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sábado, 30 de julio de 2016

FE DE ERRATAS:
En mi crítica a La leyenda de Tarzán afirmé que Edgar Rice Burroughs había escrito el crossover de Tarzan y John Carter; sin embargo, no fue así. El texto de Tarzán en Marte existe de facto, aunque se ha convertido en una especie de leyenda urbana entre los fanáticos. Hasta donde se sabe, fue un manuscrito apócrifo, firmado por un tal John Bloodstone (seudónimo de Stuart J. Byrne) y publicado en limitadas copias piratas en la década de los 60, de las cuales apenas si sobrevive alguna. Empero, la idea ha sido retomada por varios cómics y la línea de figuras de acción Tarzán: las aventuras épicas producida en 1995 por Trendmasters.
    El crossover que sí fue escrito de puño y letra de Burroughs fue Tarzán en el centro de la Tierra (1930), novela en la que Lord Graystoke vive emocionantes aventuras en las junglas prehistóricas subterráneas y la ciudad de Pellucidar que aparecieran por primera vez en la novela En el corazón de la Tierra (1922), también de Burroughs.
    Así pues, el error es mío y la información que ahora uso para corregirlo la tomo de BURROUGHS, Edgar Rice, Tarzan of the Apes, The Library of America, New York 2012; y del artículo escrito por John Allen Small en el sitio www.erbzine.com

martes, 26 de julio de 2016

LA LEYENDA DE TARZÁN. Una apología al colonialismo en la época de la corrección política.


LA LEYENDA DE TARZÁN
The Legend of Tarzan

David Yates, 2016

En octubre de 1912 se publicó por primera vez la novela Tarzan of the Apes. Su autor, el estadounidense Edgar Rice Burroughs (1875-1950), concibió el texto como una forma fácil de ganar dinero luego de haber pasado varios años en empleos mediocres con salarios bajos. Burroughs no sólo escribió una serie de veinticuatro secuelas ‒algunas publicadas de manera póstuma‒; sino que se las arregló para vender licencias de su personaje que incluyeron prácticamente todos los medios: cómics, radionovelas, seriales cinematográficos, juguetes y una nutrida lista de etcéteras cuyas ganancias le dieron el capital suficiente para comprarse un rancho en las afueras de Los Ángeles al que llamó Tarzana.


    La novela como tal fue muy criticada en su época por su escaso valor literario, su argumento pobre y la aún más pobre retórica de Burroughs, así como sus situaciones inverosímiles y huecos argumentales. A pesar de todo esto, el libro rápidamente se convirtió en un Best Seller y un clásico de la literatura juvenil estadounidense.
    ¿Y a dónde quiero llegar con esta introducción? Bueno, pues a que el nombre de Tarzán no está precisamente ligado al concepto de calidad desde su fuente primaria. En ese sentido, esta película no fue una decepción.


    La cinta cuenta la historia de John Clayton III (Alexander Skarsgård, a quien seguro recuerdan como el vampiro Eric Northman en True Blood [2008-2014]), otrora conocido como Tarzán, quien vive la vida de un aristócrata inglés tras haber reclamado su título como Lord Graystoke y desposado a Jane Porter (Margot Robbie). Cuando la invasión belga al Congo deja en bancarrota al rey Leopoldo I, éste envía a un agente especial, el malvado Leon Rom (Christoph Waltz, porque alguien tenía que actuar en esta película), para que salve la empresa. El plan de Rom es convertir a todas las tribus del Congo en esclavos para obtener mano de obra barata. Para este propósito, se alía con el rey Mbonga (Djimon Hounsou) quien, a cambio de la ayuda de sus guerreros, le pide que le entregue a su enemigo jurado, Tarzán. John Clayton caerá en la trampa de Rom y viajará al Congo acompañado del diplomático estadounidense y vis comica George Washington Williams (Samuel L. Jackson).
    Por principio de cuentas hay que aclarar algo: esta película no narra la historia de Tarzán. Según parece, ésa ya quedó bastante contada en la clásica Greystoke: la leyenda de Tarzán (Hudson, 1984) o en la versión de Disney (Buck y Lima, 1999), y a los realizadores de esta cinta les pareció poco interesante para contar... supongo.


