Translate

domingo, 23 de octubre de 2016

BALA DE PLATA. La primera película de horror que recuerdo haber visto.


BALA DE PLATA
Silver Bullet

Daniel Attias, 1985

Ésta es la primera película de horror que recuerdo haber visto. Quiero decir, medio me acuerdo de haber visto Tiburón (Spielberg, 1975) cuando estaba en el kínder en casa de uno de mis tíos; pero esas memorias son nebulosas y prácticamente puedo decir que vi Tiburón hasta tiempo después, cuando ya estaba en la primaria.
    Bala de plata la vi cuando estaba por entrar a la primaria, una noche de viernes, porque antes en Canal 5 los viernes por la noche pasaban películas de terror y mi papá me dio chance de desvelarme pues no había clases al día siguiente. La vi completa y desde que tenía seis años la recuerdo escena por escena. Ahora que leí la novela en la que está basada, El ciclo del hombre-lobo, de Stephen King, me pareció un ejercicio interesante volver a ver la película y hacer la comparación.


    La cinta cuenta la historia de Marty Coslaw (Corey Haim, a quien quizá recuerden como el nerdo Lucas en Lucas: la inocencia del primer amor [Seltzer, 1986]), un niño discapacitado, y su familia, quienes son típicos habitantes del pueblito de Tarker’s Mill, una de esas idílicas comunidades rurales estadounidenses que ya no existen (filmada en locación en Willmington, Carolina del Norte). Justo antes del verano, una serie de brutales asesinatos comienzan a estremecer al pueblo. Las víctimas aparecen descuartizadas salvajemente las mañanas siguientes a la luna llena. Marty sabe que el asesino es uno de los habitantes de Tarker’s Mill y también sabe que no es humano, sino que se trata de una bestia sobrenatural. También sabe que tendrá que descubrir de quién se trata antes de que la bestia lo atrape a él. Las únicas personas en quienes Marty puede confiar son su hermana mayor Jane (Megan Follows) y su tío alcohólico, Red (Gary Busey); pero ¿podrá Marty vencer la barrera de la incredulidad antes de que el licántropo cobre a su siguiente víctima?


    Quizá la principal diferencia entre la novela original de King y la película es el tiempo. El título El ciclo del hombre lobo hace alusión a que el periodo que transcurre desde que inicia hasta que se termina es de un año, y los asesinatos ocurren sólo en las noches de luna llena, por lo que hay uno cada mes. En la película, cuyo guión fue escrito por el mismo King, los asesinatos comienzan al final de la primavera, justo cuando los niños están por salir de vacaciones, y terminan en Halloween. Además, en la cinta se supone que el licántropo se transforma varias noches al mes, no sólo en luna llena; pero que es en éstas en las que su transformación es completa y es más poderoso.



    Fura de eso y del cambio en las edades de los personajes, el orden de algunos eventos y que algunos otros son dejados fuera, como el asesinato de un vagabundo y la masacre de cerdos, el guión es bastante fiel al libro. Otras diferencias a destacar serían el alcoholismo del tío Red (que en el libro se llama Al, es veterano de Vietnam y no bebe) y la Silver Bullet, un híbrido de silla de ruedas con motocicleta construido por él para Marty y que es un elemento fundamental de la narración de la película... tanto como que le da nombre.


    La novela tiene un tono un poco más naïve y, como la gran mayoría de los textos de King, es maravillosa describiendo la vida cotidiana de un pueblito. Además, al menos en los primeros capítulos, la narrativa tiene incluso un ritmo como de canción infantil muy particular. Aunque este ritmo se pierde en la película, es sustituido por un tono de pesadilla que la impregna toda. Y la escena de la pesadilla, propiamente dicha, del reverendo Lowe (Everett McGill) es impresionante. Y la escena de la cacería ‒que es mucho más interesante en la peli, además de súper sangrienta‒ me aterró cuando era pequeño.


    Las actuaciones son buenas, particularmente la del joven Haim ‒por cierto, ¿es mi imaginación o se parece increíblemente a Fred Savage?‒ y la de Gary Busey, quien es el único rostro conocido en esta producción de Dino de Laurentiis. Y creo que una mención aparte merecería la interpretación de Ken Broadhurst como Herb Kincaid, un padre cuyo hijo, amigo de Marty, es despedazado ‒también eso me impresionó desde la primera vez que vi la peli‒ por el licántropo.


