiene que pagar la renta, que no tienen la más mínima química entre ellos haciendo pocos esfuerzos por salvar un montón de personajes mal escritos.


    Y hablando de cosas mal escritas ¿Qué onda con el guión? No sólo tiene más huecos que el sillón donde se dormía mi gato; sino que ¿lo escribieron en el Reino Unido? La película es una co-producción Estados Unidos-Canadá... ¿y a nadie le apreció extraño que ningún personaje en ningún momento diga “fuck!”, pero que se la pasen diciendo “Bloody Hell!”? Y si tuvieran por lo menos un actor británico en el reparto, supongo que funcionaría ¡Pero todos son estadounidenses ‒menos Jansen, claro‒!
    Bueno, pero todas estas minucias se perdonan cuando se trata de una película de monstruos porque, bueno, pues porque lo importante son los monstruos. Y los monstruos de esta película se ven... terribles... ¿Qué rayos es eso? Son los peores monstruos que he visto en una cinta desde la insufrible Anaconda (Llosa, 1997)... que salió el año anterior ¿Qué rayos les pasa, gente? Y no me digan que los efectos especiales eran buenos para la época, porque en ese entonces ya existían Parque Jurásico (Spielberg, 1993) e Invasión (Verhoeven, 1997).


    ¿Quién hizo los monstruos digitales para esta madre?... ¿Qué? ¡Industrial Light & Magic! O sea, la misma compañía que hizo los efectos de Parque Jurásico y Terminator 2: El Juicio Final (Cameron, 1991) hizo esta madre... ¿Qué pasó ahí? Viendo que fue la misma compañía que hizo las animaciones digitales para la mediocre Spawn (Dippé, 1997), comencé a desarrollar una hipótesis. Creo que Industrial Light & Magic estaba dividido en varios estudios, y algunos de ellos se abocaban a los proyectos de alto presupuesto y otros a los de menos perfil. Quizá con los proyectos menores probaban nuevas técnicas y tecnologías antes de aplicarlas a las películas más robustas.


    Lo que sí se ve bien son los efectos de maquillaje, realizados por Rob Bottin, el mismo artista que se encargó de los asquerosos maquillajes ‒lo digo como un cumplido‒ de RoboCop, el defensor del futuro (Verhoeven, 1987) y el remake de La cosa de otro mundo (Carpenter, 1982). Lástima que en realidad sus tiempos en pantalla sean más bien breves. La escena del tipo a medio digerir es muy buena y creo que es una combinación más o menos afortunada de efectos de maquillaje y CGI.


    A final de cuentas, esta película es un poco como un accidente en la carretera: Uno sabe que es un desastre, que no debe verlo porque será horrible... ¡Pero no puede quitarle los ojos de encima! Parece una mezcla de Alien, el octavo pasajero (Scott, 1979) con La aventura del Poseidón (Neame, 1972), aunque por supuesto, en ningún momento llega siquiera a rozar la genialidad de ninguna de ambas. No es insoportable, pero tampoco es buena. Es hilarante sin querer y quizá dure unos quince minutos más de lo que debería ‒bueno, no; siendo honesto, le sobra fácilmente media hora‒; pero para un domingo de flojera no está mal y si uno está en un plan poco exigente, incluso puede llegar a disfrutarla. El final es absolutamente predecible, pero no por eso menos divertido.



PARA LA TRIVIA: Originalmente, el papel de John Finnegan fue ofrecido a Harrison Ford, quien lo rechazó luego de varias negociaciones ‒de hecho, se nota que el personaje fue escrito para él, pues hace varias referencias a Star Wars‒. Una vez que Ford estuvo fuera del proyecto, los productores pensaron que no valía la pena gastar un gran presupuesto en la cinta si no iba a tener a una estrella reconocible en el papel protagónico, así que lo redujeron drásticamente.




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