    Sí hay unos cuantos flashbacks sobre cómo el clan de simios adopta al pequeño Tarzán y de cómo éste se ganó su lugar dentro de la tribu. También hay flashbacks de cómo Tarzán conoció a Jane. Todo esto tomándose bastantes licencias con respecto al texto original, pero cumpliendo con su cometido de plantear quiénes son los personajes, cuáles son sus relaciones, explicar un poco por qué son como son y dejarnos con ganas de más... porque la verdad, aunque esté más choteada, uno como que sí quería ir a ver la historia del origen de Tarzán.
    En ese sentido, la historia es bastante simple... y, aun así, se siente innecesariamente complicada. Como si el argumento central fuera demasiado sencillo y la narrativa fuera rebuscada para que la película no parezca una tomada de pelo monumental...


    En general, las actuaciones son sosas y poco brillantes. Skarsgård difícilmente gesticula, Jackson está en su eterno papel del negro sarcástico y Hounsou, que en alguna época fuera un gran actor, parece haber entendido que ser el villano de la película era poner cara de “ah, qué encabroando estoy” todo el tiempo. 
    Se salva el genial Christoph Waltz, cuyo carisma e interpretación sobresalen del resto, aun cuando el personaje que hace es básicamente una copia edulcorada del que lo lanzara a la fama, el Cnel. Hans Landa en Bastardos sin gloria (Tarantino, 2009). Por cierto, ¿alguien sabe si la acción de Rom de acomodar los cubiertos sobre el plato de Jane fue improvisada por el actor? Porque posee esa genialidad y frescura de un actor que se está divirtiendo con lo que hace... aunque, por otro lado, si me di cuenta de que lo improvisó, entonces algo salió mal. Y también la Robbie, a quien todos esperamos ver como Harley Quinn, tiene ciertos momentos de brillo como una Jane que es una damisela en peligro, pero no está desamparada en absoluto.


    De hecho, la interpretación de Robbie es tan competente que logra compensar la pobre caracterización del personaje, que incluye el horrible color de cabello que le pusieron ‒eso ni es rubio ni es castaño, es como amarillo Playmobil‒ y su vestido de una época indeterminada pero que realmente no termina de encajar en el siglo XIX.
     Y después viene lo peor de la película: Los efectos especiales ¡Oh, por Cthulhu! ¿Es neta, Warner Bros.? ¿De verdad éstos son tus efectos CGI para una película de alto presupuesto encaminada a ser franquicia? ¡Los gráficos de la WiiU se ven mejor y eso ya es mucho decir! Todo se ve completamente falso en esta cinta ‒además del cabello de Jane‒.


     Digo, estoy perfectamente al tanto de que los simios que criaron a Tarzán son una especie ficticia ‒esto viene desde la novela de Burroughs, en la que se refiere a ellos como primos cercanos de los gorilas, sólo que más grandes y más inteligentes‒ y que por lo tanto no tienen que verse absolutamente realistas; pero no mamen. Los gorilas de Congo (Marshall, 1995) también son ficticios y se ven mejor que los de esta cinta... y ya saben cómo se veían los gorilas de Congo.
    No sólo los animales se ven terribles, sino que fueron tratados con increíble poca atención a los detalles. ¿O fui el único que notó que los elefantes que cruzan la jungla son pigmeos? Digo, porque se supone que son elefantes africanos, pero se ven como del tamaño de elefantes asiáticos... parece que alguien no hizo la tarea de ir al zoológico.


    Y para rematar, están los escenarios virtuales. Grandes cosas pueden lograrse con los escenarios virtuales, y la creación de mundos tan vastos y asombrosos cuyo único límite es la imaginación es una realidad al alcance de la mano de cualquier cineasta... siempre y cuando se haga bien. Por desgracia, en La leyenda de Tarzán lo hacen con las patas. De verdad, la secuencia en la que Tarzán y los aborígenes corren por las ramas de los árboles para alcanzar el tren se ve horrible. Éstos deben ser los peores escenarios digitales que he visto desde Star Wars Episodio II: El ataque de los clones (Lucas, 2002)... ¡Pero eso fue hace casi quince años!
    Como sea, la película entretiene y me hizo reír mucho. Aunque no sé si esa fue la intención de los realizadores al hacerla. Es una cinta apenas palomera cuyo mayor mérito es explotar el físico de Skarsgård y de verdad, no pasa de ahí, quien espere más que eso merecerá la decepción. De cualquier modo, muy probablemente Burroughs, quien escribió el crossover entre sus dos personajes más famosos, Tarzán y John Carter, en el que el Rey de los Simios va a Marte, hubiera aprobado esta cinta sin demasiado recelo. Y creo que lo más genial de toda la película fue el chiste que hacen sobre el grito de Tarzán.  


