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jueves, 6 de diciembre de 2012

TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN


TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN
We Need To Talk About Kevin

Linney Ramsay, 2011

¿Qué sería del cine de terror sin los niños sombríos? ¿Sin esos Damien (The Omen, Donner, 1976) que tienden a pararse en medio de los pasillos de las casas haciendo nada, simplemente con sus manecitas malévolas quietas y destilando maldad en la mirada? Ahora bien, ¿qué pasa cuando estos monstruitos son abordados desde una óptica realista y en un género que es más cercano al drama? Esa es precisamente la propuesta de esta cinta.
    Eva (Tilda Swinton) y su esposo Franklin (John C. Reilly) tienen a su primer hijo, Kevin (Ezra Miller) con más ilusión de parte de él que de ella. Y quizá no es para menos, Eva tiene que dejar a un lado su carrera y sus ambiciones para convertirse en madre y am de casa. Cuando Kevin nace, su madre literalmente se esfuerza por amarlo y el niño no la ayuda en absoluto. Conforme los años van pasando, la relación entre madre e hijo se convierte en una de víctima y torturador hasta que, a los quince años, Kevin da rienda suelta a su verdadera naturaleza retorcida. Hay algo muy malo con Kevin Katchadourian: No hay nada malo con él.

    ¿Realmente amó Eva a su hijo en algún momento? ¿Se supone que debe hacerlo sólo porque es su hijo? ¿Tuvo ella alguna responsabilidad en la creación de este monstruo o simplemente nació así? Estas son las interrogantes sobre las que gira esta película que es, sin duda, un ejercicio brillante en el manejo del lenguaje cinematográfico y un escaparate de grandes actuaciones.
    Y es que sin en algo esta cinta podría quedar  a deber sería sólo en un argumento que, si bien es interesante y complejo, a ratos peca de ordinario e irremediablemente palidece ante los demás elementos del conjunto, trabajados con maestría y virtuosismo.
    Por principio de cuentas, la cinta se sirve de una narrativa no lineal que en el primer tercio de la película apela a una reacción visceral y onírica. Este efecto es apoyado por tomas subjetivas y de cámara en mano y por imágenes audaces y no figurativas que llegan a ser verdaderamente terroríficas. Desde La hora del lobo (Bergman, 1968) una película no lograba atraparme en esa sensación claustrofóbica ya angustiosa de estar encerrado en una pesadilla de la que no se puede escapar.

    La composición de los encuadres y el manejo cuidadoso de los colores y las texturas en cada fotograma de esta cinta sirven como un medio poderoso que ataca a los sentidos. Por medio de estos elementos, somos testigos del desencanto de la clase media-alta estadounidense, de la animadversión entre Eva y su hijo, o de la ignominia a que es condenada aquélla por los actos de éste. Asimismo, la musicalización utiliza, en su mayor parte, un efecto de contrapunto que refuerza el terror que sirve como hilo conductor de esta historia.
    Los elementos meramente dramáticos de esta obra me impresionaron. El guión es parco, sobrio y, sobre todo, económico, pues en él nada sobra; deja de lado los diálogos inútiles o los monólogos sobre explicativos. Los subtextos de esta película se entienden por las magníficas actuaciones de quienes interpretan a Kevin y sus padres; actuaciones sutiles, ricas en matices y llenas de micro-gestos que comunican emociones y sentimientos auténticos de forma limpia y eficiente y, sobre todo en el caso de Swinton, llenas de una fuerza sobrecogedora.
    La torcida psicología de Kevin es acentuada por una estrategia inteligente de parte de la directora de esta cinta: Nunca se ven los actos horribles cometidos por el muchacho, sólo nos son mostrados los preludios de éstos y sus consecuencias. Esto tiene un efecto de eficiente terror que apela a la imaginación del público.
    Mención aparte merece el casting de esta película, pues precisamente constituye su primer acierto. Todos los intérpretes que en ella aparecen son convincentes en sus papeles y todos aportan algo casi con su mera presencia, e Incluso los diferentes niños que interpretan a Kevin a lo largo de la infancia son perturbadoramente parecidos. Sin embargo, en el punto en el que quiero llamar la atención al respecto del casting es la elección de Tilda Swinton y Ezra Miller. No sólo sus actuaciones se complementan la una a la otra, sino que las imágenes resultantes de combinar el físico andrógino y melancólico de aquélla con el físico andrógino y perturbador de éste resultan pro momentos ominosas.

    ¿La cinta tiene fallas? Sí, por supuesto. De hecho, las opiniones sobre ella se encuentran muy divididas, habiendo críticos que incluso la acusan de no ser nada más que un vehículo de autopromoción de Tilda Swinton. Por su temática y su anécdota me queda claro que quizá esta cinta no sea del agrado de todo el público. Además, es cierto que su argumento coquetea frecuentemente con lugares comunes de las películas del subgénero de “niños malditos”. Otro punto que puede ser señalado como un defecto es su artificial manufactura “indie” que sin duda es una treta para vender esta obra en el mercado de los dramas suburbanos con aspiraciones pseudoartísticas.
    Sin embargo, sale muy bien librada por todos los demás factores que intervienen en ella. Estamos ante una cinta poderosa e intrigante, que combina algunos elementos de drama familiar con algunos otros de thriller para llegar a momentos de verdadero terror cuando se descubre la otredad dentro de la cotidianeidad. Una película que no dudo en recomendar si se es aficionado a cualquiera de los géneros mencionados, si se quiere ver un ejemplo de buena hechura cinematográfica o, simplemente, si se está buscando algo sorprendente y fuera de lo común.

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1 comentario:

  1. Héctor.
    Me gustó bastante cómo reseñas esta obra. Yo vi la película cuando se estrenó en salas comerciales y también me pareció sutil y espectacular al mismo tiempo: concuerdo con el trabajo maestro del guión y de las actuaciones. La única falla que vi en la cinta sí me pareció fatal: la premisa de que un cuate de 15 años, de unos 60 kg de peso, hubiera podido masacrar a 13 estudiantes de secundaria usando sólo un arco y flechas... pues ni que fuera Link o Legolas. Por lo demás me late bastante como escribes y me gustaría seguirte leyendo.

    Fra Salazar (filos mx)

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