    Pero por supuesto, la pregunta que más nos interesa responder es ¿Qué tal se ve el hombre-lobo? El licántropo fue creado por el Dr. Carlo Rambaldi, cuyos créditos incluyen al xenomorfo de Alien, el octavo pasajero (Scott, 1979); el amigable alienígena de E.T., el extraterrestre (Spielberg, 1982); los gusanos de arena de Dunas (Lynch, 1984) y el King Kong de tamaño real para la versión de 1976 (Guillermin), entre muchos otros. Y quizá no logra superar el efecto “Guy-In-A-Rubber-Suit” (“el tipo en el traje de goma”), pero no se ve nada mal. Ni es tan extravagante como sus congéneres de El aullido (Dante, 1981), ni tan demoniaco como su par de Un hombre loboamericano en Londres (Landis, 1981). Este hombre-lobo tiene una personalidad propia y camina casi erguido por completo, y en general se ve bien en pantalla. Son interesantes los planos detalle de sus ojos que, tanto en la cinta como en el libro, son un elemento importante en la narración. Además, la escena de la transformación, que es lo que vende una película de hombres-lobo, es decente.


    De hecho, la filmación comenzó sin que la producción tuviera el traje completo del monstruo, el cual fue esculpido en arcilla, moldeado en espuma de poliuretano y cubierto con pelo de oso, y su construcción tomó tres meses. De hecho, si uno se fija, sí puede notar ciertas inconsistencias entre los licántropos que aparecen a lo largo de la peli y que se supone son el mismo. De Laurentiis siempre dijo que no había quedado satisfecho con el hombre-lobo de esta película, ni en cuanto al traje ni en cuanto a sus movimientos, lo que ofendió profundamente al actor que lo interpretó ‒por cierto, en un ejemplo atípico, al humano y al licántropo los hace el mismo actor‒, pues él era bailarín profesional y fue seleccionado por la expresividad de su cuerpo.


    Un aspecto que está mucho más desarrollado en la película es el de la psique del hombre-lobo, quien tiene una personalidad mesiánica y cree estar ayudando a las personas a las que asesina. Al contrario del licántropo típico que se siente maldito y una amenaza para la sociedad, el de esta película se acepta como es y, aunque no le gusta aquello en lo que se ha convertido, tampoco siente que quiera detenerse. De hecho, el tercer acto de la película es una especie de juego del gato y el ratón entre el hombre-lobo y Marty. La identidad del licántropo quizá peca de obvia, pero cuando era niño me impactó. ¡Ah! Por cierto, ni en la novela ni en la película se explica claramente cómo fue que el hombre-lobo se convirtió en tal.
    La música es adecuada y el leit motiv de la canción tema de la película, una balada rock/pop titulada Joy Ride, escrita por Jay Chattaway e interpretada por Rob M. Mathes, es bastante pegajoso. Anécdota curiosa, el soundtrack de esta película fue una edición muy limitada en LP que rápidamente se convirtió en un objeto de auténtica colección.


    Así pues, Bala de plata quizá no es la mejor película de hombres lobo; pero tampoco es la peor ‒según yo, ese honor le corresponde a la inmunda Hombres lobo (Skinwalkers, Isaac, 2006)‒. Quizá sólo es algo impopular, por razones ajenas a mi entendimiento. El crítico de cine Roger Ebert la nombró la peor adaptación de una novela de Stephen King... pero él no vivió para ver el remake de Carrie (Pierce, 2013) o, quizá intencionalmente, olvidó las versiones para TV de El resplandor (1997) y Carrie (Carson, 2002) que, de hecho, son malas porque se apegan demasiado al texto original. Quizá de lo que sí abusa Bala de plata es de los clichés kingianos que ya conocemos hasta el cansancio, de hecho, más en la peli que en el libro; pero en absoluto tengo empacho en decir que sí le guardo cariño a esta cinta cuyo visionado es bastante satisfactorio o, por lo menos, divertido.


    ¡Ah! Y en la novela original, publicada en inglés por Signet, uno de los principales atractivos son las 36 espectaculares láminas ilustradas por el artista del cómic gótico Berni Wrightson, cuyos créditos incluyen la primera serie de Swamp Thing ‒personaje que creó al alimón con el escritor Len Wein‒ y la maravillosa edición ilustrada de Frankenstein de Mary Shelley, publicada originalmente por Marvel y actualmente por Dark Horse. Por desgracia, en la edición en español publicada por DeBolsillo, las 12 láminas a color, que son casi todas magníficas ilustraciones del hombre-lobo, fueron retiradas. Además, la traducción deja que desear.



PARA LA TRIVIA: Gary Busey se sentía muy identificado con su personaje y realizó todos sus stunts e improvisó la mayoría de sus parlamentos. Los realizadores no estaban muy convencidos con la forma de trabajar de Busey; pero cuando Stepehn King, quien estuvo para la realización de varias escenas, le dio su aprobación, no tuvieron otra opción que dejarlo ser.

Guión
1
Dirección
1
Actuación
2
Fotografía
1
Música
1
TOTAL
6



No hay comentarios.:

Publicar un comentario