PARA LA TRIVIA: Edgar Rice Burroughs menciona muchas veces en la novela el llamado de Tarzán y es un elemento importante en los nudos climáticos de la historia, aunque nunca describe específicamente cómo suena. Aunque hubo otros antes, el grito clásico de Tarzán ‒sí, ése que finísimas personas ponen en el claxon de sus autos‒ se atribuye oficialmente al actor Johnny Weissmuller en su interpretación del personaje para la película Tarzán de los monos (Dyke, 1932). Sin embargo, la historia sobre el verdadero origen del grito está envuelta en misterio, siendo la versión más aceptada la de que en realidad fue el cantante de ópera Lloyd Thomas Leech quien grabara originalmente el grito para Metro-Goldwin-Meyer.

Guión
0
Dirección
1
Actuación
1
Fotografía
0
Música
1
TOTAL
3






martes, 19 de julio de 2016

UN HOMBRE LOBO AMERICANO EN LONDRES. Fresco como un cachorro a sus 35 años.


UN HOMBRE LOBO AMERICANO EN LONDRES
An American Werewolf in London

John Landis, 1981

Aquéllos quienes hayan vivido la década de los 80, al menos una parte como yo, recordarán el monstruo de moda por aquellos días: el hombre lobo. Los licántropos fueron toda una moda en el cine durante la primera mitad de la década e incluso hacia su final aún gozaban de cierta popularidad. Pero esta boga no surgió de manera espontánea. Hubo dos películas que, con su tecnología de avanzada ‒para la época, claro‒ en el campo de los efectos de maquillaje, lograron crear algunas de las escenas más increíbles de metamorfosis en la pantalla grande. La primera cinta, basada en la novela de Gary Brandner, es El aullido (Dante, 1981). La segunda, fue Un hombre lobo americano en Londres y, de hecho, la categoría de Mejor Maquillaje en los Premios de la Academia fue creada básicamente para reconocer a esta película.
    El argumento es de lo más simple: Dos jóvenes turistas americanos que viajan de mochilazo se ven en la necesidad de recorrer a pie la campiña inglesa en una noche de luna llena, cuando son atacados por un hombre lobo. Jack (Griffin Dunne) muere destazado por la bestia; pero David (David Naughton) sobrevive. Luego de una larga estadía en un hospital, en el que se enamorará de la enfermera Alex Price (Jenny Agutter), llena de noches intranquilas plagadas de aterradoras y extrañas pesadillas, David descubrirá que le han transmitido la maldición del hombre lobo. También descubrirá que las personas que mueren asesinadas por un licántropo se convierten en almas en pena que no pueden descansar hasta que el monstruo muera. Las opciones de David comienzan a agotarse y la legión de muertos vivientes que lo acosa se nutre cada vez más, ¿podrá el pobre David librarse de la maldición antes de que mate a la mujer que ama?


    Creo que sólo puedo definir esta película como “extraña”. Muchos dicen que se trata de una comedia negra con toda la intención de serlo. Otros dicen que se trata de una película de horror que funcionó mejor como una comedia. Yo no estoy completamente de acuerdo ni con una ni con otra postura. Considero que se trata de una película de horror, impregnada de un sentido del humor macabro y retorcido, y que formalmente resulta ser una tragedia.
    Hay secuencias que claramente buscan ser terroríficas y lo logran, como la escena de la pesadilla en la que la familia de David es masacrada ‒aunque nunca me quedó claro qué onda con los nazis‒, o la escena del ataque en el metro, o la escena misma de la transformación del licántropo. Mientras que otras, como aquélla en la que David amanece desnudo en el zoológico, la escena del cine porno en Picadilly Circus o las diferentes apariciones de un cínico Jack muerto-viviente en diferentes estados de descomposición, están más inclinadas a buscar las risas.


    Y por supuesto, el elemento más cómico de todos es el soundtrack. La banda sonora de la película está conformada por canciones populares, todas relacionadas con la luna. Así pues, la cinta abre con Bad Moon Rising de Creedence Clear Water Revival; en la escena de la transformación se escucha la versión de Sam Cooke de Blue Moon y la cinta cierra en medio de la tragedia con Blue Moon pero en la hilarante versión de los Marcels. Ah, y por cierto, como chiste local, la locación del exterior de la casa de Alex se filmó en Lupus Street.
    La idea de tan pintoresca selección musical es la de crear contrapunto entre lo que se ve en pantalla y lo que se escucha. Así, las escenas terroríficas o trágicas tienen canciones alegres para acompañarlas y se ven más impactantes. Un recurso muy viejo, pero muy efectivo cuando está bien utilizado.


    Y ya que hablamos de la escena de la transformación, ésta se convirtió en un hito del cine. Sí, ya habíamos visto muchas veces personas transformarse en lobos en películas anteriores, pero nunca así. Los esfuerzos de maquillaje, efectos especiales y efectos físicos, y la utilización de nuevos materiales por parte del equipo liderado por el genio del maquillaje, Rick Baker, da como resultado una secuencia que prácticamente fundó un género.
    Quiero decir que fue por esta escena por la que se pusieron de moda las películas de hombres lobo en esa época. Sí, ya habíamos visto una transformación en la mencionada El aullido; pero no era tan larga ni tan explícita. Uno veía estas películas por ver las transformaciones ‒hablando de lo cual, les recomiendo que chequen En compañía de lobos (Jordan, 1984), tiene una transformación muy loca‒. Tristemente, ésta es también la razón de que el subgénero de los licántropos no sobreviviera a la década de los 90, cuando comenzó a abusarse de los efectos digitales, pues nunca lograron que una transformación de hombres lobo se viera bien en CGI.


    El aspecto final del monstruo siempre me ha gustado. Se ve como un lobo, sólo que gigantesco y demoniaco, y según lo dicen en el detrás de cámaras, fue una gran controversia en el diseño si debían darle una forma más humanoide o si debía conservar un aspecto más canino. Según se sabe, Rick Baker basó la apariencia del monstruo en su propio perro, Bosko. Finalmente, optaron por lo último y el resultado es bastante bueno. Aunque francamente, quizá es el elemento de la película que más ha envejecido; pero es emocionante ver a ese mastín del infierno haciendo volar cabezas de policías en Piccadilly Circus.
    Y así como la mayoría de las escenas son geniales, tengo que admitir que hay otras que a uno lo dejan rascándose la cabeza. Como la de la regadera, que probablemente sea una de las escenas gratuitas de sexo más descaradas en la historia del cine. La gratuidad del enamoramiento entre Alex y David se puede entender por el Síndrome de Florence Nightingale ¡Pero a estos chavos el jugueteo previo no les toma ni un corte de edición!


    El guión es bueno a secas y toma como principal fuente El hombre lobo (Waggner, 1941), del ciclo clásico de monstruos de Universal Pictures. En general, los diálogos son ingeniosos ‒nuevamente, me encantan las escenas de Jack‒ y la historia se cuenta bien. Los ataques del hombre lobo son cada vez más y más horribles, y la desesperación de David lo lleva al borde de la locura, y uno como espectador no puede más que sentirse mal por el pobre tipo. Hasta culpa me llega cuando me río en la escena en la que provoca a un policía en Trafalgar Square para que lo arreste.
    Un hombre lobo americano en Londres es un clásico y un icono de su época. Quizá, después de la muerte del subgénero de licántropos, se encuentra menos presente en el imaginario actual del cine de horror; pero la simple mención de su título es suficiente para iniciar conversaciones. Su legado se compone principalmente de toneladas de merchandising y de una retahíla de películas de hombres lobo a lo largo de la década de los 80, desde cosas profundas como la mencionada En compañía de lobos hasta las francas parodias, como el remake de Hombre lobo adolescente (Daniel, 1985), la divertida Mi mamá es un lobo (Fischa, 1989) o algo mixto como la serie de TV La mujer lobo de Londres (1990).


     También cabe mencionar que Michael Jackson quedó tan impresionado con esta película, que se empeñó en contratar a Landis para que dirigiera su videoclip Thriller. El director llevó a todose equipo: Rick Baker en los efectos de maquillaje, en la dirección y Rick Baker en los efectos especiales fue el encargado de darle vida a esa obra maestra del videoclip que fue Thriller y que convirtió a Michael Jackson en el Rey del Pop.
    Y sí, también hubo una secuela... ¿o es una parodia? Quiero decir, ¿qué rayos es esta mierda? Bueno, a nivel argumental cuenta la historia de la hija de David, pero no sé si el que sea tan chafa es intencional. No estoy seguro, pero Un hombre lobo americano en París (Waller, 1997) es tan pero tan mala que muchos son quienes le achacan haberle dado el tiro de gracia al cine de licántropos.


PARA LA TRIVIA: Ya no se hacen películas como ésta. En una entrevista en 2007, el actor Griffin Dunne declaró que cuando se estrenó la película le preocupaba que su madre, que estaba enferma, no pudiera ver la película. Del mismo modo, Landis comentó alguna vez que cuando revisó el transfer de la película a HD ‒para la edición en DVD‒ se sintió impresionado de que la película fuera tan sangrienta.   

Guión
1
Dirección
2
Actuación
1
Fotografía
1
Música
1
Punto extra por logros en Efectos especiales
1
TOTAL
7